Barbara Hannigan: “La dirección de orquesta es tan solo una parte de mi expresión musical”

Barbara Hannigan (1971) es una de las artistas mas heterodoxas del mundo de la música clásica. En su carrera como cantante ha acumulado toda una serie de éxitos que la han llevado a convertirse en una referencia, especialmente en el repertorio del siglo XX y XXI. Pero, además, desde hace años combina su trabajo como cantante con el de directora de orquesta que le ha llevado a asumir desde esta temporada la titularidad de la Orquesta Sinfónica de Islandia. Hoy, 9 de octubre, estrena el espectáculo La Mer junto al Scapino Ballet y la Filarmónica de Rotterdam en el que canta, dirige y baila.
En primer lugar, me gustaría que hiciese una pequeña introducción a La Mer, un espectáculo que combina música, danza y canto.
La idea original es de Nanine Linning y del Ballet Scapino. Se trata de una auténtica experiencia sensorial, en la cual todo gira alrededor del mar y del océano: un océano que se contempla como un teatro en el que se exponen las contradicciones humanas. Por un lado, es una fuerza poderosa que nos puede amenazar, por otro, lo contemplamos con una mirada romántica o nostálgica. Eso se ve claramente en La mer de Debussy con esos tres bocetos sinfónicos. También se incluye Sirènes, donde aparece la voz humana en ese contexto.
La propuesta también tiene un enfoque crítico con la situación medioambiental
Efectivamente; pese a ser poderoso, el océano también es frágil; contaminamos los mares y lo destruimos. En el espectáculo se afrontan problemas como el del fracking o la pesca abusiva, con técnicas de electrificación, por ejemplo. Es un método terrible por el que los peces son electrocutados para poder ser pescados.

Su función en el espectáculo es polifacética: canta, actúa, baila y dirige. ¿Cómo combina todo?
Si, pero no lo hago todo a la vez (ríe), dirijo las obras de Debussy, pero canto y bailo en las obras de Yannis Kyriakides. Es un espectáculo completo que combina danza, música teatro, imágenes… yo he trabajado en muchas producciones de ópera y sé lo complejas que son. Este espectáculo es similar en cuanto a complejidad y exigencia.
Pero, ¿cómo puede desarrollar las tres facetas?
Hemos hecho un trabajo intenso que ha habido que organizar. En agosto tuve un primer periodo de ensayos con el Ballet Scapino. Con la orquesta, los ensayos se han desarrollado la semana antes del estreno.
¿Y cómo ha sido ese trabajo con ellos?
Poder trabajar con ellos fue la razón de elegir este proyecto. Conozco a Nanine Linning desde hace años. Es una extraordinaria artista. El Ballet Scapino es una compañía de danza moderna legendaria. De hecho, yo estaba nerviosa al principio. Al inicio, creo que ellos tenían ciertos prejuicios sobre mí, sobre si iba a ser capaz de estar el nivel. Pero creo que al final todos han pensado: “Esta chica sabe moverse”.
En el espectáculo se combina la música de Debussy (La Mer y Sirènes) con la del chipriota Yannis Kyriakides. ¿Cómo es la combinación y cómo definiría la música de Kyriakides?
Yannis fue elegido por Nanine. Su música es muy flexible, ha escrito esta música pensando en mí; siempre está dispuesto a adaptarse, cambiar cosas, algo que a veces es difícil de encontrar en los compositores. Está siempre abierto a nuevas ideas, a buscar nuevos colores. Para que el ballet pudiese ensayar grabamos la música y fue una gran experiencia. Es un compositor estupendo que se focaliza en la combinación entre la tradición y la contemporaneidad.
¿Y qué destacaría de estas obras en concreto?
Es una música increíble que une el mundo contemporáneo con la Antigüedad. Emplea textos del antiguo oráculo de Delfos de alrededor del 500 a. C.
¿Había ya trabajado con su música?
No. Es curioso, porque Yannis y yo habíamos estudiado juntos aquí en Holanda. Desde entonces no nos habíamos vuelto a encontrar y ha sido fantástico vernos en esta producción.
Las dos obras de Debussy, especialmente Sirènes, son bastante complejas desde el punto de vista de un director. ¿Qué dificultades encuentra, especialmente al tratarse de un espectáculo multidisciplinar?
Son dos obras muy difíciles, no considero que Sirènes sea más difícil que La Mer. Además, para mí será la primera vez que las dirija, lo que supone siempre un reto. También será la primera que dirijo a la Filarmónica de Rotterdam.

Dejando de lado el espectáculo La Mer, en esta temporada asume la dirección titular de la Orquesta Sinfónica de Islandia; creo que es la primera vez que asume una titularidad. ¿Es así?
Efectivamente, he sido principal invitada de la Orquesta de Göteborg, asociada de la London Symphony, pero es la primera vez que asumo una titularidad. Intentaré dar el cien por cien de mí. Hemos empezado la temporada este pasado septiembre, pero he ido varias veces en los últimos meses para ir planificando el trabajo, que es muy intenso, porque además de directora titular soy directora artística y eso implica una visión más allá de la dirección. Para mí es una gran oportunidad.
En su carrera se observa un creciente interés por la dirección frente al canto, ¿se ha planteado, siguiendo el ejemplo de Nathalie Stutzmann, dejar definitivamente de cantar en favor de la dirección?
No lo creo. No creo que deje de cantar. Nathalie decidió dejar el canto y lo respeto, pero ese no es mi camino. Mi idea es hacer ambas cosas. Empecé a dirigir hace quince años como otra forma de expresarme artísticamente. Actualmente el balance es, aproximadamente, de un treinta por cien de mi agenda dedicada al canto y un setenta a la dirección. Sé que es un balance que puede parecer un poco loco, pero me funciona. De momento voy a seguir cantando y trabajando en ambas áreas. La dirección no es mi plan de retiro, sino que es parte de mi expresión musical. Además, tengo la suerte de estar trabajando con las mejores orquestas.
César Rus


