‘El mar traicionado’: Mishima según Henze

‘El mar traicionado’: Mishima según Henze

HANS WERNER HENZE: Das verratene Meer (El mar traicionado) / Bo Skovhus, Vera-Lotte Boecker, Josh Lovell. Orchester der Wiener Staatsoper. Dir.: Simone Young (Capriccio)

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Existe en el mundo de la música una ley no escrita según la cual la música de un compositor dejará de interpretarse durante los diez años posteriores a su muerte. Este silencio es sin duda cierto en el caso de Henze, que murió en 2012 y de quien apenas se ha escuchado algo desde entonces. Una puesta en escena de la Ópera de Viena de su ópera de 1990 basada en El marinero que perdió la gracia del mar, la potente novela de Yukio Mishima, parecía destinada a romper el silencio el año pasado, pero el proyecto se vio frustrado por el estallido de la Covid-19. La producción vienesa incorporaba una profunda e imaginativa revisión tras el rotundo fracaso cosechado por la ópera en su estreno en Berlín en 1990.

Criados ambos bajo un régimen fascista, Henze y Mishima tenían mucho en común. Mishima continuó siendo un agitador de extrema derecha, y se hizo el harakiri en 1970 en protesta por la situación política del Japón de posguerra. Henze se unió a la extrema izquierda, abandonó Alemania, abrazó a Fidel Castro y proclamó la liberación gay. Sus personales anhelos marítimos se expresaron en una devoción por el Festival de Aldeburgh de Britten. El comienzo orquestal de El mar traicionado casi podría confundirse con Peter Grimes, si no fuera por las corrientes submarinas tan bergianas. Sin embargo, estos son sólo ingredientes. El tapiz sonoro que emerge a la superficie es puro Henze, anclado en el vaivén alemán del siglo XX entre la tonalidad y la atonalidad.

El argumento tiene algo de Madama Butterfly, salvo que aquí todos los personajes son japoneses. Tsukazaki es un capitán de barco que se enamora de una joven y rica viuda de guerra, Fusako. El hijo de ésta, Noboru, de 13 años, se opone al matrimonio. Y tiene una banda. La cosa no puede acabar bien.

El reparto de la grabación es excepcional. Bo Skovhus es el capitán, Vera-Lotte Boecker la viuda, Josh Lovell el insoportable hijo. La Filarmónica de Viena produce una amplia gama de sonidos punteados, chasquidos y lamentos que jamás se enseñaron en el Musikverein. El lienzo acústico que emerge de todo ello resulta envolvente y está conducido con gran precisión dramática por una imponente Simone Young. En tanto que producto puramente sonoro, esta ópera me ha absorbido por completo. Ojalá algún día tenga la oportunidad de ver el espectáculo completo.