Cuando la cordera, según los guiris, se quiso comer al lobo

Cuando la cordera, según los guiris, se quiso comer al lobo

Stile antico es uno de los ensembles corales más brillantes de entre los surgidos a lo largo del siglo XXI. Cuenta con una notable producción discográfica, que le ha servido para acaparar infinidad de premios en las islas británicas y fuera de ellas. Sin embargo, ay, Stile antico tropieza siempre con la misma piedra: la polifonía del Renacimiento español. Sus Responsorios de tinieblas de Tomás Luis de Victoria ya dejaron bastante que desear, pero su última grabación, A Spanish Nativity (Una Navidad española), resulta todavía más frustrante, porque los ingleses se estrellan con un muro que ni saben saltar ni tienen intención de hacerlo: el castellano.

Sí, ya sé que lo de la pronunciación nos lleva directamente a San Lucas, el evangelista (capítulo 6, versículos 41-42): “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo’, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Y es verdad: no decimos nada cuando nuestros cantantes se enfrentan al inglés, al alemán o, incluso, al italiano, pero nos ponemos hechos unos basiliscos cuando los guiris cantan en nuestra lengua.

Aunque no van hoy por ahí los tiros. Me quiero referir a una de las piezas incluidas por Stile antico en su reciente CD: el villancico Ríu, ríu, chíu, contenido en el Cancionero de Upsala o Cancionero de Calabria (por el Duque de Calabria), que de forma oficial es tenido por anónimo, aunque no son pocas las fuentes que apuntan a la autoría de Mateo Flecha “el Viejo” (1481-1553). Abro un inciso: Flecha era catalán y trabajó la mayor parte de sus días en territorios de la Corona de Aragón, pero ya en aquellos tiempos los compositores no castellanos utilizaban por lo general el castellano para expresarse, que por algo este era la lingua franca, por mucho que les pese a nuestros queridos nacionalistas de ahora.

Mi buen amigo Manuel Martín Galán, que sabe mucho de música antigua, pero que sabe incluso mucho más de todo, lleva tiempo con una cruzada contra el Ríu, ríu, chíu, no porque no le guste ni por la pésima prosodia de los anglosajones (que sienten debilidad por este villancico: por cantarlo, lo han cantado hasta The Monkees, la famosa banda californiana de rock que llegó a rivalizar con The Beatles en los años 60) o de los escandinavos, sino porque lo considera sacrílego. Y no le falta razón. Dice así en su primera estrofa el villancico:

Ríu, ríu, chíu, la guarda ribera,
Dios guardó el lobo de nuestra cordera

La “cordera” es la Virgen María y el “lobo”, el diablo. Algo no cuadra: Dios está cuidando al lobo para evitar que la feroz cordera lo devore. Por si queda alguna duda sobre el mayúsculo disparate, he aquí la segunda estrofa, que viene a poner las cosas en su sitio:

El lobo rabioso la quiso morder,
mas Dios poderoso la supo defender;
quísole hazer que no pudiesse pecar:
ni aún original esta virgen no tuviera

En realidad, lo que el villancico tendría que decir es esto:

Ríu, ríu, chíu, la guarda ribera,
Dios guardó del lobo a nuestra cordera

¿Dónde está el origen del conflicto? Pues, seguramente, en el copista del cancionero, que fue publicado en 1556 en Venecia (de ahí que, además de conocerse como Cancionero de Upsala o Cancionero del Duque de Calabria, también se conozca como Cancionero de Venecia, si bien su verdadero título es Villancicos de diversos autores, a dos, y a tres, y a quatro, y a cinco bozes, agora nuevamente corregidos. Ay mas ocho tonos de Canto llano, y ocho tonos de Canto de Organo para que puedam aprovechar los que a cantar començaren”). El copista debía de ser italiano y no dominaba a la perfección el castellano, por lo que no reparó en que no tenía ningún sentido que Dios fuera el pastor del lobo y se preocupara de que este fuera ni atacado por una cordera.

A partir de ahí, los errores se encadenan. El único ejemplar conocido de la edición de este cancionero fue encontrado en 1907 por el musicólogo y diplomático Rafael Mitjana, en Carolina Rediviva, biblioteca de la Universidad de Upsala, en Suecia. Los ingleses y los norteamericanos pronto se interesaron en él y empezaron a cantar algunas de las obras que contiene, especialmente, Ríu, ríu, chíu. Pero con el texto tal y como figura ahí, sin molestarse en corregir el error de que Dios se enfrente a la Virgen María para defender al diablo. Y cuando los españoles nos comenzamos a interesarnos por la música antigua, nos sentíamos tan acomplejados ante la sapiencia de los guiris que nadie (empezando por músicos y musicólogos) se atrevió a tocar una sola coma en los textos que empleaban estos.

Hay quien sostiene, con febles argumentos, que el verbo “guardar” tenía en los siglos XV y XVI otro significado y que el Diccionario de la Real Academia preserva la acepción de este verbo, que es “impedir o evitar”, por lo que el sentido de “Dios guardó el lobo de nuestra cordera” sería “Dios impidió el lobo de nuestra cordera”, o sea, impidió que el diablo se acerara a la Virgen para hacerle cometer el pecado original.

Esa explicación queda inmediatamente rebatida con una rápida consulta al Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias, publicado en 1611 o al Diccionario de Autoridades del siglo XVIII, en donde se comprueba que “guardar” significa guardar, como lo entendemos hoy, y no otra cosa.

Tengo ya bastantes años y no sé cuánto me queda de vagar por este mundo, pero no pierdo la esperanza de escuchar algún día el Ríu, ríu, chíu con el texto que corresponde y, a ser posible, pronunciado como Dios manda.