BILBAO / Arden los inciensos

BILBAO / Arden los inciensos

Bilbao. Palacio Euskalduna. 19-X-2019. Donizetti, Lucia di Lammermoor. Jessica Pratt, Ismael Jordi, Juan Jesús Rodríguez, Marko Mimica, Juan José de León, Maite Maruri, Gerardo López. Coro de Ópera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Director musical: Riccardo Frizza. Director de escena: Lorenzo Mariani.

Entre todas las obras teatrales de Donizetti, más de setenta repartidas a lo largo de tres décadas de actividad, Lucia de Lammermoor fue la que mejor conectó con la sensibilidad romántica de la época, la única en la que sus personajes parecen tan vivos como sus propias historias. Profunda, dramática y ligera, todo ello a la vez, se basa en la novela homónima de Walter Scott y toma de ella una acción perfectamente situada en tiempo y espacio, Escocia a finales del siglo XVII, aunque lo que realmente destaca es su ambiente oscuro, sombrío, ese aire angustioso, desolado y opresivo que acompaña a Lucia al abismo de la locura. La escena de Mariani, con la que la ABAO estrenaba temporada y marca (ABAO Bilbao Opera), conecta con ese sentimiento íntimo y crea ese clima tenebroso que es al mismo tiempo melancólico, como si narrase un largo sueño del que la protagonista no puede despertar hasta sus suspiros finales. Toda la potencia del drama se concentraba de igual manera en la figura dominante de Frizza, alerta siempre a lo que se cantaba en el escenario, al sonido que salía del foso y al sentido esencial de la melodía donizettiana; la suya fue una versión musical incisiva pero respetuosa, inmensamente respetuosa, con los cantantes. Y estos, especialmente los tres protagonistas, elevaron a lo más alto el nivel de la función.

Lucia es para Jessica Pratt el papel de su vida, lo ha cantado desde sus inicios y en teatros de todas las latitudes, aunque para su vuelta a Bilbao (después de Sonnambula y Don Pasquale) guardaba la novedad de hacerlo por primera vez en la tonalidad original, aún más aguda de lo habitual. Teniendo en cuenta que su voz se mueve mejor en la zona alta que en la central, que tiene presencia, musicalidad y coloraturas, su escena de la locura fue espléndida y dramáticamente impactante, y en ella creó, con el acompañamiento de la armónica de cristal, uno de esos momentos que ojalá durasen toda la vida. Instantes después Ismael Jordi cantó tan bien, con la elegancia en el fraseo de los tenores que hacen época, el aria “Fra poco a me ricovero”, que la escena de Lucia se convirtió inesperadamente en un recuerdo del pasado. La contundencia vocal de Juan Jesús Rodríguez, su recorrido por el interior despiadado y vengativo de Enrico, acompañó felizmente a ambos, quedando al final alejado de la vida, en una soledad atormentada que representaba la soledad de quien vive solo para odiar.