BILBAO / ‘Tutto Verdi’: la guinda final

Bilbao. Palacio Euskalduna. 24-IX-2022. Temporada de ABAO Bilbao Opera. Angela Meade, soprano. Daniela Barcellona, mezzosoprano. Sergio Escobar, tenor. Giovanni Meoni, barítono. David Lagares, bajo. Coro de Ópera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director: Daniel Oren. Obras de Verdi.
Con este concierto ABAO ponía la guinda a su titánico Tutto Verdi después de haber subido a escena todas las óperas del catálogo verdiano, una proeza prolongada a lo largo de dieciséis años que junto a críticas razonables ha recibido aplausos igualmente merecidos. Sin ajustarse de manera estricta al tradicional formato de grandes éxitos, en su parte central el programa ofrecía casi en su integridad los actos III y IV de Aida. Quizás hubiese sido más atractivo y coherente darle inicio con el preludio de Macbeth en lugar de hacerlo con su música de ballet, pero la sabiduría y la entrega de Oren se impusieron desde las primeras notas y fue capaz, de la mano de una BOS muy compacta, de aupar la página a lo más alto.
Tras demostrar el Coro de Ópera de Bilbao su poderío en el icónico coro de gitanos de Il trovatore, Daniela Barcellona (Éboli en Bilbao en 2015) hubo de cantar en frío un aria tan comprometida como O don fatale de Don Carlo, a la que imprimió un tono intenso y apasionado con el que compensó cierta falta de mordiente. No estuvo al mismo nivel Giovanni Meoni, de voz modesta y singularmente opaca en la zona alta, aunque no eludió matices en su Eri tu de Un ballo in maschera.
El canto verdiano más genuino, el dominio absoluto del estilo y el legato de más alta escuela comparecieron en la voz de Angela Meade, cuya O patria mia de Aida, coronada con un magnífico do sobreagudo en pianissimo, fue lo mejor de la noche. En sus posteriores dúos con Amonasro y Radamés, sin embargo, ofreció una frialdad que contrastó con el ardor de Sergio Escobar, al que las frases finales del acto parecieron llevar al límite de sus capacidades. En la escena del juicio, en la que la participación de David Lagares como Ramfis fue tan breve como certera, Barcellona volvió a seducir más por la intensidad en la expresión (espléndida en Voi la terra ed i numi oltraggiate, voi punite chi colpe non ha) que por su afinidad verdiana.
Al término del acto final Oren logró una sutilísima extinción del sonido que unos precipitados aplausos impidieron asimilar, como sucedió después al finalizar el coro su Va pensiero de Nabucco. Y de igual manera que el concierto podría haber comenzado con una música superior, habría merecido despedirse con una obra más atrayente que el Inno delle nazioni compuesto para la Exposición Internacional de 1862 en Londres: música espectacular (lo fue también la interpretación) pero sin nobleza, sin esa grandeza verdiana tantas veces admirada en estos largos años de Tutto Verdi.
Asier Vallejo Ugarte


