Scherzo | CRÍTICAS / CAPRAROLA / Alessandro Stradella, pura delicia, por Franco Soda

CAPRAROLA / Alessandro Stradella, pura delicia

CAPRAROLA / Alessandro Stradella, pura delicia

Caprarola. Palazzo Farnese. 31-VIII-2022. Stradella: Moro per amore. Silvia Frigato, Danilo Pastore, Margarita Slepakova, Eleonora Filipponi, Matteo Straffi, Federico Fiorio, Masashi Tomosugi. Ensemble Mare Nostrum. Director: Andrea De Carlo.

Moro per amore, la última ópera de Alessandro Stradella, ha dado el pistoletazo de salida al Festival Barroco Alessandro Stradella, inaugurado en el espléndido marco del suntuoso Palacio Farnese de Caprarola. Ante la eventualidad de que lloviera durante la representación de esta ópera, el escenario no fue el patio perfectamente circular de este palacio baroco del siglo XII, que está dotado de una una excelente acústica, sino un salón de la planta baja todo pintado con frescos grotescos, decoración de moda en la época. Lamentablemente, la riqueza decorativa no se correspondió con la acústica de la sala.

La orquesta Ensemble Mare Nostrum estuvo muy presente durante toda la función. Andrea de Carlo buscó en todo momento favorecer una riqueza tímbrica y una paleta variada de colores orquestales por encima de los matices. La suya fue una interpretación musculosa, icónica, efervescente, brillante, que envolvió al espectador en un capullo sonoro en el que el esplendor adamantino del sonido orquestal fue el sello distintivo de la interpretación. Podríamos decir que este de De Carlo fue un Stradella elevado a la enésima potencia.

Tan deslumbrante esplendor cristalino encontró digna respuesta en el reparto vocal, de gran calidad y perfecto dominador del estilo. Las voces también estuvieron a la altura de las circunstancias, empezando, no hace fala decirlo, por la protagonista Eurinda (una Silvia Frigato en estado de gracia) y siguiendo por Lucinda (Margarita Slepakova), soprano adecuadísima tanto en entonación como en timbre, y dueña de una voz firme y poderosa.

El cavernoso bajo Masashi Tomosugi (Rodrigo) asombró por su prodigiosa prosodia, capaz de hacer sonrojar a ciertos colegas italianos. La contralto Eleonora Filipponi (Lindora), de timbre andrógino, se mostró muy expresiva en la línea de canto. El luminoso tenor Matteo Straffi (Filandro) también brilló en su papel. No faltaron esas voces tan apreciadas por el público barroco hoy en día, las de contratenores. Federico Fiorio (Fiorino), un auténtico sopranista, asombró por su seguridad en las notas altas y por su capacidad para mantener el timbre y el volumen. Me gustaría escucharlo en alguna de esas arias de agilidad escrita para castrati, para comprobar si es capaz de tales hazañas. Más débil resultó el otro contratenor, Danilo Pastore, en su doble papel de Floridoro y Teraspe.

El libreto de Flavio Orsini resuena con amores traviesos, disfraces y golpes de efecto, como era costumbre en la época, para disolverse invariablemente en el final feliz. Esto proporciona a Stradella la inspiración necesaria para cincelar una música de altísimo nivel, que se anticipa a su tiempo. ¡Cuántas veces hemos reconocido aquí melodías que luego acabarían siendo de Haendel! La modernidad de Stradella es todo un descubrimiento para el neófito y la confirmación para el que ya conocía su música. La obra será objeto de una grabación discográfica de tres horas y media para el sello Arcana, si bien en Caprarola quedó reducida a dos horas. Pero dos horas que fueron pura delicia.

Franco Soda