BUCAREST / Nelson Goerner: profundidades alrededor del Do

Bucarest. Ateneo Rumano. 18-IX-2026. Nelson Goerner, piano. Obras de Bach, Schumann y Schubert.
El Concurso Internacional George Enescu combina las fases finales de las pruebas selectivas, con conciertos en los que participan algunos de los miembros del jurado. El día 16 de septiembre, por ejemplo, la pianista Marie-Ange Nguci, miembro del jurado, ofreció un exquisito recital junto a la jovencísima violinista Jenny Hyeonjeong Lee, quien deslumbró a sus quince años con sus depuradas interpretaciones.
El día 18, víspera de la final del concurso, el protagonista fue el pianista argentino Nelson Goerner, quien firmó una auténtica lección magistral de interpretación pianística. Sin duda, la madurez alcanzada por el músico lo sitúa en este momento en lo más alto del pianismo internacional. El programa giraba en torno a la tonalidad de Do, presente en sus dos modos. Comenzó con la Toccata en Do menor, BWV 911 de Bach cuya interpretación destacó por el cuidado, tanto dinámico como tímbrico, de las distintas voces que componen los pasajes contrapuntísticos y, en especial, los pasajes fugados. Pero Bach solo sirvió de aperitivo para una versión de la Fantasía en Do mayor, op. 17 de Schumann. Esta peculiar obra está dividida en tres tiempos en lo que es una especie de forma mixta entre la fantasía y la sonata. El esquema tonal básico es Do mayor para el primer y tercer tiempo, y do menor para el movimiento central. Goerner destacó por la expresividad contenida del primer tiempo, cuyo contundente final despertó algunos desorientados aplausos, antes de sumergirse en las inefables profundidades expresivas del segundo movimiento afrontado con brillante energía. Por último, en el tercer tiempo desplegó todo el lirismo cantabile que esta especie de lied sin palabras exige.

En la segunda parte se volvió a la tonalidad de Do menor con la Sonata en Do menor, D958 de Schubert. Es cierto que, a lo largo de la obra, tienen especial importancia las tonalidades alrededor del relativo mayor (Mi bemol) y en particular su subdominante (La bemol), pese a lo cual, particularmente en el primer tiempo, hay destacadas incursiones a la homónima mayor (Do mayor). Por otra parte, como suele ser habitual en el compositor, la tonalidad menor abre y cierra la obra, algo que contrasta con la tendencia, frecuente desde Haydn hasta Mahler, a concluir en la homónima mayor obras planteadas en tonalidad menor. A diferencia de sus colegas, Schubert tiende a ser fiel a las tonalidades menores en sus obras.
Goerner supo desgranar la particular complejidad de esta obra que, por un lado, tiene el elemento crepuscular propio de las obras finales del compositor y, a la vez, está impregnada de la intensa vitalidad que siempre caracteriza la música de Schubert, una contradicción que se hace evidente, especialmente, en el allegro final. Al respecto, el pianista argentino ofreció una versión equilibrada, profunda e intensa, con soberano virtuosismo técnico que deslumbra sin caer en el exceso.
El éxito fue absoluto y el músico se sintió invitado a ofrecer tres propinas. La primera de ellas fue una reveladora versión del Nocturno nº20 en Do sostenido menor de Chopin con el que, a modo de ascenso cromático, el pianista parece que quiso escapar de la tonalidad del programa. Su versión destacó por la exquisita sonoridad perlada que llenó el Ateneo Rumano. A continuación, ofreció el Preludio nº2 op. 23 en Si bemol mayor de Rachmaninov, para concluir con el Intermezzo op. 118 nº2 de Brahms.
César Rus
Foto: Andrei Gindac


