Como dos gotas de agua

Como dos gotas de agua

Que Haendel plagió toda partitura ajena que se puso delante de sus ojos es algo de sobra conocido. Si embargo, pocas veces lo hizo con tanto descaro y de manera tan indisimulada como con un pobre sacerdote franciscano llamado Francesco Antonio Urio, del que apenas se tenían (y se siguen teniendo) referencias, salvo que nació y murió en Milán. Hasta hoy, la fecha de nacimiento de Urio que se daba por cierta era la de 1631 o 1632, pero recientes averiguaciones la sitúan hacia 1650, dado que se ha descubierto el dato de que entró como novicio en Asís con 16 años. Su fallecimiento se produjo en torno a 1719. Urio fue maestro de capilla en la Catedral de Espoleto (cerca de Perusa) y en distintas iglesias de Spello, Urbino, Asís (en varias ocasiones), Génova, Roma (Santos Apóstoles), Venecia (Frari), Turín y Milán (San Francisco).

En agosto 2005, Musica Antiqua Köln recuperó un Te Deum de Urio (que sonó por primera vez, y tal vez última, en Roma en 1708) y lo interpretó durante el Festival de Música de Rheingau, en la Abadía de Eberbach. Para sorpresa de los haendelófilos, apenas había un fragmento de esta obra que no hubiera sido reutilizado por Haendel. Lo hizo en oratorios como Saul o Israel en Egipto, pero sobre todo en el Te Deum de Dettingen, encargo realizado al músico sajón para conmemorar un triunfo bélico inglés, que tuvo su estreno en la Capilla Real del palacio londinense de St James el 27 de noviembre de 1743.

Jorge II, en la batalla de Dettingen.

Jorge II, en la batalla de Dettingen.

Pongámonos en contexto histórico, porque este Te Deum haendeliano tiene su miga. Como su propio nombre indica, Haendel lo escribió con motivo de la victoria, durante la Guerra de Sucesión Austriaca (27 de junio de ese año de 1743), del monarca inglés Jorge II (que mandaba una coalición anglo-hanoveriana-austriaca) sobre las tropas francesas (al mando del duque de Noailles) en la batalla de Dettingen, localidad bávara hoy conocida como Karlstein am Maim.

Más allá de lo decisivo que fue este combate en el desarrollo de la guerra (la cual todavía duraría cinco años más), lo que más se recuerda de él es que fue la última vez que un rey se puso personalmente al frente de su ejército en el campo de batalla. En los casi trescientos años que han pasado desde entonces, todos los monarcas que en el mundo han sido parece que se han dado cuenta de que es bastante más cómodo y menos peligroso seguir el desarrollo de una batalla desde su palacio o, al menos, desde la retaguardia, a salvo de tiros y cañonazos.

Si escribo ahora sobre la batalla de Dettingen y sobre los dos tedeum (el de Urio y el de Haendel) es porque acaba de recuperarse otra obra del fraile franciscano. En concreto, unas Vespro per la Beata Vergine, grabadas en el sello discográfico Urania por Giovanni Battista Columbro al frente de la Orchestra Barocca di Cremona. Estas vísperas demuestra que Urio debió de ser un magnífico compositor y que no resulta extraño que Haendel se fijara en él. Ojalá no tengan que pasar otros quince años hasta que aparezca otra perdida de Urio.

Nota: La fecha del estreno del Te Deum de Urio en Roma (1708) no es un dato baladí: entre 1706 y 1710, Haendel residió en Italia, yendo y viniendo de una ciudad a otra. No es descartable, por tanto, que el compositor sajón hubiera asistido al estreno de aquel tedeum en la ciudad eterna.

Por si tienen curiosidad, les dejo aquí sendas grabaciones del Te Deum de Urio y del Te Deum de Dettingen para que cotejen hasta dónde llegó el plagio de Haendel.