DRESDE / Éxito musical y escénico de ‘El amor de las tres naranjas’ de Prokofiev

Dresde. Semperoper. 7-XII-2024. Mauro Peter, Georg Zeppenfeld, Nadezhda Karyazina, Neven Crnic, Aaron Pegram, Alexandros Stavrakakis, Flurina Stucki, Michal Doron, Valerie Eickhoff, Jasmin Delfs, Taras Shtonda, Tilmann Rönnebeck, Georgina Fürstenberg, Gerald Hupach. Director musical: Erik Nielsen. Director de escena: Evgeny Titov. Prokofiev: El amor de las tres naranjas.
Con entusiasmo, el Príncipe celebra la “felicidad de las naranjas” tras su mágico encuentro con la encantadora princesa Ninetta, y felicidad es, sin duda, lo que despertó la nueva producción de El amor de las tres naranjas de Prokofiev en la Semperoper de Dresde. La dirección escénica, a cargo del ruso Evgeny Titov, rebosó agudeza satírica, imaginación desbordante y un humor chispeante, marcado por un ritmo vibrante.
Una parte esencial de su éxito radicó en la impactante escenografía diseñada por Wolfgang Menardi: una pirámide escalonada revestida de azulejos negros, que domina la escena como elemento central. Así da comienzo la obra, centrada en un melancólico príncipe que sólo podrá hallar cura mediante la risa. El tenor lírico Mauro Peter brilló en el papel del Príncipe, mostrando un dominio preciso del falsete. Con un llamativo pijama de seda estampado, el personaje asiste a una fiesta donde una disputa entre la bruja Fata Morgana y el mago Tschelio desata un accidente que provoca su risa, ejecutada con vivaces coloraturas staccato. Este arranque, sin embargo, tiene consecuencias, y la bruja lo condena a una maldición: enamorarse de tres naranjas.

El vestuario de Emma Ryott es original y extravagante, contribuyendo al carácter onírico de la producción. El Rey, interpretado con imponente y regia dignidad por el bajo Georg Zeppenfeld, evoca la estética de los cuentos de hadas gracias a su frondosa barba y corona dorada. Gerald Hupach encarnó al altanero maestro de ceremonias con monóculo, peluca empolvada y un traje barroco. Por su parte, Neven Crnić, como el ministro Leandro, se presentó con un sombrero de plumas negras que nos remite a Mefistófeles. Su personaje, cómplice de Clarissa, sobrina del Rey, conspira para evitar la cura del Príncipe. La mezzosoprano Nadezhda Karyazina aportó dramatismo y agilidad vocal al papel de Clarissa.
La búsqueda de las naranjas se desarrolla cargada de comicidad gracias a Truffaldino, interpretado virtuosamente por el tenor Aaron Pegram con un carácter que nos recuerda a la commedia dell’arte. Por su parte, el bajo Alexandros Stavrakakis, encarnó al poderoso mago Tschelio con aires de opereta al estilo de Offenbach. Flurina Stucki destacó como una feroz Fata Morgana, ataviada con un deslumbrante traje negro. La soprano suiza, en su debut en la casa, desplegó una voz expansiva y rica en matices dramáticos.

Entre los personajes secundarios destacó el demonio del viento Farfarello, que resultó inquietante en la voz de Tilmann Rönnebeck. El bajo Taras Shtonda, con su hilarante travestismo como la cocinera, añadió una dosis de humor grotesco, mientras las sopranos Michal Doron y Valerie Eickhoff aportaron ternura a las princesas Linetta y Nicoletta. La cristalina interpretación de Jasmin Delfs como Ninetta, la única princesa que sobrevive, brilló en un desenlace mágico en el que el caos es finalmente reparado por el mago Tschelio.
Bajo la batuta de Erik Nielsen, la Sächsische Staatskapelle Dresden dio vida a la colorida partitura de Prokofiev, equilibrando la densidad de la percusión con los delicados pasajes líricos. El Coro titular, dirigido por Jonathan Becker, volvió a demostrar su excelencia tanto vocal como escénica. La función inaugural, celebrada el 7 de diciembre, culminó con una ovación unánime por parte del público.
Bernd Hoppe


