CÓRDOBA / Alba Ventura inaugura el Festival Rafael Orozco

CÓRDOBA / Alba Ventura inaugura el Festival Rafael Orozco

Córdoba. Conservatorio Rafael Orozco. 8-XI-2019. Alba Ventura, piano. Obras de Isaac Albéniz y Wolfgang Amadeus Mozart.

El Festival de piano Rafael Orozco de Córdoba ha alcanzado su mayoría de edad con la programación de ocho recitales y dos conciertos a lo largo de este mes de noviembre que, como ha venido ocurriendo en pasadas ediciones, lo convierte en una de las citas musicales más relevantes que tienen lugar en la ciudad andaluza a lo largo del año. El concierto inaugural ha sido protagonizado por la pianista barcelonesa Alba Ventura, interpretando dos sonatas de Mozart y los dos primeros cuadernos de la Iberia de Albéniz, todo ello aderezado con un estudio de Chopin. Como bis, este sirvió de relajado contraste ante la densidad de los sones de la obra cumbre del insigne compositor de Camprodón.

Desde los primeros ataques de la Sonata en Sol mayor, KV. 283 de Mozart se notó la tensión que Ventura quiso imprimir a su ejecución, predispuesta por el aire Allegro de su primer movimiento, que tocó con soltura y una intensidad media más elevada que la que pide esta música, pensada para el pianoforte y cuyo efecto sonoro hay que procurar trasladar a las posibilidades de un moderno piano de cola atenuando la dinámica de su expresión. En este sentido funcionó mejor en el Andante, favorecido por la intensidad marcada por el modo menor de su parte central. Motivada por la rítmica ternaria que rige el Presto final, la pianista hizo una exuberante exposición de su contenido anticipando, de algún modo, las mayores exigencias virtuosísticas que iba a presentar la Sonata en Re Mayor Kv.311 que interpretó a continuación. En esta obra, Alba Ventura empezó a mostrar su cinética afectada como complemento importante de su manera de actuar, con unos movimientos en su ejecución que se mantuvieron patentes a lo largo de la obra, incrementándose en el rondó final, de manera más llamativa en esa especie de pequeña cadencia central con la que la pianista justificó su tendencia a mantener un constante estado de ensimismamiento.

Sin dejar su impronta personal interpretativa de marcado sentido romántico, entró en una especie de trance emocional cuando se introdujo en el pianismo de Albéniz a partir del número inicial del primer cuaderno de Iberia. Enfatizando sus armonías, acentuó la lentitud en Evocación, para así reflejar su conexión inspirativa con el impresionismo. En El puerto desencadenó su mejor talante expresivo haciendo una aflamencada pintura sonora de claro sabor descriptivo que tuvo en el final su momento más intimista. De El Corpus en Sevilla hizo una lectura poemática como queriendo incidir en la organizada esencia de cortejo que quiere el autor impulsar desde el teclado. Su temperamento emocional subió enteros proporcionalmente a las atentas y, a la vez, contrastadas tensiones que requiere la interpretación de esta asombrosa creación pianística. La pieza exige una técnica de pedal superlativa a la que se aproximó en la etérea sonoridad que, como muestra, ha de alcanzarse en los impresionistas acordes de tonos enteros de la coda.

A partir de esta pieza, Alba Ventura fue ahondando en su identificación con el pensamiento de Albéniz, llegando a concretar de alguna manera la particular indefinición estilística que encierra Rondeña, la pieza que abre el segundo cuaderno, tratándola como si de una copla simultánea a una danza se tratara. Todo un interesante planteamiento en lectura y sentido. Pudo con las alternancias rítmicas de Almería, dando una orientación calma de su discurso al asumir con elegancia el canto de sus melodías llenas de variados acentos, posiblemente el aspecto más intricado de esta pieza, que Alicia de Larrocha desentrañó con sin igual talento. Triana, que cerraba su actuación, le sirvió para explorar los sentimientos vivenciales de este popular barrio hispalense genialmente plasmados en el piano por Albéniz y que tuvieron su reflejo en la acertada imitación que la pianista hizo de taconeos y castañuelas.

El público, que llenaba el salón de actos del Conservatorio de Córdoba, quedó encantado con este concierto como se puso de manifiesto en un gran aplauso que fue correspondido por la intérprete con una técnica ensoñación de Chopin, en las que mostró su vena romántica con especial significación y sutil exposición. Se cerraba así un recital que ha dejado las mejores impresiones de cara a la apertura de esta edición del Festival, que presenta un contenido bien atractivo y más que interesante.