Continuum XXI une los extremos del repertorio en su debut discográfico

MUSIC OF EXTREMES:
Obras de Telemann, Vicončaij, Arroyo, Ligeti, Sánchez-Verdú, Berio, Rebel, Lazkano y Monteverdi. Continuum XXI. NEOS (1CD)
La ejemplar labor del ensemble Continuum XXI se ha visto premiada con el que es su primer lanzamiento discográfico, Music of Extremes, un compacto que ha visto la luz en uno de los sellos europeos más importantes en el campo de la música contemporánea, el alemán NEOS.
Y es que uno de los objetivos fundacionales de Continuum XXI —formación que tiene como director artístico al compositor español Alberto Arroyo— es el de poner en diálogo la música del pasado con la del presente, acercándolas a través de un mismo medio, el de los instrumentos antiguos, tan idóneos para interpretar el repertorio de hace tres siglos como para motivar hoy la creatividad de los compositores que para la plantilla de Continuum XXI escriben, en la que nos encontramos desde clave hasta violín barroco, pasando por viola da gamba, percusión histórica o flauta de pico.
Como nos indica Alberto Arroyo en sus notas para esta edición, el proyecto Música de los Extremos nació en 2018 y, desde entonces, ha ido sumando partituras y reflexiones (artísticas, filosóficas, culturales…) alrededor de esa dialéctica de opuestos sobre la que se ha ido construyendo buena parte del más sustancial arte europeo: «la furia y la fragilidad, el caos y el orden, silencio y locura, grito y verdad» —especifica Arroyo—. Con tales puntos de partida, nos lanzamos a la escucha de un compacto en el que dichos extremos se abocan al diálogo, a los puntos de encuentro, a lo que de común nos construye (en un mundo repleto, hoy, de quienes pretenden dinamitar los puentes con el otro, ya sea ese otro individuo o cultura —hasta butades como el antojo de destruir en un solo día civilizaciones milenarias, hemos tenido que escuchar últimamente—).
Milenario no es, todavía, Georg Philipp Telemann, pero lo será, pues los valores que porta su música lo acreditan para convertirse en un perfecto representante del mejor Barroco. Del amplio catálogo del compositor alemán, Continuum XXI nos presenta aquí su Trio Sonata en Re menor TWV 42: d10 en un arreglo de para flauta dulce, violín barroco, viola da gamba, clave, archilaúd/guitarra barroca y percusión. Destacan en esta versión su firmeza rítmica y su frescura, capaces de convocar desde ecos de la música cíngara a unir esos extremos de mecanicismo y fluidez que Continuum XXI quiere articular por medio de un cuidado uso del bajo continuo —tal nos indica Arroyo—. Se suma aquí, asimismo, una notable impronta meridional, desde la flauta de pico de Moisés Maroto hasta la festiva percusión de Daniel Garay, creando una proliferación rítmica y tímbrica que, en este repertorio, se agradece por su riqueza y modernidad.

Además de los músicos que integran su plantilla, Continuum XXI se ha abierto desde su fundación a proyectos con compositores y artistas que incorporen nuevas perspectivas al repertorio histórico y al contemporáneo. Tal es el caso, en este compacto, de Ferdinand Vicončaij (alias del filósofo Friedrich Hausen), que nos propone tres interludios para voz, flauta dulce, violín barroco, viola da gamba, clave y electrónica; tres piezas la primera de las cuales, Improvisation on one single tone – Omaggio a Giacinto Scelsi, se adentra en la mistérica densidad de la música del conde de Ayala Valva, con gran respeto a sus construcciones microtonales (tímbricamente coloreadas con unos instrumentos antiguos que le confieren una pátina histórica que hubiese entusiasmado a Scelsi), además de con un profundo recitado en el que los versos concitan esa misma herencia de un pasado hoy florecido como fragilidad y sutiles abismos de color.
La primera partitura de Alberto Arroyo que aquí escuchamos es Qué extraño pájaro (2025), cuarteto para flauta dulce, viola da gamba, clave y archilaúd de una belleza intemporal que sería la mejor respuesta para aquéllos que creen que ‘hoy en día los compositores modernos ya no saben escribir como los de antes’. En su cuarteto —cuyo título extrae de un verso de la poeta cacereña Carmen Crespo—, Arroyo lleva a cabo lo que denomina «música antigua ficción», tomando el Aria de las Goldberg-Variationen BWV 988 (1741) para especular cómo hubiese compuesto Johann Sebastian Bach, de haber sido francés. Concebida como un homenaje al Kantor y como un regalo a sus compañeros de ensemble, Qué extraño pájaro se embebe de una sutil elegancia y de un fraseo que, en los instrumentos de Continuum XXI, es realmente delicioso.
Proseguimos nuestro viaje de la mano de György Ligeti, con una de las más icónicas partituras contemporáneas escritas para instrumentos antiguos: el clave. Nos referimos a Continuum (1968), obra en la que se lleva al límite la digitación del clavecinista y la percepción del oyente a la hora de crear, precisamente, la ilusión de un continuo en el sonido, construido tanto con el golpeo a las cuerdas del instrumento como con los ruidos colaterales del mecanismo del clave. De entre los clavecinistas que han grabado Continuum, tres nombres se antojan cruciales: los de Antoinette Vischer (Wergo, 1968), Élisabeth Chojnacka (Wergo, 1984; Sony, 1995) y Erika Haase (col legno, 1990).
Curiosamente, las duraciones de las versiones de Vischer y la segunda de Chojnacka coinciden en 3:36 minutos; mientras que la primera de Chojnacka se iba a 3:59, y la de Haase a unos fulgurantes 3:13. Con sus 4:15 minutos, la impecable versión de Darío Tamayo que aquí se recoge no es tan trepidante como las antes citadas, apostando más por la creación de planos, polirritmias y una verticalidad que nos recordará a otra partitura del compositor húngaro (por la masividad que Tamayo despliega con su clave): Volumina (1961-62).
Otro aspecto que hace de la versión de Darío Tamayo una interpretación digna de conocer es su tramo final: tan detallado, progresivamente atenuado y en el que escuchamos ya más el mecanismo que las propias notas del clave, volviendo a convocar la dialéctica entre mecanismo y fluidez que articula este disco y el trabajo de Continuum XXI (grupo cuyo nombre se debe a la propia partitura de Ligeti).
Tras un atmosférico interludio poético de Ferdinand Vicončaij, escuchamos la música de uno de los compositores españoles que más y mejor ha escrito para instrumentos antiguos en las últimas décadas, José María Sánchez-Verdú.
Del algecireño se incluye en este compacto El laberinto de Dédalo (2023-24), cuarteto para flauta dulce, violín barroco, viola da gamba y clave repleto de pálpitos y proliferaciones, ya sea en la materia tímbrica, ya en el ritmo, lo que acaba construyendo musicalmente tanto el propio laberinto al que el título de la obra nos remite como el deseo de huida de quién allí se adentra.
Ello depara un viaje en el que los planos se multiplican y los puntos de fuga se con-funden en el cuarteto. Desde los pasos-pizzicati en las cuerdas, hasta el aliento del caminante en la flauta de pico, los elementos musicales de corte programático (muchos de los cuales remedan procesos fisiológicos del ser humano) se unen a un trazo abstracto en los compases más complejos y saturados, en los que la desorientación y el temor abruman a quien se ha extraviado en los laberintos del vivir.
Con Gesti (1966), de Luciano Berio, alcanzamos otra de las partituras emblemáticas para instrumentos antiguos escritas durante el pasado siglo; en este caso, para una flauta de pico que Moisés Maroto desdobla, ya sea en efectos percusivos, ya en golpes de aire y frullato, poniendo toda esa paleta contemporánea en diálogo con la música del Barroco. Tanto en lo más lírico de su fraseo como en lo más rugoso, Moisés Maroto nos deja una versión a tener en cuenta entre las mejores de Gesti.
Claro que, si de rugosidad e inclemencia hablamos en el repertorio barroco, pocas obras vendrán antes a nuestra mente que la pieza de apertura, Le Cahos, de Les Élémens (1737-38), partitura de Jean-Féry Rebel que aquí escuchamos en un arreglo para flauta dulce, violín barroco, viola da gamba, clave, archilaúd y percusión. De nuevo, gran presencia de Moisés Maroto en una primera voz más lírica y melódica, mientras que sus compañeros nos dejan una lectura áspera, tensa y desasosegante, rebeliana de ley, muy unitaria y firme en lo más tumultuoso, aunque se echa algo en falta la presencia de las versiones comandadas por Marc Minkowski (Erato, 1992) o Reinhard Goebel (DG, 1994), con un mayor volumen de sonido, primando aquí una muy analítica disección.
Además de su anterior guiño a Bach, Alberto Arroyo nos deja una excelente muestra de su talento como compositor actual con MELODIA MECHANICA II (2025), cuarteto para flauta dulce, violín barroco, viola da gamba y clave que se articula a través de dos ideas: «por un lado, las “microdiferencias” de timbre y afinación entre dos notas a priori idénticas tocadas de dos formas diferentes; y por otro a través de la llamada mechanica muta, una técnica nueva empleada en el clave consistente en usar exclusivamente el sonido de la mecánica del clave cuando todos los registros están quitados. El rumor creado desde lo mecánico se expande así a todos los instrumentos y termina por configurar un acercamiento al material musical muy corpóreo, casi sensual».
No es casual, el hecho de que este compacto reúna a José María Sánchez-Verdú y a Alberto Arroyo, pues éste fue alumno de un Sánchez-Verdú con quien comparte una firme pulsión en la articulación rítmica y un refinado manejo del timbre, resultando evidente la sensibilidad de Arroyo por los instrumentos que forman parte de su ensemble, con los que construye desde pasajes poderosamente saturados a asociaciones metainstrumentales que enrarecen las texturas de Continuum XXI de forma mágica, siempre dentro de esa dialéctica entre mecanización y ligereza que da sentido y coherencia a un compacto que aquí conoce otra interpretación sobresaliente.
Después de escuchar la tercera improvisación de Ferdinand Vicončaij, disfrutamos de la música de otro de nuestros mejores compositores actuales, Ramon Lazkano, de quien se incluye Ibaiadar 2 (2021) en una espléndida versión para violín barroco a cargo de Adrián Pineda, violinista que nos deja una nueva muestra de la enorme sutilidad y refinamiento del compositor vasco, cuyos armónicos, dobles cuerdas, sobrepresión y pizzicati conocen un timbre nuevo con las cuerdas de tripa, redundando en lo que Alberto Arroyo califica de «melodía ausente» en una música en la que tal vacío melódico se puebla de gestos repletos de rumores de la historia, fragilidad y belleza.
Belleza nunca falta en la música de Claudio Monteverdi, del que escuchamos Entrata e ballo en un arreglo para la misma plantilla que la empleada en Le Chaos. Pausado y elegante en la entrada, Continuum XXI nos deja en esta postrera partitura muy notables apuntes, rubricando el compacto con un festivo baile, pleno de encanto y vitalidad, que sirve tanto para volver a poner de relieve la calidad de sus instrumentistas como el trabajo de conjunto aquí realizado, ya sea en la música antigua, ya en la contemporánea, ofreciéndose las partituras compuestas en el siglo XXI en primera grabación mundial.
Paco Yáñez


