Chloe Chua y la Singapore Symphony, en el tunel del tiempo

VIVALDI / LOCATELLI:
Las cuatro estaciones. Concierto para violín en Re mayor op. 3 nº 12. Chloe Chua, violín. Singapore Symphony Orchestra. Concertino: Chan Yoong-Han. PENTATONE (1 CD)
A veces resulta obligado preguntarse qué tipo de motivos pueden mover a un sello como Pentatone a publicar un CD como este, salvo que su verdadera intención —no revelada públicamente, por supuesto— sea la de entrar en el túnel del tiempo y hacer un viaje al pasado de cuatro o cinco decenios. Si estas Cuatro estaciones de la violinista singapurense Chloe Chua con la Singapore Symphony Orchestra se hubieran publicado en los años 60 del pasado siglo, estoy convencido de que habrían sido un rival muy a tener en cuenta por Herbert von Karajan y su Berliner Philharmoniker (quienes registraron la obra en Deutsche Grammophon) o, incluso, por I Musici (que hicieron incontables grabaciones en Philips de estos cuatro conciertos vivaldianos).
No niego que esta joven violinista atesore un buen número de virtudes musicales, pero sí creo que se ha equivocado (o alguien ha hecho que se equivocara) en la elección del repertorio. Habiendo como hay tantas obras por grabar que se ajustarían infinitamente mejor a su manera de tocar y a sus preferencias particulares, meterse en esta empresa es malgastar tiempo y dinero. Escuchando las Cuatro estaciones de Chua, la conclusión es que podrían servir a la perfección como música de ascensor en algún hotel de lujo. Lo mejor es, sin duda, el Concierto para violín en Re mayor op. 3 nº 12 de Pietro Antonio Locatelli, no porque esté bien tocado, sino por lo infrecuente que es en grabaciones discográficas.
Observando la foto que abre la carpetilla, se comprueba que al menos han tenido la inquietud de reunir un orgánico apropiado para este tipo de música de cámara (peor habría sido reunir una orquesta de sesenta efectivos, a lo Karajan), con 10 violines, 4 violas, 3 violonchelos y un contrabajo, más clave (barroco, este sí) y órgano de cámara. Para nostálgicos sin complejos.
Eduardo Torrico


