El compositor norteamericano George Crumb cumple 90 años

El compositor norteamericano George Crumb cumple 90 años

Ayer, 24 de octubre, cumplió 90 años el compositor norteamericano George Crumb (Charleston, 1929). Es una buena ocasión para homenajear a un autor que, pese a ganar el Premio Pulitzer en 1968 con su pieza Echoes of Time and the River, ha mantenido siempre una posición algo marginal dentro el establishment musical de su país. Más admirado por público e intérpretes que por la musicología oficial, Crumb ha edificado un catálogo fundamental al margen de las modas y las corrientes dominantes de la segunda mitad del siglo XX. Sus múltiples influencias (Debussy, Bartók, Messiaen, Webern, Cage, melodías populares, músicas orientales…) convergen en una obra a la vez moderna e intemporal.

En el universo musical de Crumb tiene un lugar destacado el elemento tímbrico, plasmado por medio de sonoridades de gran sugerencia y originalidad, que el compositor consigue a menudo a través de técnicas instrumentales no convencionales. Imposible no citar aquí su pieza Vox balenae (1971), donde los glissandi del violonchelo se inspiran en las articulaciones vocales de las ballenas. La poesía de Federico García Lorca tiene también una presencia importante en piezas clave de su producción como Ancient Voices of Children (1970). Otras de sus grandes referencias son las “músicas de la noche” de Bartók, cuyo eco se hace palpable en Music for a Summer Evening (1974), no en vano subtitulada como «Makrokosmos III».

No obstante, la pieza más emblemática de Crumb posiblemente sea Black Angels (1970), uno de los grandes cuartetos de cuerda de la segunda mitad del siglo XX. Inspirado en la Guerra del Vietnam, Black Angels es una de las más espectaculares manifestaciones del antibelicismo musical. El compositor recurre a todo su arsenal de efectos instrumentales para dibujar el horror del conflicto armado. El resultado es sorprendente: es como si el cuarteto de cuerda pasara por las manos de Francis Ford Coppola. Pistoletazos, bombazos, zumbidos de insectos como helicópteros, animan un mosaico sonoro alucinado en donde se mezclan citas de Dowland, Schubert y el Dies Irae.