EL ESCORIAL / Encuentro con Farinelli

EL ESCORIAL / Encuentro con Farinelli

San Lorenzo de El Escorial, Teatro Auditorio, 7-VIII-2019: Yo, Farinelli, el capón, texto dramático de Manuel Gutiérrez Aragón sobre la novela de Jesús Ruiz Mantilla. Miguel Rellán, actor; Carlos Mena, contratenor. Forma Antiqva. Director: Aarón Zapico. Festival de Verano.

Hace 13 años el periodista cultural y escritor Jesús Ruiz Mantilla publicó en Aguilar una novela sobre el más famoso castrado de la historia. A raíz de la nueva publicación de la obra, ahora en Galaxia Gutenberg, el autor decidió darle un sesgo teatral y trasladarla a la escena. Su idea prosperó y a ella se acogieron una serie de personalidades del mundo de la cultura que entraron por último en la constitución del ambicioso proyecto: el director de cine y teatro y también escritor Manuel Gutiérrez Aragón, el actor Miguel Rellán, el contratenor Carlos Mena, el director y clavecinista Aarón Zapico y el grupo que comanda, Forma Antiqva… Todos ellos se han unido en este espectáculo de Teatro Musical Barroco, que ha contado para su exhibición con el apoyo de los Festivales de San Lorenzo de El Escorial y de Santander.

Ruiz Mantilla se empapó en su día de la historia del castrato (1705-1782) de Andria y ha sabido manejar con destreza, soltura y buena pluma su desenvolvimiento artístico  y personal, un poco a vista de pájaro naturalmente, pero con información suficiente para plasmar una imagen cabal del legendario cantor. Y Gutiérrez Aragón ha resumido, con buena mano y sutiles fogonazos, ese desarrollo vital y artístico, que se ofrece a nuestros ojos y oídos a lo largo de una hora y media aproximadamente. Rellán, Farinelli viejo, recuerda, en rápida síntesis, toda su trayectoria, que se brinda amena y con oportunos toques humorísticos. Y lo hace con una propiedad y una variedad de matices, acentos, tintes vocales sensacional; aunque su voz, la de un barítono lírico podríamos decir, no es precisamente la aflautada que probablemente tendría la del castrato al hablar.

Carlos Mena es Farinelli joven, aquel que le cantaba a Felipe V en sus noches de insomnio y melancolía. Su voz, tan personal, es la de un contratenor con timbre de mezzo o incluso de contralto, muy distinta a la que debía de tener Farinelli, seguramente más clara y aérea, más “femenina”, de más elevada sonoridad y de tesitura más aguda; por cuanto, como se sabe, tiene una procedencia distinta. Evidentemente, en algún caso, ha de cantar bajo de tono las arias con las que acunaba al monarca (recogidas parcialmente en esta representación), bien que en ciertos casos, los cambios de tono estaban previstos en otras copias de las partituras originales. Ofrece una exhibición en agilidades, fiato, gradaciones, haciendo gala de un poderoso, amplio, de tintes episódicamente baritonales, registro grave o modal y luciendo una extensión que seguramente abarcó en determinados momentos las dos octavas y media.

Su atavío dieciochesco, extraído tras el estudio de los diversos retratos del evirado, es de la autoría de la figurinista Micaela Whitton, que ha realizado una buena labor y que da pie a Mena a reproducir, seguramente tras un detenido estudio de las imágenes, las posturas y los gestos más adecuados, que casan con los de su “oponente”, Farinelli anciano. La presencia de los dos Farinelli juntos en muchos momentos de la representación plantea un sutil desdoblamiento de la personalidad: el presente y el pasado se dan la mano y en dos o tres ocasiones se miran y se enfrentan, en un especular giro que da que pensar y que unifica.

Ante nuestros ojos, y oídos, se desarrolla, pues esa rica y a veces contradictoria existencia, que nos sitúa, dando saltos en el tiempo, en la Andria natal, en Nápoles, en Viena, en Londres –donde el castrado se las vio con Haendel, que no lo apreciaba mucho- y finalmente en Madrid y las cercanas Aranjuez y La Granja. Todo nos lo cuenta un sembrado Rellán y lo anima la excelente música de Riccardo Broschi, hermano del cantor (Son qual nave che agitata de Artaserse), Hasse (Pallido il sole, Fortunate, passate mie pene y Per questo dolce amplesso de otro Artaserse, el de Hasse), Haendel (Cara sposa de Rinaldo) y Giacomelli (Quell’usignolo che innamorato de La Merope). Porque Ruiz Mantilla –y Gutiérrez Aragón- siguen lo que tantos historiadores de la época (Burney, por ejemplo) han consignado, aunque modernamente hay opiniones acerca de si esas serenatas nocturnas se llegaron a producir de verdad o es todo un mito; lo mismo en relación con la “expulsión” de España por parte de Carlos III. Daniel Martín Sáez es uno de los que hoy en día pone en tela de juicio todos esos hechos, que eran recogidos también de esa guisa en Farinelli, el castrato del Rey Felipe del llorado Gustavo Tambascio, estrenada en los Teatros del Canal en 2016.

Junto a las arias apuntadas figura en esta función la muy bella página anónima Tanta copia de hermosura, transcrita para la ocasión por Manuel Vilas, él mismo tañedor del arpa y que como todo el programa fue dirigida y recreada por la buena mano de Aarón Zapico, quien desde el clave puso todo en orden. A los fragmentos vocales mencionados se unieron con frecuencia otros muy de carácter instrumental, ofrecidos, como toda la música de la representación, con un cuidado exquisito y una extensa y bien medida paleta de colores y sutilísimas dinámicas. Lo que contribuyó, como es lógico, a la redondez del espectáculo, animado y sólo episódicamente moroso. Funcionaron casi siempre bien, con encaje muy preciso, las luces, organizadas y manejadas por Félix Carma. Como regidor y figurante –criado de Farinelli- actuó con eficacia, moviendo enseres, David La Virgen.

Un par de consideraciones para terminar. Por un lado, en esta versión, en aras de la brevedad, desaparece la figura de Fernando VI, al que también sirvió Farinelli tras la muerte de Felipe V. Por otro, al recrear el hecho parece que histórico que hace referencia al duelo que en su día mantuvo el cantor con un trompetista, al que venció en capacidad pulmonar, se comete una perdonable inexactitud, ya que el instrumento contrincante en este caso es una trompa; lo que evidentemente da más posibilidades a la voz de contratenor.