Elina Garanca: Ventana al alma

Elina Garanca: Ventana al alma

Inteligente, guapa, simpática, culta, más lista que el hambre y, encima, canta como los ángeles y habla español casi casi como usted y quien esto escribe. Es Elina Garanca (Riga, 1976), la gran mezzosoprano letona que se rifan los mejores teatros y auditorios desde hace un par de décadas. Su carrera, jalonada de éxitos, hallazgos y novedades, y firmemente asentada en la cima de la lírica internacional, recala ahora en una grabación llamada a convertirse en referencia, centrada en el ciclo Frauenliebe und Leben (Amor y vida de mujer) de Robert Schumann, y completada con una cuidada selección de lieder de Brahms, siempre acompañada por el piano cómplice de Malcolm Martineau.

Cara y cruz. Blanco y negro. Este romántico recital Schumann-Brahms llega tras su luminoso disco Sol y vida, con canciones populares de España, América Latina e Italia. Usted ha dicho más de una vez que “ama los contrastes”. ¿Tiene algo en común el mundo mediterráneo con el intenso universo romántico centroeuropeo?

A primera vista, el mundo centroeuropeo y el mediterráneo pueden parecer muy diferentes, incluso antagónicos. A pesar de los muchos contrastes entre ambos universos, que tanto disfruto y aprecio, diría que la más importante característica común —pero en absoluto la única— es la calidez. El calor: cómo lo sientes, cómo lo expresas, cómo lo utilizas… Las regiones mediterráneas y del sur, en mi opinión, manejan y controlan la calidez a nivel externo: todo es más extravagante, expresivo y chispeante, mientras que en Europa Central la calidez viene de adentro, se controla internamente: puede llevar más tiempo hacer el fuego, pero luego arde y arde…, y yo no diría que con menor intensidad que en las regiones del sur. El calor puede ofrecer el consuelo buscado a todos los que lo rodean. Y exactamente el mismo sentimiento se puede traducir en música.

Este nuevo disco supone, además, su primera incursión discográfica en el mundo desnudo y descarnado del lied. ¿Hay que esperar a la madurez para adentrarse en este universo recóndito?

La belleza del lied es que no debe explorarse en la superficie, o expandirse a horizontes lejanos como la ópera, sino sumergirse y descubrir su profundidad, encontrar su núcleo, a veces banal pero veraz y con significados profundos despojados de todo brillo. Si el lied está aquí para transmitir el mensaje, una vivencia concreta, un sentimiento específico, entonces cuanto más maduro sea el cantante, más fácil será transmitir su mensaje a la audiencia. La experiencia de vida y la madurez pueden ser sin duda una herramienta muy útil al explorar los polícromos horizontes del lied.

Para una cantante tan versátil como usted, que se mueve con similar soltura tanto en el repertorio lírico italiano, francés, alemán e, incluso, español, como también en la canción italiana o española, ¿qué supone adentrarse en el mundo desnudo, intimista y camerístico del lied, arropada únicamente por el piano?

El lied puede parecerse un poco a un bikini: lo que está expuesto es interesante, pero la parte que está oculta es crucial. Es encontrarme conmigo mismo, mirarme en mi espejo interior. Ser lo suficientemente valiente para ser vulnerable y ofrecer a la audiencia fragmentos de mi vida sin miedo a ser juzgada. Es como abrir una ventana a mi alma y dejar que la gente mire las piezas internas de mi alegría, dolor, preocupaciones, esperanzas, compasión y amor. Entonces, cuando escuchas con atención, es posible que aprendas mucho sobre mí, sobre lo más recóndito de mí.

Usted es maravillosamente políglota. Aunque su lengua materna es el letón, habla con fluidez alemán, francés, inglés, italiano, ruso y, por supuesto, español, idioma en el que hacemos esta entrevista. ¿Hasta qué punto es determinante el sentido de la palabra, del texto, a la hora de expresar la música de un lied?

Un hombre sabio dijo una vez: “Tener otro idioma es poseer una segunda alma”. Tuve la suerte de conocer muchos idiomas diferentes en mi vida. Lo que más disfruté fue aprender los sutiles matices, el fluir y por ende la forma de pensar de cada nacionalidad. En el lied, el texto y la música son inseparables, con un límite borroso y muy fino entre ellos, donde la música lleva al texto y, a veces, el texto lleva a la música. Leer entre líneas, comprender las expresiones idiomáticas, lingüística y musicalmente, es absolutamente esencial para descubrir las pequeñas joyas que los compositores han escondido entre sílabas y armonías. (…)

En este disco usted ‘hermana’ dos compositores que siempre han estado muy ligados: Brahms y su admirado Schumann. Desde el punto de vista liederístico, ¿cuáles son sus coincidencias y cuáles sus divergencias?

Para mí, la voz en Schumann es como una barca sobre un río, mientras que en Brahms la voz es el propio río. Sería interesante echar un vistazo a sus obras si nunca se hubieran conocido entre ellos. ¡Y Clara! ¡Qué rompecabezas tan romántico! ¡Cuánto amo los rompecabezas! En la obra de Schumann, escrita en sus abruptas fases creativas, se puede escuchar el eco del pasado (musical) donde Brahms, dominando sus demonios internos y su caos emocional con una disciplina abrumadora, anticipa el futuro musical. En cierto modo, están en los extremos opuestos del espectro, Schumann con sus armonías aireadas, simbiosis fantástica del texto y la melodía, mientras que Brahms no tiene miedo de tocar la oscuridad y reírse de ella. ¡Los adoro a ambos!, pero le confieso que Brahms ocupa un lugar aún ‘más especial’ en mi panteón personal. (…)

[Foto: Christoph Köstlin / DG ]

(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 367 de Scherzo, de noviembre de 2020)