El violonchelo de Martinu por Johannes Moser

MARTINU:
Sonatas para violonchelo H 277, H 286, H 340. Johannes Moser, violonchelo. Andrei Korobeinikov, piano. PENTATONE (1 CD)
¿Fue el violonchelo el instrumento favorito del compositor checo Bohuslav Martinu (1890-1959)? Estas tres sonatas reinan en el repertorio camerístico de este músico prolífico y exigente; emigrante y apegado a su tierra. Y brillan en medio de una producción camerística y concertante en la que el violonchelo es el rey. Junto a los dos conciertos, estas sonatas plenamente tonales, o plenamente diatónicas, brillan en el haber de un compositor que compuso, por ejemplo, seis imprescindibles sinfonías. El esquema de las tres es: tres movimientos, con uno lento lírico, o cantábile, o en cualquier caso muy bello; y unos movimientos animados, pero solo la primera (H 277, 1939) concluye con deliberado ímpetu. Las dos primeras son obras de tiempos amargos, antes de la huida, forzada por la guerra relámpago (Martinu era súbdito del III Reich, tras la invasión de Checoslovaquia) y durante el exilio en Estados Unidos; la tercera es del regreso a Europa, cuando comprende que no debe volver a su país, el del proceso Slánsky.
Otra cosa es la interpretación de estas tres espléndidas obras camerísticas. Moser, junto con Korobeinikov, se muestra cercano al ideal, en especial en lo cantábile. La rica musicalidad que desprende el recital de estos dos magníficos artistas se desenvuelve en cada movimiento, pero uno se queda, sobre todo, con los movimientos centrales, más o menos lentos. El Largo de la Segunda sonata, H 286 (1941) te enajena el aliento en su irresistible suspense, en su tensa lentitud. El Poco allegro de la Primera ya prepara el Lento central, y aquí el recital alcanza una auténtica culminación. Con la Sonata H 340, y en especial con el Andante recogido y el Finale clasicista, Moser y Korobeikinov cierran con altura artística un muy excelente recital.
Santiago Martín Bermúdez


