Blueback de Nigel Westlake

NIGEL WESTLAKE
Blueback. Sophie Rowell, violín. Blair Harris y Sarah Hopkins, violonchelo. Yinuo Mu, arpa. Melbourne Symphony Orchestra. Director: Benjamin Northey. ABC Records (CD y digital)
Los compositores de la escuela neorromántica australiana, hijos todos del añorado Peter Sculthorpe, forman parte de una resistencia inopinada. Una resistencia que se acendra conforme nos adentramos en el siglo XXI y, en el afán de lo nuevo, se van orillando ciertos presupuestos esenciales de la música. Hay razones estéticas en esa resistencia, por supuesto, y también la herencia colonial, pero en ningún caso la sospecha de lo retrógrado.
Pienso en el infaltable Christopher Gordon, claro, y también en su colega Nigel Westlake, cuya música de cine y televisión descuella a la vera de algunas obras mayores de concierto —el abrumador Réquiem por Eli, por ejemplo— dentro de un catálogo profuso y admirable: recordemos los documentales The Edge o Antarctica, o las pelis Aviones de papel y Babe, el cerdito valiente.
Westlake vuelve a brillar en este su último encargo fílmico, Blueback, típica historia ecologista que aborda el asunto de los meros en riesgo de extinción del Arrecife de Coral y las conexiones afectivas de los humanos protagonistas que pretenden evitar la depredación del mar y de su fauna.
Inspirándose obviamente en la trama, dominada por el azul oceánico y una excelente fotografía subacuática, pero también en la figura de su padre marinero, Westlake concibe una minuciosa composición orquestal para cuerda delineada por el canto solista del violín y el violonchelo sobre texturas aguanosas ornadas con tremoli y sul ponticello que deliciosamente evocan el fondo acuático; sobre la ondulosa atmósfera armónica, avivada por unos arpegios de arpa y ululantes pasajes contrarrítmicos en los violines primeros —Swimming like a Fish— de signo neominimalista/ repetitivista, despunta un precioso leitmotiv en modo mayor —Beneath the Waves— que nos devuelve la fe en otra criatura amenazada por la extinción: el viejo melodismo romántico.
David Rodríguez Cerdán


