CÓRDOBA / Deambulando entre las ruinas de ‘Persépolis’

Córdoba. Centro de Creación Contemporánea de Andalucía. 8-XI-2024. Ángel Arranz, proyección de sonido. Juan José López, vídeo. Xenakis: Diamorphoses, Persépolis.
Con la apertura del imponente, en dimensiones y construcción en hormigón, Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A) también emergió, en el interior del edificio cordobés, la llamada Caja Negra, un espacio diáfano de altísimas paredes que el primer responsable de la institución, Álvaro R. Fominaya, pensó como lugar idóneo para la difusión de ciertas músicas experimentales. Desfilaron nombres señeros como Jana Winderen, Lucy Railton, Francisco López y Limpe Fuchs, entre otros. Todos se las vieron con la magnitud y complejidad acústica de un lugar que llegaba a ofrecer hasta diez segundos de reverberación, magnificando algunas decisiones estéticas y destartalando otras que se veían achicadas por las condiciones expuestas.
Después de una época un tanto azarosa y desnortada para el Centro, la Caja Negra se vio dotada por una reconversión, valorada en 1,5 millones de euros, que ahora sí le permite ser, con sus múltiples posibilidades, un importantísimo faro difusor para todo tipo de manifestaciones ligadas con las artes presentes. Es así como la actual responsable del C3A, Jimena Blázquez, ha decidido dar luz verde al ciclo denominado Exploratorio –nacido con voluntad de hilar una temporada y continuar en el futuro– comisariado por los compositores Bruno Dozza y Miguel Álvarez-Fernández.
Un ciclo que cobra una enorme relevancia, desde luego en el depauperado (para las músicas actuales) contexto cordobés, también en el propio de la comunidad autónoma, siendo así que la Junta de Andalucía, responsable de esta institución, finiquitó sin más el longevo Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central de Sevilla. Aceptemos entonces este Exploratorio como nueva antorcha para que determinadas músicas puedan sonar y expandirse más allá de esa frontera más real que imaginaria que, para tantas cosas, continúa siendo Despeñaperros.
Tras una difusión de la obra en el exterior del Centro, el viernes 8 de noviembre sonaba por vez primera Iannis Xenakis (1922-2001) en la Caja Negra. Lo hacía así su obra Persépolis (que solo hace unos meses se oyó en el madrileño CentroCentro, hecho del que dejamos constancia aquí) en las manos de su intérprete Ángel Arranz, profesor en el Conservatorio Superior Rafael Orozco de Córdoba. Intérprete sí, toda vez que las propias condiciones en las que se encuentra el material original de la cinta de Xenakis permiten un acercamiento muy libre a la hora de difundirla, de cómo hacerlo, de dónde poner más énfasis y, sobre todo, de cómo adaptar esta masa de sonido a las condiciones de la sala en la que se proyecta. No se pierda de vista que la obra fue estrenada, al aire libre, en las ruinas de las fortalezas del emperador Darío II, ubicadas en la antigua capital persa. Como allí, hablamos de 1971 y del Festival Internacional de Shiraz, el público era invitado en la Caja Negra a deambular a sentarse, tumbarse o transitar por todo el espacio.
Como prólogo a la obra central, Ángel Arranz decidió incluir una pieza previa, la audición de Diamorphoses (1957), primera creación electroacústica de Xenakis que, en tantas direcciones, se configuró como un estado primitivo de Persépolis, como un ensayo de pequeñas dimensiones. Hoy suena cavernosa y chisporroteante en sus bajos, en muchos sentidos pareciera haber sido grabada con hidrófonos por las cualidades de muchos de sus sonidos, unos sistemas de grabación que el compositor greco-francés no llegó a abordar. Tras su fin y con el eje de una pausa dramática de silencio suspensivo, Persépolis entró en tromba, como una apisonadora, un muro sonoro que, durante los primeros minutos, provocó una sensación de dislocación auditiva. El efecto, tan feroz como fascinante, no iba a ser el único previsto.
Podía Arranz, desde la difusión del sonido, haber tomado el camino más previsible en un lugar de estas dimensiones, esto es, acercar a Xenakis a los contornos del noise y plantear una versión unívoca. Lo hizo así en los primeros pasos de la misma, como para asentar un estado de la cuestión, también una llamada de atención hacia un material antiguo y radicalmente nuevo a la vez; era la primera vez que esta música sonaba en Andalucía. Luego, consciente de las potencialidades de esta música para ocho canales parlantes, comenzó a dirigir la pieza, apuntalando unas texturas sobre otras, dando especial énfasis al drone que se agazapa en las profundidades de esta y que la permea durante la hora de escucha. Entendiendo que muchos de los sonidos empleados en la cinta son el resultado de transformaciones realizadas sobre grabaciones de instrumentos de la orquesta, en ciertos pasajes algunos altavoces parecían enunciar las protuberancias del masivo lenguaje orquestal xenakiano; se oyeron gigantescos glissandos que hacían dudar, en efecto, de si estábamos ante un material puramente acústico difundido por altavoces. También hubo contornos cortantes, “sonidos cerámicos, posiblemente motivados por una mirada arqueológica hacia el desierto iraní”, según Arranz.
La difusión, muy entroncada con la tradición de la música concreta engrandecida después por la creación del acousmonium en 1974, tuvo evidentes ribetes franceses en la búsqueda de una estratificación sonora muy marcada, pero también desde luego en la propia configuración de las fuentes de sonido, y en la escueta pero efectiva escenografía (costaba pensar que se vivía esta experiencia en Córdoba) que constituía el propio público con sus decisiones de habitar y deambular por Persépolis desde la óptica deseada. Una opción decididamente personal que engrandeció al encargado de hacerla revivir, más teniendo en cuenta que su formación, ligada al Instituto de Sonología de La Haya, le podrían haber llevado a una relectura más marmórea y ruda.
Acompañó la audición un trabajo audiovisual de Juan López López, que realizó una muy desacertada introducción a la obra de Xenakis, más interesante en sus ejemplificaciones gaseosas y geológicas que en la concreción masticada de muchas de sus imágenes narrativas (edificios derruidos, personas en situación de penuria, etc.) Fácilmente esquivable el vídeo, se entiende y se disculpa el añadido como forma de tender la mano al público. Ojalá este Exploratorio siga escarbando en el Xenakis electrónico proponiendo la otra gran página en este ámbito que nos legó, La legende d’Eer. En ese mientras tanto deseado, quedan ya fijados en el calendario próximos encuentros con la música electroacústica, ya en el quehacer archivístico de Guy Marc Hinant (8 de marzo), en la recuperación de Telemusik, de Karlheinz Stockhausen, o en la escucha póstuma de una obra nueva de Susana Jiménez Carmona que difundirá Carlos Suárez (24 de enero).
Ismael G. Cabral


