Scherzo | CRÍTICAS / BOGOTÁ / Memorable concierto de música clásica latinoamericana, por Ricardo Visbal Sierra

BOGOTÁ / Memorable concierto de música clásica latinoamericana

BOGOTÁ / Memorable concierto de música clásica latinoamericana

Bogotá. Teatro Colón. 27-X-2022. Orquesta Filarmónica de Medellín. Gonzalo Ospina, violín. Fernando Martínez, flauta. David Merchán, viola. Directora: Tatiana Pérez Hernández. Obras de Juan David Osorio, Andrés Castañeda, Raimundo Pineda, Javier Álvarez, Carlos José Castro y Guido López Gavilán.

Pocas veces se puede apreciar todo un concierto de música clásica de autores latinoamericanos en las salas de conciertos. En este sentido, en una gira a Bogotá, la Orquesta Filarmónica de Medellín realizó un programa con compositores de Cuba, Costa Rica, Venezuela, México y Colombia, de este modo, el público pudo apreciar algunas páginas de autores contemporáneos para orquesta y, con mayor precisión, para la sección de cuerdas. El repertorio escogido para la velada tenía una clara vocación camerística.

La directora Tatiana Pérez Hernández supo extraer todo el colorido de estas composiciones, un poco desconocidas del repertorio habitual, pero marca un inicio para dar a conocer los creadores de esta parte del mundo. Es importante comentar que una de las grandes cualidades de este concierto estuvo en la gran calidad del sonido de la sección de cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Medellín, agrupación que logró tener una textura homogénea a lo largo de la noche, destacándose por la gran calidez de cada una de las piezas seleccionadas.

Es importante anotar que el concierto estuvo muy dinámico y el diseño del programa permitió dar un acercamiento de los trabajos contemporáneos en la música clásica, donde se percibieron obras con una clara vocación de la armonía clásica y otras, con más dimensión más rítmica. De este modo, se pudo perfilar que las obras como Lamento negro del colombiano Juan David Osorio, que sugiere el desarrollo de un canon y, de acuerdo con el programa de mano realizado por Julián Montaña Rodríguez, esta pieza “se basa en el bullerengue tradicional conocido como ¿Por qué me pegá?”. El bullerengue es un ritmo que lo interpretan tradicionalmente los descendientes de los cimarrones.

La obra Los adioses de Osorio es una pieza de un sonido suave y lírico, el cual se enlaza en un diálogo entre las cuerdas y el violín. Esta partitura trae recuerdos de la famosa Meditación de Thaïs de Jules Massenet. Una composición de carácter minimalista por su línea melódica reiterativa es Metro chabacano del mexicano Javier Álvarez, con un sonido de tipo urbano, en la cual se describe la multitud de personas que utilizan este medio de transporte en el DF. Más caribeña estuvo la Camerata en guaguancó del cubano Guido López Gavilán, donde el ritmo de esta danza se realizó mediante la orquesta de cuerdas y la parte rítmica estuvo a cargo de los mismos instrumentistas que palmotearon sincopadamente, así como la sección de violonchelos utilizó las cajas de estos instrumentos como bongós.

En esta velada musical latinoamericana se interpretó Serenata para cuerdas del colombiano Andrés Castañeda. Esta obra tiene dos movimientos, el primero de ellos es el Largo, con una dimensión lírica. En cambio, en el segundo, el Moderato se presenta con fuerza y dinamismo, marcado por el constante ostinato. Otra composición que se abordó fue el Concierto para flauta No. 1 del venezolano Raimundo Pineda. En esta página musical las cuerdas juegan con la percusión, en especial, las maracas, el xilófono y la pandereta, sin olvidar con la línea virtuosística del instrumento, interpretado con gran solvencia por Fernando Martínez.

Si bien todas las obras reseñadas han sido muy interesantes por su diseño sonoro y rítmico, una me llamó la atención y es el Concierto para viola serenata de luna del costarricense Carlos José Castro. Esta obra no tiene las tres partes tradicionales, sino cinco, en donde describe las fases del satélite de la Tierra, como también el ambiente de la noche. Dentro del cuarto movimiento se podía escuchar los ecos del sonido del rabel, el famoso instrumento asociado a la Edad Media. El solista David Merchán logró una buena interpretación y, por ello, armonizó el sonido de la viola con todo el conjunto con suavidad y delicadeza a lo largo del desarrollo melódico de la composición.

El concierto brindado por la Orquesta Filarmónica de Medellín de autores contemporáneos latinoamericanos fue memorable por la calidad de la ejecución de las piezas, por la selección de las partituras y, sobre todo, por la novedad de estas partituras que permiten evaluar el nivel compositivo actual de esta zona del mundo. Además, siempre es agradable escuchar creaciones nuevas que rompen el molde del repertorio tradicional de las salas de conciertos.

Ricardo Visbal Sierra