Chailly a punto para NY

Duda el MET entre contratar a Fabio Luisi o a Riccardo Chailly para sustituir cuando llegue el momento a James Levine. Seguramente, querido lector, ni usted ni yo lo dudaríamos un segundo.
Para Luisi sería su consagración a pesar de unos cuantos fiascos, de no haberse hecho con las riendas de ese bombón a veces indómito que es la Staatskapelle de Dresde –para allá va Thieleman y que Dios les coja confesados. Para Chailly salir de un círculo hoy probablemente demasiado estrecho para él, pues si cuando eligió la Gewandhaus de Leipzig todo fue amor a la música hoy seguramente hay también una cierta ambición, también económica, que hace años contaba menos. Pudo venir a Valencia, es verdad, pero las cosas se hicieron al fin de aquella manera y al maestro, dicen, le pareció que faltó discreción mientras se negociaba. Imagínense una orquesta como la del Palau de les Arts con un director como Chailly, es decir, serio, sensato, inteligente, más joven, bastante menos irregular y mucho más barato que Maazel. Fue una pena. Según todos los síntomas, Chailly tiene la sensación de que se le pasa el arroz en Leipzig y viviría encantado la aventura americana que tan bien le fue y le irá a su compatriota Riccardo Muti. Hoy por hoy Chailly es un director al que se olvida con frecuencia en las listas de los mejores siendo, sin duda, uno de ellos. Nueva York sería para él un destino inmejorable y el MET tendría al fin un sucesor de verdadera clase para el gran Levine.


