BOGOTÁ / Mahler con la fuerza de Zubin Mehta

BOGOTÁ / Mahler con la fuerza de Zubin Mehta

Bogotá. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. 24-VII-2019. Orquesta Filarmónica de Israel. David Radzynski, violín; Emanuele Silvestri, violonchelo; Christopher Bouwman, oboe; Daniel Mazaki, fagot. Director: Zubin Mehta. Obras de Haydn y Mahler.

Un magnífico concierto brindó el legendario Zubin Mehta con la Orquesta Filarmónica de Israel en una de las habituales frías noches bogotanas. El programa fue una selección de la tradición musical vienesa del antiguo imperio astrohúngaro, con un programa interesante, pero a la vez, opuesto en características estéticas. En la primera parte se presentó el plato de entrada con la Sinfonía concertante en si bemol mayor de Franz Joseph Haydn, obra del clasicismo con su refinado juego de instrumentos que rememoraron los sonidos de las cortes europeas del siglo XVIII. El plato fuerte fue la Sinfonía No. 1 en re mayor, más conocida como Titán de Gustav Mahler, con su poderoso volumen orquestal.

En la Sinfonía concertante en si bemol mayor, Hob: I:105 de Haydn, Zubin Mehta dirigió con suma elegancia la obra de Haydn, donde el sonido de la cuerda permitió una delicada línea musical, con buen ritmo, lleno de vitalidad, con los colores diferenciados de los solistas del violín, el oboe, el fagot y el violonchelo. El juego de los instrumentos hizo que la obra del compositor austriaco fuese muy entretenida con esa perspectiva tan gentil, aristocrática y refinada.

A lo largo de la obra de Haydn, Mehta siguió la escuela tradicional vienesa en donde la armonía y el ritmo siempre fue una conversación con los instrumentos solistas. En esta pieza se destacó la sección de cuerdas de la Filarmónica de Israel, puesto que lograron dar un color aterciopelado en su intervención. En sí, la Sinfonía concertante tuvo un sonido clásico, propio de la tradición vienesa, donde el ripieno orquestal estuvo siempre presente, así como la delicadeza de toda la descripción musical.

El plato fuerte fue la Sinfonía N°. 1 en re mayor de Gustav Mahler, más conocida como Titán, aunque este nombre no les gusta a todos los musicólogos y, se evita hoy, como sucedió en Bogotá, anunciarla con este título. La sorpresa que dio Mehta a la audiencia fue la inclusión del movimiento Blumine, el movimiento floral, el cual fue descartado por el mismo compositor en la edición final. De este modo, la audiencia pudo escuchar los cinco movimientos de la obra.

Luego de la primera parte de ver una orquesta de cámara, se pudo apreciar toda la dimensión orquestal de Mahler y la interesante distribución que hizo el director, en donde los cornos no estuvieron apartados a un extremo de la orquesta, sino detrás de la sección de madera, lo que hizo más contundente el sonido de la sinfonía. El primer movimiento comenzó con fuerza dramática, con el Langsam, el lento arrastrado que permitió el gran volumen de la orquesta y los efectos sonoros tan característicos del compositor.

El segundo movimiento fue el Blumine, y en verdad, al escuchar este fragmento en el conjunto de la Primera sinfonía de Mahler, es muy poética y delicada, frente al vigor de toda la obra. En este punto, la obra fue muy luminosa y llena de matices. Más vigoroso fue el länder, del tercer movimiento en este caso. La tradicional música austriaca sonó con gran ritmo y los violines reflejaron toda la locura de la danza campesina con gracia y brío, que contrastaba con la sutileza de la dirección de Mehta.

El cuarto movimiento, se percibió el humor sarcástico de Mahler con su combinación de las canciones populares y la música judía. En esta parte la vivacidad y la diversidad de colorido hizo que la orquesta describiera los diversos mundos del compositor. La última parte como es tradicional comenzó con el choque poderoso de los platillos y, en este apartado, la orquesta Filarmónica de Israel se lució con el esplendoroso volumen y la calidad de la sección de metal, aunque las trompas en algunos momentos del concierto entraban con retardo y con una dudosa afinación, esto pudo ser a la altura andina bogotana en donde la respiración cambia totalmente frente a la del nivel del mar y, esto afecta a los cantantes como a los instrumentos.

El final de la sinfonía fue apoteósico con el gran volumen en la famosa coda sonora y muy épica, donde los vientos se lucieron junto al conjunto de percusión. La ovación al maestro Mehta como también a la orquesta fue apoteósica, los aplausos fueron largos y varias veces el director fue llamado a recibir el saludo del público. En compensación a esta gran acogida hubo dos propinas, o los postrecitos, como se dice en estos lugares. La primera de ellas fue la obertura de Las bodas de Fígaro, en donde la sección de cuerda se lució al interpretar esta pieza con gran finura y sentido del humor.

La segunda propina fue la polka Unter Donner und Blitz (Bajo el trueno y el relámpago) de Johann Strauss II, un curioso postre musical que permitió el lucimiento de toda la orquesta, donde los trombones en cada momento de su intervención se levantaban para hacer más sonora la obra dancística de finales del siglo XIX. Una anécdota de esta ejecución fue la cornista que tuvo que resistir con resignación y taparse los oídos por el voluminoso sonido del estrépito del trueno, o de la gran caja, ubicada detrás de ella. Ha debido huir del lugar antes del huracán sonoro que se le avecinaba.

Los aplausos interminables hicieron que tanto el maestro Zubin Mehta como los miembros de la Orquesta Filarmónica de Israel se retiraron del escenario con las palmas de público. De este modo, el gran concierto que asistieron los que adquirieron las entradas a tiempo o vieron el concierto por vía digital, tuvieron la suerte de escuchar dos grandes interpretaciones, una de ellas la elegante y refinada Sinfonía concertante de Haydn, y la otra, la poderosa como voluminosa Sinfonía N°. 1 de Mahler.

Bogotá ha tenido suerte este año porque Mahler ha estado en las listas de compositores con gran cartel, entre ellas, la interesante versión de la Quinta sinfonía que interpretó la Sinfónica de Londres con Sir Simon Rattle el pasado mes de mayo en el Teatro Mayor. La primera con la Filarmónica de Israel con Zubin Mehta y la perspectiva de la segunda, Resurrección con la Filarmónica de Bogotá el próximo noviembre bajo la dirección de Josep Caballé-Domenech.

[Foto: Juan Diego Castillo]