CÓRDOBA / Homenaje a Joaquín Rodrigo

CÓRDOBA / Homenaje a Joaquín Rodrigo

Córdoba. Patio de los Naranjos de la Mezquita. 6-VII-2019. Juan Manuel Cañizares y José María Gallardo del Rey, guitarra. Orquesta de Córdoba. Director: Carlos Domínguez-Nieto. Obras de Cañizares, Gallardo del Rey y Rodrigo.

Una de las jornadas más significativas de la presente edición del Festival de la Guitarra, que se desarrolla a lo largo de diez días a partir del 4 de julio, ha sido la dedicada a conmemorar el vigésimo aniversario del fallecimiento del maestro Joaquín Rodrigo con la primicia en Córdoba del hace poco estrenado en Barcelona Concierto Mediterráneo para guitarra y orquesta de Juan Manuel Cañizares y la participación del guitarrista José María Gallardo del Rey con su obra también para guitarra y orquesta Diamantes para Aranjuez, escrita inicialmente para violín y guitarra el año 2014 para conmemorar el famoso concierto de Rodrigo, gran mentor y valedor del instrumento español por antonomasia a través de la trascendencia de dos de sus obras; el Concierto de Aranjuez y la Fantasía para un gentilhombre, que se interpretaron también en esta velada.

En la obra de Cañizares destacaba ese mágico equilibrio que ha logrado entre la sonoridad clásica y la expresividad modal del flamenco en cada uno de sus tres movimientos, sobresaliendo el Adagio central donde explora el emocionante aire jondo de los palos lentos aderezado por una orientación de tango, mezcla que deja una sensación serena en el oyente, que viene a sentirse transportado por su sonido de cadencioso ritmo interno. En el expandido alegre Finale, el diálogo entre solista y orquesta fluyó con creciente dinamismo superándose las indecisiones que se produjeron en el primer movimiento debido, entre otras cuestiones, a una irregular sonorización, y a tener que  sobresalir de la perturbación constante que supusieron los adversos sonidos externos que invadían el recinto abierto donde se montó el espectáculo.

La subsiguiente actuación de Gallardo del Rey con la Fantasía para un gentilhombre significó una mayor presencia de la Orquesta de Córdoba (OC) ya que pudo lucir más y mejor su sección de metales. El solista se mostró muy concentrado en la expresión cantante que requiere la Villana que abre la obra, para incrementar su control en la transmisión del sentido clásico que pide el Ricercar, demostrando una gran limpieza en articulación que favorecía el fraseo que pide esta segunda parte del primer tiempo. Supo jugar con las disonancias que Rodrigo propone en el segundo, Españoleta y fanfarrias de la caballería de Nápoles, llegando a un alternante protagonismo con la orquesta en la Danza de las hachas. Su mayor lucimiento se produjo en la contención emocional que aplicó a la construcción de la cadencia del último movimiento, Canaria, con la que sacó el máximo partido de su guitarra, asombroso instrumento perfectamente entonado en timbre, de rico color y potenciado amplio espectro dinámico.

El mismo intérprete abrió la segunda parte con su obra Diamantes para Aranjuez, dejando patente desde el primer momento su gran creatividad. Es así que dominó el discurso concertado del rítmico Allegretto inicial, apreciándose un enorme respeto por parte del director de la OC, Carlos Domínguez-Nieto, ante el sentido culto del discurso que surgía de la guitarra, produciéndose un gran entendimiento entre ambos que redundó en uno de los mejores momentos de la noche, de manera especial en el Andante espressivo central, con el que Gallardo del Rey mostró la hondura de su arte musical para, seguidamente, hacer una verdadera exhibición de digitación y articulación de sonido digna de admiración en el festivo Allegro final, dejando la impresión en el oyente de que estaba en presencia de un absoluto maestro de la guitarra.

Esta jornada del Festival terminó, como no podía ser de otra manera, con el Concierto de Aranjuez, principal foco referencial del programa. Cañizares afrontó su interpretación con esa seguridad que supone tener interiorizada esta obra hasta en sus más mínimos detalles. El colorido y la vitalidad que imprimió a su recreación fue todo un estímulo para la orquesta que, desde la batuta de su titular, fue creciendo en su capacidad concertante sobreponiéndose a ciertas deficiencias de ecualización en la sonorización de su sección de cuerda. El solista apuntó acentos propios en la ejecución de la cadencia del Adagio, para terminar enriqueciendo el último movimiento con un sutil y maestro pulso flamenco.

Como respuesta al cerrado aplauso, ambos solistas interpretaron unos valses  llaneros del maestro venezolano Antonio Lauro que incrementaron el entusiasmo del público, cerrándose así este homenaje a Joaquín Rodrigo, una de las citas de referencia de esta edición del Festival de la Guitarra de Córdoba.