CÓRDOBA / ‘Il mondo di Vienna’

CÓRDOBA / ‘Il mondo di Vienna’

Córdoba. Gran Teatro. 14-I-2021. Andrii Murza, violín. Sara Ferrández, viola. Orquesta de Córdoba. Directora: Oksana Lyniv. Obras de Beethoven, Haydn y Mozart.

La actuación de la ucraniana Oksana Lyniv como directora invitada para el quinto concierto de abono de temporada de la OC venía precedida de una gran expectación por su trayectoria artística, así como por las obras del programa que, bajo el nombre Il mondo di Vienna, hacía suyo de alguna manera el título de la obertura Il mondo della luna de Haydn que lo iniciaba, escogido con la intención de ofrecer una pequeña panorámica de clasicismo orquestal, estética muy vinculada a la capital del Sacro Imperio Romano Germánico, completándose con la Sinfonía concertante K 364 de Mozart y la Cuarta sinfonía de Beethoven.

La primera impresión que daba la OC en la obra de Haydn fue el grado de concentración que exigía la directora como resultado del nivel expresivo que irradiaba de su gestualidad, en la que control y entrega se equilibraban con determinante efectividad. Con tal actitud, desarrolló el sentimiento de alegría que desprende la obertura de una de las óperas más ocurrentes del ‘padre de la sinfonía’, sin dejar en momento alguno de indicar con precisión, eliminando el más mínimo trazo de afectación. Con tal precedente, el espectador podía presentir buenas sensaciones ante la trascendencia artística de las obras que iban a sucederse.

Así ocurrió ya con la preciosa y a la vez ejemplar Sinfonía concertante, que contaba con la participación de dos excelentes instrumentistas de cuerda: el violinista, también ucranio, Andrii Murza y uno de los valores en alza de la interpretación española como es la violista madrileña Sara Ferrández. Dotados de una técnica excelente, se conjugaron con espontáneo natural modo en las directrices líricas en las que se sustenta esta genial obra de Mozart, en cuyo primer movimiento ambos solistas dialogaron cuasi operísticamente asumiendo de lleno ese superior pensamiento melodramático que resplandece en toda la música que creó el genio de Salzburgo. Tal espíritu, que llegó a su punto culminante en la cadencia, se vio reforzado en la sugestiva declamación coloquial empleada en su interpretaron el Andante, favorecida por la envolvente sonoridad que Oksana Lyniv creaba en la orquesta. La mixtura tímbrica alcanzada por ambos instrumentos hacía imaginar uno solo en el desarrollo intrincado y a su vez convergente en el que se convierte el discurso del rápido movimiento final, llegándose a esa especie de purificación del sentido musical que requiere su conclusión, lo que puso término a una más que sensible interpretación de esta obra de exquisito magisterio.

El concierto llegaba a su punto álgido con la Cuarta sinfonía de Beethoven, en la que la directora pudo mostrar todas sus cualidades técnicas y experiencias estéticas. Partiendo de un sólido conocimiento de la partitura y adaptándose con agudo instinto a las posibilidades del instrumento orquestal, tradujo con gran eficacia los parámetros estructurales y emocionales de cada movimiento: así desplegó su precisa cinética en el primer tiempo, especialmente en su sección central, leyó con destacada imaginación la belleza del Adagio, dejando la sensación de estar buscando siempre sus mejores esencias melódicas, definió con suave elegancia el trío del tercero para dibujar con diestra batuta toda la frescura y espontaneidad que contiene el Allegro que cierra la sinfonía, dejando una excelente sensación en el oyente que pudo admirar cómo su actuación fue creciendo a lo largo del concierto por mor de una conducción irreprochable.

(Foto: Paco Casado)