BUCAREST / Los pianistas orientales se imponen en el Concurso Internacional George Enescu

Bucarest. Ateneo Rumano. 17-IX-2026. Semifinales del Concurso Internacional George Enescu. Orquesta de Cámara de la Radio Rumana. Sebastian Casleanu, concertino.
El prestigioso Concurso Internacional George Enescu de Bucarest afronta esta semana su recta final con las últimas eliminatorias en la modalidad de piano. El concurso, en realidad, puede entenderse como tres concursos en uno: chelo, violín y piano. El día 7 de septiembre el suizo Samuel Niederhauser se alzó con el primer premio en la sección de chelo. El pasado domingo día 13, el jurado del festival sorprendía al mundo proclamando a Jayden King como ganador con tan solo once años de edad. El violinista estadounidense se convertía en el ganador más joven de la historia del concurso.
En estos días se decide el ganador en la sección de piano. La semifinal consistió en una auténtica prueba de fuego para los seis candidatos que todavía se disputaban el primer premio. Durante la mañana del día 17, cada uno de los candidatos tuvo que enfrentarse a una misma obra, a saber, la Suite nº2 op. 10 de Enescu. Publicada en 1904, se trata de una obra de juventud del compositor, pero en la que ya demuestra un estilo personal muy marcado. Sigue una estructura que podríamos definir como pre-neoclásica en la medida en que supone una vuelta a las formas barrocas. Lo cierto es que es una obra fruto de sus estudios en el Conservatorio de París y, en esa época, ya se estaba dando una vuelta a las formas barrocas en el contexto francés: encontramos ejemplos en Fauré o Ravel, y no deja de ser llamativo que esta suite de Enescu se publicase solo un año antes de la Suite bergamasque de Debussy (si bien se había compuesto en 1890). Sea como fuere, los cuatro números que componen esta suite hacen de ella una óptima obra para evaluar las capacidades de los concursantes pues exigen musicalidad, precisión, técnica y variedad en la paleta de colores.
A lo largo de la tarde del día 17 tuvo lugar la segunda fase de las semifinales. Este año, el Concurso ha introducido una novedad: los pianistas debían interpretar un concierto sin director junto a la Orquesta de Cámara de la Radio Rumana. Tres de los concursantes eligieron el Concierto nº21 de Mozart y otros tres el Concierto nº23, también de Mozart. La propuesta implica que los concursantes hagan no solo de pianista sino también de directores. Contaban, eso sí, con la ayuda del concertino Sebastian Casleanu, que ejercía como líder ayudando a los solistas en su función. Personalmente, tengo mis dudas sobre lo adecuado de esta propuesta. Al fin y al cabo, es un concurso de piano, no de dirección. No sé si los participantes tenían algún tipo de formación de dirección y no sé si es del todo justo exponerles a ello. Especialmente dispar fue el resultado en las introducciones orquestales del primer tiempo. El concursante chino Yiming Guo se levantó, marcó el compás y alguna entrada, desenvolviéndose bien en la labor, pero la mayoría intentaron simplemente salir del paso. La polaca Zuzanna Sejbuk se limitó a marcar mecánicamente el compás, no del todo convencida de su labor. La japonesa Rina Harada optó por marcar dos compases y luego quedarse sentada esperando su turno. El ruso Fedor Kossyi intentó imprimir cierto carácter con el gesto, pero no sé si fue buena idea… En general, los músicos de la orquesta tocaron igual, dirigiese quien dirigiese y hubo muy pocas diferencias entre versiones que se limitaron, simplemente, a la precisión en las entradas de la orquesta. La idea de hacer un Mozart sin director puede ser buena, pero tal vez la mejor opción sea que el concertino haga más presente su función de director, ocupándose de las introducciones y de marcar las entradas y dejando a los concursantes los diálogos con los solistas, en cuyo entendimiento sí creo que se puede valorar a un pianista con justicia.
Tras la exigente prueba, se han seleccionado tres pianistas para la final del sábado 19. Al respecto, el jurado supo valorar la extraordinaria musicalidad de Yiming Guo, quien fue el único que se enfrentó a la obra de Enescu sin partitura y cuya madurez se hizo patente en su interpretación del Concierto nº23 de Mozart. El surcoreano Jeongwoo Lee deslumbró por su virtuosística versión de la Suite nº2 de Enescu, especialmente en el Bourée que cierra la obra, mientras que en su versión del Concierto nº21 de Mozart destacó por la precisión y claridad de su interpretación. Por su parte, el taiwanés Pin-Hong Lin impresionó por unas dotes técnicas y, me atrevo a decir, naturales, extraordinarias. Sus amplias manos le permiten un soberbio dominio sobre el teclado del que sabe sacar partido con musicalidad.
No lo tuvo fácil el jurado, pues los tres concursantes eliminados demostraron que tenían méritos para entrar en la final. La polaca Zuzanna Sejbuk demostró un aristocrático sentido del fraseo en su versión de la obra de Enescu y deslumbró con el sonido perlado que ofreció en su versión del Concierto nº23 de Mozart. El ruso Fedor Kossyi demostró personalidad y cierto color local en sus interpretaciones, con un uso del pedal típicamente ruso. Lo cierto es que tanto la eliminación de Sejbuk como de Kossyi evidencia la preferencia del jurado por un estilo internacional estándar, antes que por las tradiciones interpretativas locales. Por último, la japonesa Rina Harada demostró todo su potencial gracias a unas más que sólidas interpretaciones.
César Rus


