Entre pandemónium y psicofonía

Entre pandemónium y psicofonía

Ahora que tanto se debate sobre el futuro del disco (al menos, en su formato físico), y muy especialmente del disco relacionado con la música llamada “clásica”, sería bueno recordar cómo comenzó todo. Fue gracias a Thomas Edison, quien en la década de los 70 del siglo XIX, inventó un dispositivo al que bautizó como fonógrafo, capaz de grabar y reproducir sonidos. El invento pasó a llamarse gramófono cuando quedó registrado como marca en el Reino Unido, en 1887. Esta es episodio bien conocido, claro; lo que quizá no sea tan conocido es cómo y cuál fue la primera grabación musical en una sala de conciertos, más allá de las pruebas caseras que había realizado Edison (entre ellas, una pieza para piano y corneta de Arthur Sullivan). Ese privilegio le cupo, cómo no, al único compositor que en ningún momento, ni en vida ni en muerte, ha caído en el olvido: George Frideric Handel (según la grafía de su nombre y apellido que él mismo adoptó cuando se naturalizo inglés) o Georg Friedrich Händel (según la grafía alemana del momento).

Fue un 29 de junio de 1888, en el Crystal Palace de Londres, edificio de hierro fundido y cristal construido en Hyde Park con motivo de la Gran Exposición Mundial de 1851 (aunque, tras la celebración de esta, el Crystal Palace fue trasladado en 1854 a un distrito contiguo del sur de Londres, donde permaneció hasta finales de 1936, cuando quedó destruido por un incendio). Es curioso, porque solo un año antes de esa primera grabación mundial realizada por el fonógrafo de Edison, se había erigido en Madrid, en el Parque del Retiro, otro Palacio de Cristal, inspirado en el londinense, con ocasión de la Exposición de las Islas Filipinas de 1887.

Lo que se registró aquel 29 de junio de 1888 fue un extracto (en concreto, un coro) del oratorio Israel en Egipto, obra estrenada por el propio Handel en el King’s Theatre de Haymarket el 4 de abril de 1739. Israel en Egipto no fue bien recibido por el público londinense en su momento, lo que determinó que para su segunda representación Handel lo acortara e incluyera arias italianas en un intento de aligerar el ambiente. Jamás fue una obra popular, por lo que constituye un enigma el porqué fue elegido para aquella primera grabación de la Historia. Quizá tuvo que ver el hecho de que solo unos meses más tarde se iba a conmemorar el 150º de su estreno.

El responsable de tal elección fue un militar, el coronel George Edward Goraud (y no Gouraud o Gourand, como aparece en otras fuentes), agente de ventas extranjeras de Edison. Goraud era un héroe de la Guerra de Secesión de los Estados Unidos, distinguido con la Medalla del Honor por su valentía al frente del Tercero de Caballería Voluntaria de Nueva York. Él fue quien introdujo aquel invento en el Reino Unido. Su padre había sido un ingeniero francés, François Fauvel Goraud, quien, a su vez, había introducido en los Estados Unidos la tecnología de daguerrotipos para fotografía. El coronel Goraud se había instalado en Londres a instancias del magnate ferroviario William Jackson Palmer, con el fin de comercializar allí el sistema telegráfico Edison, Goraud y Edison se conocieron personalmente en 1874, cuando el inventor viajó hasta Inglaterra para hacer una demostración práctica de su aparato en la Oficina de Correos Británica.

El Israel en Egipto del Crystal Palace estuvo dirigido por el alemán August Manns (1825-1907), quien había hecho prácticamente toda su carrera en Inglaterra (curiosa coincidencia con Handel), después de haber estado al frente de varias bandas militares en su tierra natal. Nombrado director musical del Crystal Palace, consiguió convertir lo que era una simple banda en una verdadera orquesta sinfónica. Estuvo en el cargo mas de cuarenta años, dando a conocer en sus conciertos a un notable de jóvenes compositores, como el antes mencionado Sullivan, además de Stanford, Parry o el mismísimo Elgar. Se calcula que, a lo largo de aquellos 42 años, Manns llegó a ofrecer más de doce mil conciertos. Obtuvo la ciudadanía británica en 1894 y fue nombrado caballero en 1903.

La interpretación del Israel en Egipto de Manns debió de ser un auténtico pandemónium, pues algunas fuentes mencionan que se trataba de un coro compuesto por “varios miles de personas”. Bastante más prudente en el cálculo, Christophers Hogwood habla, en su biografía sobre Handel, de un coro de “mil intérpretes”. El aquelarre quedó registrado en un cilindro de parafina amarilla que se conserva en el Museo Edison de Nueva York, junto al fonógrafo utilizado en dicha ocasión. Las limitaciones de la tecnología de grabación de la época, unidas a la sobreabundancia de voces, la distancia entre el coro y el lugar donde se había situado el fonógrafo, y la lamentable acústica que debía de tener el Crystal Palace hicieron que el sonido fuera ya muy tenue desde el principio. El paso del tiempo, con la lógica degradación de la parafina, no ha hecho sino empeorar la calidad. Lo que sobrevive es más propio de una psicofonía paranormal que de una grabación de música, aunque sirve para comprender las aberrantes prácticas interpretativas de la música barroca que se estilaban a finales del siglo XIX.

Quizá en otra ocasión dediquemos un capítulo a dilucidar si esta se puede considerar realmente la primera grabación musical de la Historia. Hay quienes otorgan tal honor a Edouard-Leon Scott de Martinville, inventor en 1857 del fonoautógrafo. Scott de Martinville dejaría, tres años más tarde, un audio registrado con un invento, descubierto hace poco. Pero eso sería tanto como discutirle a Edison el haber sido el inventor del sonido grabado.