BOGOTÁ / ‘Tosca’ en el contexto de la violencia colombiana

BOGOTÁ / ‘Tosca’ en el contexto de la violencia colombiana

Bogotá. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. 19-XII-2021. Puccini, Tosca. Martina Serafin, Adam Smith, Bastiaan Everink, Jacobo Ochoa. Coro Filarmónico Infantil y Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia. Director musical: Andrés Orozco-Estrada. Director de escena: Pedro Salazar.

Como suele suceder hoy, las puestas en escena de las óperas y ballets se adaptan a nuevos conceptos más actuales, contemporáneos o de vanguardia. Por este motivo, la perspectiva de la Tosca de Puccini del director escénico Pedro Salazar parte de los aspectos de la violencia política de Colombia de mediados del siglo XX. En esta edición, la acción se localizó en 1948 en Bogotá y Roma, la ciudad eterna, se olvidó por completo. En el tercer acto ni aparecieron las sombras de la Basílica de San Pedro y mucho menos la figura de san Miguel Arcángel derrotando al demonio, en cambio se veía al fondo el Capitolio Nacional.

Para los colombianos. el ‘Bogotazo’ acaecido el 9 de abril de 1948 es una fecha recurrente en la historia nacional, pues en este día asesinaron al líder popular Jorge Eliécer Gaitán, y por este homicidio la ciudad explotó en una escalada de violencia, en donde la turba destrozó el centro histórico, hubo fuego en diversos lugares de la ciudad, se profanaron las iglesias, se asaltó el comercio, hubo de miles de muertos. Todavía hoy, esta fecha es importante porque es el día de remembranza de las víctimas del conflicto armado en el país.

En este contexto histórico se desarrolló la puesta en escena de la ópera de Puccini. Quizás la producción de Tosca pareció un poco forzada en su analogía del contexto de los triunfos de Napoleón Bonaparte en Italia y el conflicto colombiano. De todos modos, no se puede dejar de advertir que en el segundo acto siguió los cánones tradicionales de la acción, ya que los libretistas y el músico italiano describieron cada movimiento con mucha precisión en el libreto.

Tosca es una ópera melodramática y hay una ecuación fundamental: la diva que interpreta el papel principal debe tener una habilidad dramática y debe saber moverse en el escenario. Su contrincante, el Barón Vitellio Scarpia debe ser un actor, un cantante histriónico. De este modo, para el aficionado tradicional de la ópera, esta sumatoria es apasionante ya que ve a la víctima y al victimario se enfrentan en la escena. Tristemente, en la producción bogotana este confrontamiento estuvo fría, no hubo fuego, todo parecía tan fingido, tan falto de naturalidad, tan rígido.

El personaje de Scarpia es fundamental para el desarrollo dramático de la obra, sin embargo, en esta edición, la falta de histrionismo de Bastiaan Everink al encarnar al villano de la obra hizo que la puesta en escena tuviera una rigidez excesiva en los movimientos de los cantantes. Este barítono de los Países Bajos tiene el registro interesante, una voz llena, pero le faltaron los matices en las frases musicales, en los gestos actorales para encarnar a un personaje lascivo, hipócrita y violento. Para utilizar el lenguaje del fútbol, a este jugador se le puede considerar un tronco. Mientras tanto, Martina Serafin (Tosca) trataba de ayudar a su compañero de canto con una gestualidad exagerada que parecía una actriz de cine mudo. Realmente, todo parecía tan estudiado, tan irreal y con poca espontaneidad.

En cuanto a la voz de Martina Serafin como Tosca, se puede considerar que la soprano tiene el registro requerido del papel, además cantó con interés y sentimiento. Interpretó el aria Vissi d’arte con gran solvencia y dramatismo, pero sus agudos salen con mucho vibrato. En cuanto a los parlandos, los prefirió cantar y en algunos momentos le salieron chillones. La artista se destacó porque hizo una buena disposición en su interpretación y logró diversas dinámicas y matices en los momentos dramáticos. Sin embargo, el desarrollo psicológico y musical del papel estuvo limitado a las pocas habilidades teatrales del cantante que encarnó Scarpia.

Adam Smith, el tenor británico que interpretó al pintor Mario Cavaradossi, fue el verdadero triunfador de la velada. Su voz brillante y vibrante resonó en el teatro con gran fuerza y vigor, además, cantó con sentimiento e hizo los tradicionales alargamientos en el final del aria Recondita armonia del primer acto para que el público lo aplaudiera. El Vittoria del segundo acto estuvo emocionante y lo hizo con volumen. En cuanto a la tradicional E lucevan le stelle, del tercer acto, lo hizo tan bien, con tal grado de sentimiento que la audiencia apreció su carácter expresivo. En esta última romanza, lo hizo a la italiana, se hizo en el centro del escenario para atrapar al público, el cual al final de la ópera se puso en pie para ovacionarlo. Gracias a este solista, la presentación de Tosca será recordada y, en verdad, salvó la función. Fue el fenómeno de la fría tarde noche bogotana.

Es bueno destacar la labor de Jacobo Ochoa como el sacristán. La voz es muy buena y, sobre todo, matiza las frases puccinianas. Además, tiene volumen y si toma el papel de Scarpia en un futuro lo hará muy bien. De todos modos, de pronto por recomendación del director de escena o del musical, este personaje salió muy serio, no tenía hipo ni alteraciones en la voz y el sentido bufo del personaje se olvidó.

La dirección musical de Andrés Orozco-Estrada estuvo acorde con el melodrama y el lirismo pucciniano con grandes frases musicales y muy pendiente de todos los solistas. En el segundo estuvo amigable durante el dúo de la diva y Scarpia y ayudó a los cantantes en la coreografía que les hizo el director de escena, sin embargo, por salvar la situación, el sentido dramático se esfumó. En este sentido, hay que agradecerle la solidaridad hacia los compañeros de trabajo. En el último acto, cuando suenan las campanas de Roma (o de Bogotá) estuvo interesante, pero hubo muchos distractores, en especial, el ruido de los actores que estaban en la escena lo que no permitió dar fuerza a la escena.

La producción de Tosca del Teatro Mayor estuvo interesante por la apuesta a la David Livermore en la acción escénica. El vestuario no pasó de estar correcto, la escenografía bien diseñada, pero el juego de luces bastante flojillo, sobre todo al principio del último acto. La mayor debilidad de la representación estuvo en la falta de histrionismo de Scarpia, que afectó la acción dramática de gran parte de la obra.