BTHVN en Grabaciones (I): Theo Wangemann y el primer vestigio sonoro de Beethoven

BTHVN en Grabaciones (I): Theo Wangemann y el primer vestigio sonoro de Beethoven

Esta semana, en que celebraremos el 250º aniversario del nacimiento de Beethoven, recuperamos en formato web las columnas que Pablo L. Rodríguez ha venido dedicando desde enero hasta diciembre al compositor de Bonn en la páginas de la revista impresa, como apertura de la sección de Grabaciones. Abrimos el fuego con la grabación más antigua conocida de una composición de Beethoven.

***

Empezamos el año del 250º aniversario de Beethoven. Y conviene hacerlo por el principio. Por el primer vestigio sonoro de su música grabada. Un cilindro de cera, registrado en Berlín, seguramente el 13 de septiembre de 1889, que contiene dos minutos de un arreglo para violín y piano de la Romanza en fa, op. 50. El documento se localizó, en 1957, dentro de la Casa Museo de Thomas Alva Edison, en Louisville. Estaba escondido. El prolífico inventor lo ocultaba detrás de su cama y dentro de una caja junto a otros dieciséis cilindros grabados en Europa, entre 1889 y 1890.

Estos cilindros, además de la voz del Canciller von Bismarck o del Conde von Moltke, incluían también las primeras grabaciones de la música de Schubert y de Chopin. Sendos registros realizados en Colonia, el 23 de enero de 1890. En uno, el barítono Karl Mayer canta Wohin?, de Die Schöne Müllerin, casi completo y acompañado por el compositor Franz Wüllner al piano. Y, en el otro, escuchamos a Otto Neitzel tocando un fragmento del tercer movimiento del Concierto para piano nº 2. Pero todos estos documentos sonoros no se conocieron hasta 2012, cuando se publicaron dentro de la página web del Parque Histórico Nacional de Edison, en Nueva Jersey (https://www.nps.gov/edis/index.htm).

La historia del cilindro beethoveniano invita a recordar la figura de Adelbert Theodor Wangemann (1855-1906). Patrick Feaster redacta, en la referida página web, una completa biografía de este comercial papelero y después asistente de Edison, pero también hábil pianista y hasta compositor. Wangemann provenía de una familia berlinesa de industriales y recibió una sólida formación musical antes de emigrar a Estados Unidos, en 1879. Nueve años más tarde comenzó a trabajar para Edison. Hemos conservado algún cilindro de sus inicios sin mucho interés, aunque sabemos que grabó a Hans von Bülow al frente de la Sinfónica de Boston, en marzo y abril de 1889.

Edison lo envió a París, ese verano, para supervisar la presentación del fonógrafo en la Exposición Universal. Pero el viaje de Wangemann no se limitó a la capital francesa. Lo cuenta Stephan Puille también en la referida web. Entre julio de 1889 y enero de 1890 registró unos tres mil cilindros entre París y Viena junto a varias ciudades alemanas. Todos ellos se han perdido, a excepción de los referidos diecisiete descubiertos en 1957 junto al contenido del famoso cilindro de Brahms al piano, grabado en Viena y transferido a un disco en 1935. Wangemann hizo numerosas exhibiciones públicas del fonógrafo de Edison, donde grabó a varios músicos. Pero también algunas demostraciones privadas a personalidades, además de Bismarck y Moltke, como el káiser Guillermo II de Alemania, el zar Alejandro III de Rusia (de visita en Berlín) y el emperador Francisco José I de Austria.

El cilindro beethoveniano se registró, al parecer, en la primera exhibición del invento en Berlín, el 13 de septiembre. Wangemann contó con la sala de exposiciones de Siemens & Halske, ubicada en el nº 94 de Markgrafenstraße. Allí reunió a cuatro miembros de la banda del Regimiento de Granaderos de la Guardia del Káiser Francisco, entre ellos un tal Krahmer al violín junto a Schmalfuß al piano, que realizaron ese histórico cilindro de la Romanza en fa mayor, op. 50.

A su regreso, Wangemann siguió trabajando y experimentando con el fonógrafo en Nueva Jersey. Pero falleció, de forma trágica y repentina, en junio de 1906, arrollado y desmembrado por un tren.