CÓRDOBA / Alegrías latinas para celebrar una gran temporada

CÓRDOBA / Alegrías latinas para celebrar una gran temporada

Córdoba. Gran Teatro. 16-VI-2022. Pacho Flores, trompeta. Orquesta de Córdoba. Director: Carlos Domínguez Nieto. Obras de Márquez, Alderete y Ginastera.

¡Qué inagotable parece la cantera de músicos extraordinarios nacidos del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela que fundara el gran José Antonio Abreu! Aparte del caso singularísimo de Dudamel, impresiona comprobar día tras día, en las salas de concierto y en las innumerables retransmisiones online de la música clásica, la creciente presencia de músicos venezolanos en las principales orquestas del mundo. Toda una prueba del triunfo de este experimento de convertir la práctica musical en escuela de vida del que se pueden sacar muchas lecciones. De ese ecosistema procede el trompetista Pacho Flores, ganador del prestigioso concurso Maurice André y actual artista exclusivo de la Deutsche Grammophon. Un lujo, por tanto, contar con una luminaria así como invitada a la ‘fiesta latina’ que la Orquesta de Córdoba y su titular, Carlos Domínguez Nieto, habían preparado para cerrar la temporada de abono en curso, una temporada que, vista en retrospectiva, merecía una fiesta de este tipo como adecuado colofón.

El corazón del programa consistió en dos obras donde pudo brillar toda la capacidad del trompetista venezolano, el Concierto Mambí de Igmar Alderete, estreno mundial del compositor y violinista cubano, primer violín de la Orquesta de Córdoba para más señas, y el Concierto de Otoño del mexicano Arturo Márquez. Alderete plantea su Primer concierto para trompeta y orquesta como una suerte de Vida de héroe ‘a la caribeña’, pero lejos de las ínfulas sobreactuadas del héroe straussiano, nuestro héroe cubano es más corpóreo, más sanguíneo. De ahí el título. Mambí es el nombre que recibía el espontáneo sublevado frente al yugo de la dominación española. La composición de Alderete, dos allegros y un adagio central, enhebra un rosario de situaciones y estados de ánimos de un mambí imaginario que, a nuestros oídos, se narraron cinematográficamente. A la memoria venían por momentos recuerdos de algunos mundos sonoros de Herrmann, Goldsmith o Bernstein, por la conjunción de intriga, tensión y base rítmica. El carácter extrovertido de Flores jugó a favor de una obra repleta de inflexiones expresivas. El uso de distintas opciones instrumentales, como el fiscorno o el cornetto piccolo, ampliaron aún más el despliegue de recursos logrado por Flores.

Menos expresionista en su lenguaje, el Concierto de Otoño de Arturo Márquez mira de reojo los grandes modelos clásicos: con un melodismo fácil y pegadizo, el Allegro inicial, Son de Luz, es una de gran solidez constructiva, con una coda que fue un auténtico tour de force para el solista por la intensidad demandada. En la Balada central, Flores exhibió fiato y sentido del canto legato. La frenética Conga final iba a llevar al público al infarto hasta que… hasta que Flores metió una morcilla en plena cadencia final, dirigiéndose al público en clave de humor y haciendo chistes musicales sobre Bach, Mozart o lo que viniera en gana. El público enloqueció y Flores se lo metió en el bolsillo. En este punto el concierto era, literalmente, la fiesta anunciada. Volvió la música para poner punto final a la obra y llevar al público al delirio.

Hizo de pórtico de la velada el Danzón nº 2 de Márquez, santo y seña de la música latina contemporánea, llevado con adecuada indolencia y flexibilidad rítmica por Domínguez-Nieto, que volvió a demostrar que en este repertorio tiene pocos contrincantes. Llegados al final del concierto, quedaba solo una obrita que parecía de trámite, las cuatro danzas de su Suite Estancia de Alberto Ginastera, retazos de un proyecto inacabado de ballet inspirado en la figura mítica del gaucho y los paisajes inacabables de la Pampa. Los catorce minutos de música que vinieron a continuación fueron, sin exageración, de lo más extraordinario que orquesta y director han ofrecido hasta la fecha.

C. Crespo García

(Foto: Paco Casado)