Scherzo | ¿Cuándo se convirtió John Adams en John Adams?

¿Cuándo se convirtió John Adams en John Adams?

¿Cuándo se convirtió John Adams en John Adams?

JOHN ADAMS: Slonimsky’s Earbox; My Father knew Charles Ives/ Tonhalle Zürich. Dir.: Paavo Järvi / ALPHA

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¿Cuándo se convirtió John Adams en John Adams? Según su propio relato autobiográfico, alrededor de 1995, cuando rompió con el minimalismo ortodoxo y optó por formas de expresión más variadas. El punto de inflexión fue una obra orquestal titulada Slonimsky’s Earbox, escrita poco después de la polémica ópera The Death of Klinghoffer, que rendía homenaje a uno de los personajes más extravagantes jamás vistos en una sala de conciertos.

Nicolas Slonimsky fue un polímata ruso-judío que se puso al servicio de Serge Koussevitsky y Leonard Bernstein para ‘reeditar’ complejas partituras que ellos no podían dominar sin ayuda. Por ejemplo, la partitura de La consagración de la primavera con la que trabajaban Koussevitsky y Lenny era la ‘reeditada’ por Slonimsky. Entre otras habilidades, era capaz de tocar un nocturno de Chopin haciendo rodar un cítrico por las teclas negras. El viejo Nick -falleció en 1995, a los 101 años- era un ser único, una fuente inagotable de diversión. A sus amigos (entre los que tuve el honor de contarme) les resultó  conmovedor que Adams decidiera titular una pieza en su memoria.

¿En qué radica la originalidad de la obra? Cuando decidió abandonar el minimalismo estricto, Adams se apoyó en gran medida en Stravinsky. Tanto la Consagración como Le Chant du Rossignol bombean savia creativa a esta partitura, pero da lo mismo; la música suena como si fuera nueva, y Paavo Järvi y la Tonhalle de Zúrich la interpretan con un entusiasmo contagioso.

La otra pieza principal de este álbum de duración bastante escasa es también un homenaje: My Father Knew Charles Ives. Adams la describió como “una magdalena proustiana con sabor yanqui”. Psicoanalítica es la palabra que parecía estar buscando. Esta hipnótica composición se antoja la búsqueda de un WASP estadounidense de sus propios vínculos con los fundadores culturales de la nación. Si Adams e Ives se hubieran conocido, sin duda hubieran sentido instantáneamente una cierta afinidad artística.Y esas desafinadas bandas de música de Nueva Inglaterra que cita resultan excusablemente auténticas, incluso en un paisaje suizo. Me encanta esta pieza, más que casi todo lo que Adams ha escrito antes o después para orquesta.

Norman Lebrecht