Scherzo | CRÍTICAS / BILBAO / ‘Anna Bolena’: recuperar lo perdido, por Asier Vallejo Ugarte

BILBAO / ‘Anna Bolena’: recuperar lo perdido

BILBAO / ‘Anna Bolena’: recuperar lo perdido

Bilbao. Palacio Euskalduna. 19-XI-2022. Temporada de la ABAO. Donizetti, Anna Bolena. Joyce El-Khoury, Silvia Tro Santafé, Celso Albelo, Marko Mimica, Anna Tobella, José Manuel Díaz, Josep Fadó. Coro de Ópera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director musical: Jordi Bernàcer. Director de escena: Stefano Mazzonis di Pralafera. Director de escena de la reposición: Gianni Santucci.

En pocas semanas ha coincidido Anna Bolena en dos de las principales temporadas de ópera españolas, la de Valencia y la de Bilbao, renovando el vínculo histórico que une a la ópera de Donizetti con nuestro país por ser la primera en escenificarse en el Liceu de Barcelona en 1847. Entonces no hacía ni veinte años que se había compuesto y no parecía destinada al olvido que sufriría durante las siguientes décadas, pero tras su relanzamiento a mediados del XX se ha ido imponiendo como un valor seguro en cualquier teatro del mundo si se cuenta con una prima donna absoluta, como las grandes Bolenas que han escrito la historia del papel desde el clamoroso triunfo de Callas en la Scala Milán. Toda la fascinación que provoca la ópera gira en torno a ella, a su doble condición de reina y figura histórica, a la mezcla de un carácter en el que confluyen el furor, la melancolía y una profunda humanidad. De una de esas Bolenas históricas, June Anderson, aún perdura el recuerdo en Bilbao.

Joyce El-Khoury como Anna Bolena.

Para recuperar la ópera después de que la pandemia impidiese subirla a escena en 2020 (con Angela Meade encabezando el cartel) la ABAO decidió confiar el protagonismo a la libanesa-canadiense Joyce El-Khoury, una apuesta arriesgada que no salió del todo bien dado que frente a algunas luces (una inteligente encarnación del papel y frases magníficamente delineadas en un Al dolce guidami muy aplaudido) prevalecieron sombras como un timbre no demasiado grato, ciertas estridencias en la zona alta y dificultades en las coloraturas. En Coppia Iniqua estuvo al límite, como es natural en una soprano cada vez más centrada en Verdi y Puccini (Tosca y Butterfly) a juzgar por sus compromisos recientes y futuros.

Celso Albelo en Anna Bolena.

El canto donizettiano más puro, la variedad en el fraseo y la templanza en la expresión estuvieron asegurados por Silvia Tro Santafé en Giovanna Seymour y por un Celso Albelo que mantiene la pujanza en los agudos pese a cierta pérdida de homogeneidad y redondez en la voz. Marko Mimica tuvo presencia vocal pero impuso un canto plano y monocorde a su Enrico VIII, retratado como un malo sin diversidad de matices. La buena voluntad de los secundarios y del coro no compensaron las desigualdades del elenco, al que Jordi Bernàcer arropó en todo momento aunando sensibilidad e ímpetu según demandase la partitura: el cuadro final adquirió todo su relieve dramático y de su mano la BOS, en un repertorio muy lejano al de sus grandes logros en el foso, cumplió con la seguridad que le es propia.

Escénicamente esta Bolena, de corte muy clásico, tampoco logró seducir del todo al transitar más por las sendas visibles de la tragedia que por el paisaje interior de los personajes, de manera que todo parecía supeditado a la relativa opulencia de los decorados y el vestuario. Bien estaba recuperar lo que la pandemia se llevó por delante, pero tras los triunfales Puritani del mes pasado este Donizetti quedaba definitivamente escrito en letras más pequeñas.

Asier Vallejo Ugarte

[Fotos: Moreno Esquibel]