DRESDE / ‘Benvenuto Cellini’, entre un aluvión de imágenes

Dresde, Semperoper. 10-VII-2024. Anton Rositskiy, Tuuli Takala, Stepánka Pucálková, Ante Jerkunica, Jérôme Boutillier, Tilmann Rönnebeck. Dirección musical: Giampaolo Bisanti. Dirección de escena: Barbora Horáková Joly. Berlioz: Benvenuto Cellini
Para su despedida de la Semperoper, el director artístico Peter Theiler ha elegido una obra exigente, la ópera semiseria Benvenuto Cellini, de Hector Berlioz, en la versión estrenada en el Teatro de la Corte de Weimar en 1852. En Dresde, la ópera se interpretó por primera vez en la Royal Court Opera en 1888 y, tras una última producción en 1929, desapareció por completo del repertorio. La directora de escena checo-suiza Barbora Horáková, junto con la escenógrafa Aida Leonor Guardia, avasalla al público con un exceso de imágenes y acciones, llevándole al borde del desconcierto e incluso del agotamiento. En esta producción, la acción dramática sobre el famoso escultor, que en la ópera se desarrolla a lo largo de tres días durante el Carnaval de Roma de 1532, se sitúa en la actualidad y retrata a Cellini como investigador en el campo de la inteligencia artificial y otras tecnologías modernas.
En consecuencia, la escena está abarrotada de videoclips de contenido tecnológico, que también incluyen momentos de la actualidad (como cuando el Papa es besado por Trump, Putin y Macron, por ejemplo). En el ciclorama no cesan las proyecciones: pinturas renacentistas distorsionadas por personajes de ciencia ficción, un teatro antiguo destruido, la famosa estatua de Perseo portando la cabeza cortada de Medusa con añadidos cubistas y una figura de Metrópolis. Dos cabezas futuristas partidas por la mitad dominan la escena sobre andamios equipados con luces de neón a ambos lados, que giran sobre sí mismas, mostrando sistemas digitales y todo tipo de revoltijos tecnológicos a sus espaldas. El vestuario de Eva Butzkies resulta espantoso por su estridente colorido, rozando un bochornoso mal gusto. Las intervenciones del cuerpo de bailarines se antojan por su parte cuestionables, saturando la acción: como bailarines de break dance, malabaristas, guardaespaldas del Papa –que es transportado en un huevo de Fabergé dorado– o jóvenes semidesnudos que lascivamente adornan la estatua de Perseo que Cellini moldea. Algunos de los personajes resultan desconcertantes, en especial el ayudante de Cellini, Ascanio, que aparece como un robot alienígena con un traje espacial plateado y movimientos mecánicos. El mayor interrogante lo plantea el chico rubio del final, que hace que las masas se desplomen como marionetas con solo pulsar un botón. ¿Debería poder hacerlo la IA?

El aspecto musical de la representación resultó más favorable. Giampaolo Bisanti desplegó un impresionante abanico de colores sonoros al frente de la Staatskapelle de Dresde ya desde la obertura, que lució su brío y su apasionado mélos, así como en las intensas escenas corales, realmente impactantes. No obstante, las dinámicas no encontraron siempre un justo equilibrio, por mor de una excesiva tendencia hacia los ataques en forte. Durante la escena festiva, el coro de la Semper estuvo esplendoroso. En el papel protagonista, el tenor Anton Rositskiy mostró una gran seguridad en el registro agudo,, dominando con aplomo los pasajes más expuestos, aunque su voz no siempre resultó agradable. Su rival Fieramosca fue bien interpretado por el barítono (casi bajo) Jérôme Boutillier, mientras que Ante Jerkunica encarnó con ademanes altaneros al tesorero papal Balducci. Tilmann Rönnebeck prestó su resonante voz de bajo al Papa Clemente VII. Entre las mujeres, la interpretación de la soprano Tuuli Takala como Teresa resultó impecable, traduciendo la exigente parte sin aparente esfuerzo, incluso en los pasajes más expuestos, e impresionó por su viva interpretación. La mezzosoprano Stepánka Pucálková encarnó a Ascanio con brillantez -estuvo realmente enérgica y exuberante en el solo Tra la la la del segundo acto- si bien la voz sonó por momentos áspera.
Bernd Hoppe
(fotos: Ludwig Ohlah)


