BILBAO / El sueño de Senta

BILBAO / El sueño de Senta

Bilbao. Palacio Euskalduna. 18-I-2020. Wagner, El holandés errante. Bryn Terfel, Manuela Uhl, Wilhelm Schwinghammer, Kristian Benedikt, Itxaro Mentxaka, Roger Padullès. Coro de Ópera de Bilbao. Coro Easo. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director musical: Pedro Halffter. Director de escena: Guy Montavon.

Existe en El holandés errante de Wagner una contraposición entre el mundo real y un mundo sobrenatural de fantasía, de brumas y de sombras, en el que habita el Holandés, un personaje inquietante, desgarrador, sufriente, demoníaco, que vive eternamente acorralado ante un destino infernal. Wagner le ofrece, junto a los tripulantes de su barco, la música más moderna e innovadora de la ópera, la más poderosa, valiente y extrema, mientras que para el mundo de los vivos, de los grupos tradicionales (los marineros noruegos, las muchachas del pueblo), del avaro Daland y el sentimental Erik, conserva deliberadamente el estilo de las óperas alemanas de Marschner y Weber. Entre ambos mundos se sitúa la figura de Senta, atrapada en el hogar familiar, pero instintivamente atraída por la leyenda del Holandés, presa de una “fuerte locura que solo se puede dar en las naturalezas inocentes”; su balada, además de contener la esencia musical de toda la obra, tiene un sentido fantasmagórico y espectral que anticipa la llegada de una siniestra oscuridad.

Todo ello da sentido a la idea de Guy Montavon de situar la acción de la ópera dentro de la imaginación de Senta, de recrearla como un largo sueño del que no puede despertar. La primera escena, durante la obertura, nos muestra a los marineros noruegos contemplando la fuerza de las aguas, probablemente aterrados y espantados ante el horror que les espera. Decía Loren Eiseley que “si hay magia en este planeta, está contenida en el agua”, y en esa primera escena Montavon logra retratar simultáneamente la furia de la tempestad y el lamento que procede del mar, recóndito, flotando entre las olas. La entrada del Holandés es también poderosa, “extraordinariamente espectacular y seria”, como pedía Wagner, por la expresión de rabia y dolor del inmenso Terfel, que sostiene en su mirada toda la enorme tensión del momento. Pero a partir del segundo acto, en esa gran habitación en la casa de Daland que mantiene estética y decorados, la idea de Montavon comienza a perder romanticismo a medida que se va haciendo previsible, cada vez más confusa y menos poética. Lo que finalmente queda es lo que va en el exterior de la leyenda, un espectáculo de gran potencia visual, su ambiente de pura fantasía, más que lo que va dentro de ella.

En el mundo musical, maestro es una palabra que merecen no solo los directores mayores, sino también los jóvenes que muestran conocimiento, sabiduría y poder de mando. Pedro Halffter lo hace y más en este repertorio que lleva en su interior, en esta música que conoce tan bien y en la que es capaz de dejar su impronta. No solo se entregó a fondo desde la obertura, sino que consiguió mostrar que, dentro de esta partitura caracterizada por la furia del mar, las tempestades y los gritos de angustia, existe una parte en la que aparece la hermosura. En esa mirada tan variada encontró muestras alternas de fuerza y lirismo tanto en la BOS como en los dos coros (esenciales en esta ópera) y en un elenco sin fisuras.

Bryn Terfel es un Holandés imponente vocalmente y excepcional en su capacidad para seducir y remover al oyente, para despertar, mantener y transmitir una compasión profunda, para provocar fascinación y angustia. En su monólogo hubo brotes de auténtica desesperación. Manuela Uhl, omnipresente en esta puesta en escena, mantuvo la energía como cantante hasta los compases finales, en los que estuvo al límite de sus fuerzas; en cualquier caso, su voz tiene en el centro una presencia que le falta en la parte alta. Ambos estuvieron muy bien secundados por Wilhelm Schwinghammer, Kristian Benedikt, Itxaro Mentxaka y Roger Padullès, esenciales también por su presencia como personajes reales, puros, terrenales, con preocupaciones cotidianas, como seres de un mundo del que Senta solo puede liberarse a través de los sueños.