Scherzo | CRÍTICAS / DORDOÑA / Dmitry Masleev inflama el 40e Festival du Périgord Noir, por Bruno Serrou

DORDOÑA / Dmitry Masleev inflama el 40e Festival du Périgord Noir

DORDOÑA / Dmitry Masleev inflama el 40e Festival du Périgord Noir

Dordoña. Saint-Léon-de-la-Vézère. Festival du Périgord Noir. 3/19-VIII-2022.

Fundado en 1983, en Montignac, el Festival du Périgord Noir es una de las citas más esperadas de la música de cámara barroca, clásica y de jazz del mes de agosto en la región de Nueva Aquitania, y atrae más de diez mil espectadores en dos semanas. Jean-Luc Soulé, exdiplomático apasionado por la música de cámara y por el clarinete, creó en Montignac, un pueblo de las orillas del Vézère (afluente del Dordoña) en que se halla la famosa gruta prehistórica de Lascaux, el Festival del Périgord Noir, con el empeño de un hijo de la región y rodeado de amigos melómanos; hoy es el presidente del festival, que atrae desde hace 39 años los mayores músicos de nuestro tiempo, confirmados o en proyecto, que captan un público que es al mismo tiempo fiel y continuamente renovado, un festival inscrito en la ruralidad, con acciones pedagógicas a todo lo largo del año, en especial mediante un bus de formación de órgano que recorre el campo.

“El festival —declara Jean-Luc Soulé— pretende sacar a la luz el talento de jóvenes artistas en contacto con sus mayores alrededor de unos cuarenta conciertos en más de veinte lugares diferentes, asociando estrellas de la música de cámara, galardonados en concursos internacionales, jóvenes talentos del Barroco y grandes nombres del jazz”. En efecto, el festival se amplía también con la Semana de Órgano de Sarlat, en septiembre, en la Academia de Música Barroca. La vigésima edición de esta última reunió una treintena de estudiantes, entre ellos diez cantantes bajo la dirección del español Iñaki Encina Oyón y de Christophe Coin, alrededor del oratorio La Resurrezione de Haendel, que se interpretó los días 18 y 19 de agosto en la espléndida abadía fortificada del siglo XX de Saint-Armand-de-Coly.

Los primeros conciertos de esta cuadragésima edición del Festival del Périgord Noir tuvieron lugar en la encantadora iglesia románica de Saint-Léonce, en Saint-Léon-sur-Vézère, clasificado entre ‘los pueblos más bellos de Francia’, donde que era muy adecuado protegerse en estos tiempos de canícula. Se programaron dos conciertos monográficos del conjunto Appassionato, de Mathieu Herzog, uno dedicado a Dvorák, con una enérgica Serenata para cuerdas, y el Concierto para violonchelo tocado por una orquesta limitada a solo las cuerdas, enriquecidas por un arpa, pero bien adaptada al lugar; el solista fue el impresionante violonchelista paraguayo Michaki Ueno, vencedor del Concurso de Ginebra 2021. “Empecé una colaboración con los Conservatorios de Ginebra para el clásico, y de Lausanna para el jazz, se felicita Véronique Iaciu, directora artística del Festival desde hace treinta años. Estas dos instituciones son auténticos hervideros de talentos. Un festival no puede imponerse más que diferenciándose de lo que se hace en otra parte, es preciso tener ideas renovadoras en la programación”, comenta Ueno.

Al día siguiente, la velada aniversario de las 40ª edición del festival presentaba un coctel de obras por el mismo conjunto Appassionato de Mathieu Herzog, un director demasiado inmerso en la presentación como para estar atento a sus solistas. Solo el viola Gérard Caussé pudo salir del paso, mientras que la soprano Jeanne Gérard se vio obligada a forzarse para tomar aliento, mientras que el clarinetista Pierre Génisson parecía tan impaciente que trataba con toda evidencia de acumular las funciones de solista y de director.

Por el contrario hubo un momento de excepción con el suntuoso recital del pianista ruso Dmitri Masleev en la misma iglesia de Saint-León-sur-Vézère. Unas Estaciones de Chaikovski que en sus dedos se convertían en un magnífico libro de imágenes de una variedad y una densidad de colorido extraordinarias; una Sonatine de Ravel enlazada a su À la mémoire de Borodine, maravillosamente impresionistas; y una Segunda sonata de Rachmaninov admirable en aliento y en atmósfera, un programa al que Masleev añadió dos bises, la Elegía en mi bemol menor del propio Rachmáninov y una página jazzy del compositor de origen ucraniano Nikolai Kapustin (1937-2020), con el que el pianista tuvo amistad.

Bruno Serrou