CÓRDOBA / FdMC: ética y convulsión (II)

Córdoba. Conservatorio Superior de Música. 30-III-2022. XXIV Festival de Música Contemporánea. Trío Feedback. Obras de Sánchez Verdú, Yamachi, Arias, Lazkano y López López. • 31-III-2022. Manuel Guillén, violín. Obras de Halffter y García Abril. • 1-IV-2022. Synergein project. Obras de Valenzuela, Billione y Morales.
Los misterios del público de la contemporánea son insondables. La segunda semana del Festival de Música Contemporánea de Córdoba sirvió para resaltar la imprevisible respuesta del público ante lo inesperado, capaz en dos días consecutivos de pasar de provocar por poco el naufragio del concierto del Trío Feedback, con su inquietud y falta de modales, para pasar, al día siguiente, a entregarse devotamente a la hora completa de polifonía no consonante para violín solo de Antón García Abril. Es un efecto orgánico, contagioso, que habla de la extrema fragilidad con la que está construido cualquier acto de escucha colectiva que precise el silencio.
Comenzó su concierto el Trío Feedback —saxo, contrabajo y acordeón— con Spherae, de José María Sánchez Verdú (1968), en palabras de su autor una “instalación sonora”. Los músicos, dispuestos en triángulo y separados entre sí todo lo que daba el escenario, pusieron en pié este interesantísimo ejercicio de minimalismo y radicalidad. Una pulsación rotatoria, repetitiva pero con mutaciones, que transitaba entre un reducido rango de intensidades, para perplejidad y nerviosismo de cierto sector del público. Igual de interesante fue la obra de Helga Arias (1986) Noise-induced hearing loss, una composición que explora la representación de los sonidos residuales que se forman en el oído tras ser sometido a un fuerte impacto sonoro. Soplidos, frotamientos, notas superpuestas, slabs, pizzicati… Juegos de superposiciones tímbricas, sonidos brumosos, como sumergidos, con acumulaciones sonoras que se resolvían en pitidos casi inaudibles, daban el fiel retrato de la experiencia psicosomática de las alteraciones auditivas. El resto del programa, con obras de Ramón Lazkano (1968), Yasuko Yamachi (1969) y José Manuel López López (1956) transitaron por presupuestos estéticos compartidos: músicas fragmentadas, atmosféricas, nocturnales, que la combinación tímbrica del Trío Feedback cargaba de negros presagios.
Interpretar las Seis partitas para violín solo de Antón García Abril (1933-2021) puede equivaler, excúsese el símil, a subir un Tourmalet musical. Compuestas expresamente para la gran violinista Hilary Hahn, son seis meditaciones de música absoluta, de enorme exigencia técnica y gran desafío de concentración y resistencia técnica, que Manuel Guillén afrontó con entereza y solvencia. No es costumbre interpretarlas en una única velada. Guillén adelantó que no era lo habitual y que por primera vez iba a suceder en Córdoba y en Andalucía. Y a tenor de lo vivido, puede encontrarse la explicación en el exceso que implica para público e intérprete. En cualquier caso, fue un acontecimiento que se inscribe, por derecho propio, en la historia reciente del Festival. La Sonata op. 20 de Cristóbal Halffter (1930-2021) que la precedió, obra de juventud escrita en un lenguaje atonal plenamente homologable a los lenguajes musicales que estaban hablando las vanguardias de mediados del siglo XX, sirvió de pórtico adecuado y redondeó un concierto planteado como homenaje a los dos insignes músicos recientemente desaparecidos.
Synergein project [en la foto] clausuró el Festival con una buena demostración de los derroteros de la investigación percutiva y rítmica actual. Los Tre Alberi de Pierluigi Billione (1960), pieza central del concierto de más de media hora de duración, no juega, precisamente, en claves de ritmo sino de investigación en las relaciones posibles entre fuentes de sonido, proceda éste del frotado inaudible de la superficie de un bombo, el golpeo de dos mazas entre sí o el de una maza a un amortiguador de vehículo. Previamente, deslumbraron con una riquísima panoplia de sonidos arrancados a las dos zanfoñas preparadas con múltiples prótesis y amplificación acústica que el mismo compositor, Manuel Valenzuela (1979), fabricó para la interpretación de su propia obra, «41». Con Wireless de Hugo Morales (1979), Synergein brilló de nuevo en un animado juego donde se superponían el sonido percutido manual sobre el puente de dos guitarras acústicas sin cuerdas al que se le añadía una capa extra procedente del punteo y acordes de una guitarra eléctrica.
El día de la clausura del Festival, a la misma hora, tenía lugar en Córdoba la puesta de largo de una gran institución cultural privada dedicada al coleccionismo de arte contemporáneo. Desembarcaba en la ciudad con una magna exposición sobre las tendencias más actuales en materia de creación artística cruzadas con un profundo discurso de preocupación y conciencia ecológica. Mientras las fuerzas vivas de la ciudad saludaban la exposición como la entrada de Córdoba por la puerta grande de la creación contemporánea, a pocos metros de allí, en el Conservatorio de Música, eso llevaba ya dos semanas pasando. Y además, por vigésimo cuarta vez. En veinticinco años.
C. Crespo García
(Foto: Synergein project)


