Cuarenta años de SCHERZO: Una fiesta para la música y su letra

Antes de empezar el concierto conmemorativo de los cuarenta años de SCHERZO, el 1 de diciembre, en el vestíbulo del Auditorio Nacional podía reconstruirse nuestra historia propia reflejada en la mirada de muchos de sus protagonistas, no sólo los que crearon la revista, los que la hicieron o la hacen sino, sobre todo, los que viven la música con ella, en la pantalla o en el papel, y quisieron sumarse a la celebración.
En los saludos, los besos, los abrazos, los comentarios, las felicitaciones, los reconocimientos después de tantos años había una maravillosa conciencia de viaje compartido, de complicidad y afecto. Por eso el concierto, además de una extraordinaria antología del mejor piano de nuestro tiempo, fue, sobre todo, una reunión de amigos que se encuentran y se reencuentran, de colegas que saben que los unos sin los otros no somos nadie, de espectadores que conocen sus referentes críticos y les gusta pedirles explicaciones sobre esta o aquella opinión, de gestores que no ignoran lo difícil que es armar un concierto y que se hacían lenguas de cómo se había organizado este.
Como resumía Beckmesser: “Fue una fiesta de la inteligencia y la memoria, un acto de justicia poética para una publicación que, ajena a dogmatismos y modas efímeras, ha sabido educar y sostener el pulso de la clásica en nuestro país. Cuarenta años de Scherzo son, al fin y al cabo, cuarenta años de nuestra propia historia sentimental”.
Era la muestra de que la revista había entendido muy bien lo importante que resulta que una marca se asiente hasta el punto de ser inmediatamente reconocida en su ámbito, que se defina por sí misma. Es lo que Pablo L. Rodríguez señalaba en su crítica en El País al concierto definiendo SCHERZO como “una publicación ‘exigente, informada, vital’, según proclamaba su primer editorial, ‘sin pretensiones dogmáticas, sin afán de enseñar o dirigir, sino únicamente de ayudar a comprender’. Cuarenta años después, Scherzo es un referente internacional de la clásica en español, tanto en su edición impresa como en su página web”. El crítico Emilio Fernández Álvarez lo resumía directo y al grano: “una visión constructiva sobre lo que, en la interpretación musical, importa y lo que no”. Tremenda tarea, sin duda.
Por su parte, y menuda parte, los pianistas invitados echaron el resto, y veteranos y noveles dieron lo mejor de sí tocando desde Bach hasta Boulez. Por orden de aparición: Arielle Beck —explicando con Bach que por algo se fijó en ella Martha Argerich—, Pierre-Laurent Aimard —Boulez como un verdadero clásico—, Till Fellner —el Beethoven más intelectual—, Paul Lewis —madurando en el Brahms crepuscular—, Christian Zacharias —de Scarlatti a Poulenc en un suspiro—, Alexandra Dovgan —demostrando vía Cesar Franck que Sokolov tenía razón—, Juan Floristán —a por todas y por derecho en Falla y Ravel—, Yulianna Avdeeva —Chopin en técnica y esencia—, Alexei Volodin —poderío y sutileza en Prokofiev— y Elisabeth Leonskaja —un Schubert de eso que llamamos gran escuela.
Cuarenta años, pues, y a seguir bien despiertos. Como advertía Alberto González Lapuente en ABC: “La permanencia y el compromiso de Scherzo son indiscutibles, pero las dificultades que ahora hay que vencer son distintas y no menos exigentes”.
Luis Suñén
Caja
En la web y aplicación RTVE Play se puede escuchar la retransmisión que Radio Clásica hizo del concierto completo.
En este enlace se encuentra el vídeo de las entrevistas que se realizaron antes del concierto y en el intermedio del mismo a algunos de los pianistas y a parte del equipo de SCHERZO.
En nuestra HEMEROTECA se pueden descargar el programa de mano completo del concierto.
El programa de RTVE “Los conciertos de la 2” retransmitirá en diferido el concierto los días 27 de diciembre (la primera parte) y el 3 de enero (la segunda parte).


