De orquestas y maestros

El nombramiento de Kent Nagano como nuevo director titular de la Orquesta y Coro Nacionales de España a partir de septiembre de 2026 ha puesto de manifiesto cómo el Ministerio de Cultura se ha tomado en serio un asunto que no podía esperar so pena de que volviéramos a caer en dimes y diretes ya vividos. Podrá discutirse si el camino escogido —un director sobradamente consagrado— es preferible al de haber optado por un maestro en vías de crecimiento evidente —lo que sucedió en su día con David Afkham— y si es preferible el ansia de este modelo a la serenidad establecida del escogido. De lo que no cabe duda es de que Afkham ha hecho un trabajo sobresaliente y de que Nagano es un nombre incontestable por trayectoria y resultados. La madurez es un grado y cuando se maneja con inteligencia un haber indudable.
La OCNE ha hecho, pues, bien sus deberes. Antes que ella, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla nombró a Lucas Macías como su nuevo director a partir de la próxima temporada. Una elección que parece igualmente acertada, dada la creciente solidez de la carrera del onubense —quien dejará en septiembre su titularidad al frente de la Orquesta Ciudad de Granada— y que debiera terminar con los bandazos artísticos de una centuria sevillana que acabe finalmente por encontrar su lugar en el panorama nacional.
Terminábamos 2024 con la noticia de que James Gaffigan no renovará su contrato como director musical del Palau de les Arts que finiquita en agosto de este año. El neoyorquino ha hecho una estupenda labor en un momento especialmente delicado tras las dudas no resueltas que siguieron a la marcha de esa suerte de ficción casi incomprensible que supusieron las presencias en Valencia de Zubin Mehta y Lorin Maazel. Gaffigan significaba una realidad factible que partía de unas virtudes sólidamente acreditadas e igualmente compartidas con otra institución operística: la Komische Oper berlinesa. Su papel ha sido fundamental, como el del director artístico del Palau, Jesús Iglesias.
La Orquesta Sinfónica de Bilbao sigue sin nombrar titular tras la marcha de Erik Nielsen el pasado mes de agosto y con la sensación de que necesitara un impulso que la potencie en el panorama español en relación con otras formaciones más o menos recientes. Más abrupta fue la despedida de Andrés Salado de la Orquesta de Extremadura, teñida una vez más de esos aparentes desencuentros entre lo institucional y lo artístico, por decirlo suavemente, y que lastra demasiado a menudo el trabajo que toda actividad musical requiere. Ahí está el caso de Nuno Coelho en la OSPA, uno de los que calificó con un cero —junto con algunos de los propios profesores de la orquesta— a varios de los aspirantes que se presentaron a la oposición para consolidar plaza —quizá debiera haberlo explicado, que poder se puede— y a quien se le ha enseñado la puerta de salida para dentro de dos años. Por cierto, que, para que no haya dudas acerca de la profesionalización del asunto, es el director general de Acción Cultural y Normalización Lingüística quien ha asumido las labores de gerencia que recaían hasta su cese en Ana Mateo.
Es de esperar que no pase demasiado tiempo hasta que la Orquesta Sinfónica de Tenerife nombre también a su nuevo titular, un puesto que lleva vacante desde la salida del breve Antonio Méndez en 2021. No es una buena noticia para una de nuestras mejores orquestas que no acabe de resolverse una situación que influye sin duda en su trayectoria programadora. Por su parte, Roberto González Monjas se enfrenta a las dificultades administrativas del Consorcio de la Orquesta Sinfónica de Galicia y a la salida a la empresa privada de su gerente durante trece años, Andrés Lacasa. El caso de la OSG, una de nuestras mejores orquestas, puede ser paradigmático a la hora de valorar cómo se resuelven entre nosotros cuestiones económicas que afectan a la cultura, que atañen directamente a las administraciones públicas y en las que debiera participar también un mecenazgo consciente de su propia utilidad. Y ello pasa, hoy por hoy, por el acierto en la que debe ser cuidadosa designación de una nueva gerencia sobre la que habrá de recaer una parte importante de esa responsabilidad.
Queda para más adelante la sucesión de Josep Pons al frente del Gran Teatre del Liceu con cuya orquesta ha desarrollado una labor de recuperación de su competencia y su autoestima profesionales paralela a su nada sorprendente crecimiento artístico. Una tarea sólo comparable con la que llevó a cabo al frente de la OCNE, a la que salvó del precipicio cuando nadie daba un duro por ella.
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Cerrado ya este número de SCHERZO, y por ello no recogidas en nuestra edición en papel, se han producido dos importantes noticias que tienen que ver con este editorial: el estimulante nombramiento de Mark Elder como nuevo titular de la Orquesta de la Comunidad Valenciana y el sorprendente cese simultáneo de Robert Treviño como director artístico y Oriol Roig como director general de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. ¶
[Imagen superior: Kent Nagano al frente de la Orquesta y Coro Nacional de España, 2024.
Foto: Rafa Martín.]


