CÓRDOBA / Orquesta de Cámara de Viena: las columnas, los árboles, el bosque

CÓRDOBA / Orquesta de Cámara de Viena: las columnas, los árboles, el bosque

Córdoba. Mezquita-Catedral. 26-IX-2021. XII Festival Internacional de Piano Guadalquivir. María Dolores Gaitán, piano. Orquesta de Cámara de Viena. Director y violín: Mario Hossen. Obras de Bach, Respighi, Grieg, Paganini y Turina.

Las columnas. Recuerdo un concierto multitudinario de Barenboim y su Orquesta del Diván en la Mezquita de Córdoba hará una década, por lo menos. Era junio. O julio. Empezó una hora y media más tarde de lo previsto debido a una caótica organización. Dentro, el templo se reveló como un auténtico horno debido a la alta ocupación, cientos de personas respirando y transpirando, anhelantes de escuchar al argentino. La humedad era altísima. La sensación de agobio incomodó todo el concierto. La resonancia y el eco excesivo hicieron el resto. El grandioso y espiritual espacio se manifestó totalmente inadecuado para la música orquestal. Ni siquiera el principalísimo edificio de la ciudad sirve para estos fines, tragedia cotidiana de la melomanía cordobesa. Igual la oración del imán sea el único sonido capaz de resonar con la vibración de las antiguas piedras en dovelas y fustes.

Los árboles. Volvía el calor, la acústica inadecuada y la organización casera. Dos inmensas pantallas a ambos lados del escenario nos mostraban en bucle, mientras tomábamos asiento, un vídeo promocional del festival donde se exponía el pretendido maridaje entre patrimonio, turismo y cultura, cuadratura del círculo. Ese anhelo pretendía hacerse realidad incorporando al concierto todos los aditamentos esperables en este tipo de eventos ‘anfibios’: retransmisión televisada en directo por grandes pantallas, sonido amplificado, ambientación lumínica variada, con suaves efectos chill-out… Todo era coherente con el pensamiento que me trasladaba un conocido un par de días antes, a saber, que la cultura no debe renunciar a su condición de espectáculo para llegar al gran público. Y, en efecto, allí estaba ese pensamiento desarrollado en su totalidad. Los árboles. Pero, si los árboles estaban, ¿qué pasaba con el bosque? ¿Llegaríamos a avistarlo?

El bosque. Programa de enjundia, con ligeras concesiones al virtuosismo más exterior, pero no obstante de gran categoría. Comenzar un concierto con la Chacona de la Partita n° 2 para violín solo de Bach demostraba que, para los músicos, la cosa, espectáculos aparte, iba musicalmente en serio. Dos delicatessen a continuación, de Respighi y Grieg, la Suite n° 3 de Danzas y Arias Antiguas y la Suite Holberg, obras que miran hacia el pasado, más animadamente melódico el segundo que el primero. Aun así, la vecindad sonora entre ambas obras hacía deslizar peligrosamente el concierto hacia la monotonía. Paganini y sus variaciones rossinianas sobre un tema del Tancredi de Rossini, I tanti palpiti, nos sacudió como una descarga eléctrica. El público se reactivó con una gran ovación. La animada y elegante Rapsodia sinfónica de Turina puso un extraño, a tenor de las obras anteriormente escuchadas, pero digno broche a la velada.

La Orquesta de Cámara de Viena demostró una seguridad técnica y profesionalidad intachables: cuerdas afinadas, ágiles, expresivas y, cuando se requería, con músculo sonoro. Da gusto saber que ese es el nivel de los cuerpos medios musicales de la capital austriaca. El violinista y director Mario Hossen se metió al público en el bolsillo con la proeza paganinesca, demostración palpable de su virtuosismo y musicalidad. Finalmente, Gaitán arrancó del piano un sonido limpio y cristalino, dejándose llevar, por momentos, por la intensidad de la cuerda vienesa, pero aportando elegancia y acentos apropiados. Hossen y Gaitán agradecieron al público su cariño regalándoles a dúo un intenso Ave María de Piazzola.

La gente salió feliz y muy satisfecha de haber podido escuchar a ‘la Orquesta de Viena’, aquella que, en las palabras de salutación al concierto por el deán de la catedral, “disfrutamos todos los años por televisión”. Algo que de tan excepcional muy rara vez puede disfrutarse por estos lares.