Betsy Jolas cumple cien años

Hoy, 5 de agosto de 2026, Betsy Jolas cumple cien años. La compositora franco-estadounidense nunca ha dejado de componer, y de hecho ahora mismo se halla trabajando en el encargo más reciente que ha recibido, realizado por Simon Rattle. Varias instituciones han declarado este año como el «año Betsy Jolas»; desde la primavera se han multiplicado los homenajes para rendir tributo a una figura de primer orden de la música de nuestro tiempo —y una de las voces más singulares que ha dado.
Una infancia en el entorno de la revista transition
Betsy Jolas nació en París el 5 de agosto de 1926 en un hogar donde las palabras importaban tanto como el silencio. Su padre, Eugène Jolas, poeta, periodista y corresponsal del Chicago Tribune, era amigo de James Joyce, Henri Matisse y Edgard Varèse. Su madre, Maria McDonald —Maria Jolas—, era traductora (entre otros, de Gaston Bachelard) y editora. Juntos, unos meses después del nacimiento de su hija, fundaron la revista transition (1927-1938), una de las principales publicaciones de vanguardia del periodo de entreguerras, donde se publicó por entregas Finnegans Wake, de Joyce, bajo el título Work in Progress. La pequeña Betsy se cruzaba en el salón de su casa con Joyce, Beckett, Gertrude Stein, Matisse y Varèse. Su madre le dejó muy claro desde el principio lo que esperaba de ella: «Esta actividad tiene que permitirte ganarte la vida; crear, sí, pero dentro de la vanguardia». En 1940, los Jolas huyeron de la guerra en Europa y se instalaron en Nueva York.
Descubrimiento de Lassus, formación en Estados Unidos
En Estados Unidos, la joven continúa su formación musical: armonía y contrapunto con Paul Boepple, órgano con Carl Weinrich y piano con Hélène Schnabel. Canta y acompaña al piano en los Dessoff Choirs, dirigidos por Boepple, especialista en los grandes polifonistas del Renacimiento. Su primer concierto con el conjunto es un programa íntegramente dedicado a Orlando de Laso. El impacto fue decisivo, y hablará de ello durante toda su vida: «un deslumbramiento del que nunca me he recuperado». Aún hoy, el libro de Annie Cœurdevey dedicado a Lassus sigue ahí, en la mesa del salón de su casa. Y de ahí surgirá la frase que resume su estética: «El camino hacia la modernidad pasa por el Renacimiento. » En 1945 obtuvo la licenciatura en Humanidades en el Bennington College (Vermont).
París, el Conservatorio y el Domaine Musical
De regreso en Francia en 1946, Betsy Jolas ingresó en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París. Tres maestros contribuyen a su formación: Darius Milhaud (composición), Simone Plé-Caussade (fuga) y Olivier Messiaen (análisis). Toca el piano, el órgano, pero también dirige orquestas; en 1953 queda finalista en el prestigioso Concurso Internacional de Besançon. A continuación llegaron los primeros encargos: música para teatro, cortometrajes, cantatas radiofónicas… Todas ellas partituras sometidas a exigentes condicionantes que le permitieron perfeccionar su oficio. Entre 1955 y 1970 trabajó como programadora en la radio pública, una actividad que no le impidió seguir componiendo.
En 1964, su obra Quatuor II para soprano coloratura y trío de cuerda recibe su estreno a cargo de Mady Mesplé y el Trío de Cuerda Francés, en el marco del Domaine Musical de Pierre Boulez. Sin texto, construido únicamente a partir de fonemas al modo de los Swingle Singers, la obra plantea la cuestión que atravesará todo su catálogo posterior: la de la voz como enigma en el corazón de la música, la de la relación entre la expresión y el instrumento. Fue también la partitura que dio a conocer a Betsy Jolas dentro de la comunidad de compositores —y la primera ocasión en que una mujer figuraba en la programación del Domaine Musical—. Boulez seguiría siendo para ella un apoyo natural, a pesar de todo lo que, estéticamente, podría haber separado a ambos músicos.
La pedagoga, la matriz del espectralismo
Entre 1971 y 1974, Betsy Jolas fue asistente de Olivier Messiaen en el CNSM de París. En 1975 pasó a ocupar la cátedra de Análisis y, en 1978, la de composición, que desempeñó hasta su jubilación en 1992. Durante esos años formó a una generación decisiva de compositores: Tristan Murail, Gérard Grisey, Hugues Dufourt —las tres figuras fundadoras del espectralismo francés, corriente central de la segunda mitad del siglo XX—, así como a Gisèle Barreau y muchos otros. De este modo, Betsy Jolas se convirtió, indirectamente pero de forma indiscutible, en la matriarca pedagógica de una de las rupturas estéticas más importantes surgidas en Francia, aunque nunca compartiera las premisas de ese movimiento. Paralelamente desarrolló una intensa actividad docente a ambos lados del Atlántico: en Yale, Berkeley, Harvard y en el Mills College, donde ocupó la cátedra que anteriormente había desempeñado Darius Milhaud.
Una escritura independiente
La independencia constituye el hilo conductor de toda su trayectoria. Betsy Jolas rehuyó siempre la pertenencia a una escuela, rechazó la idea de la tabula rasa y se mantuvo al margen del dogmático serialismo que dominó la posguerra. «Busco soluciones a lo largo de la historia», ha afirmado. Sus referentes son los grandes maestros de la música vocal: los polifonistas del Renacimiento (Josquin des Prez, Orlande de Lassus), pero también Monteverdi, Mozart y Schumann. Semejante postura resultaba cuando menos poco habitual en la inmediata posguerra, marcada por la voluntad de ruptura radical. Sin embargo, esa mentalidad abierta le permitió mantener una relación de camaradería con Boulez, intercambiar correspondencia con Luciano Berio y profesar una profunda admiración por Stockhausen o Elliott Carter, a quien incluso rindió homenaje en su setenta y cinco cumpleaños, en 1982, con una breve partitura, Calling E.C.

Su escritura rechaza la idea de una «música pura» y abstracta en favor de un pensamiento musical más «carnal», sustentado en la expresión de la voz y en una música libre, cantable y con frecuencia inspirada por la literatura, ya sea antigua, clásica o contemporánea. Su obra instrumental revela un gran refinamiento muy ligado a la tradición francesa: el culto al timbre y la búsqueda de la belleza armónica. La música de Betsy Jolas respira con el aliento del canto y con la emoción de una narración siempre sutil y poética. Detrás de cada melodía parece desarrollarse una conversación en la que los instrumentos dialogan entre sí y relatan, con voz humana aunque sin palabras, pequeñas escenas cargadas de sugerencias.
Su catálogo abarca todos los géneros: ópera, música sinfónica y concertante, repertorio vocal y coral, música de cámara y obras instrumentales. Tampoco descuidó la música para el cine (Aimée, 1981, para una película de Joël Farges) ni la música destinada a los niños y a los músicos en formación (Enfantillages para coro a tres voces, Autres enfantillages con clarinete ad libitum). Su producción incluye asimismo partituras con dispositivos electroacústicos, obras para clavicémbalo, guitarra eléctrica o instrumentos históricos. Entre ellas figura Motet III: Hunc igitur terrorem, compuesta en 1999 por encargo de Les Arts Florissants de William Christie con motivo del vigésimo aniversario del conjunto.
Tres óperas
Esa estética del canto alcanzó su expresión más ambiciosa en tres grandes obras escénicas. Le Pavillon au bord de la rivière (1975), ópera de cámara en cuatro actos estrenada en el Festival de Aviñón, se basa en un texto del dramaturgo chino del siglo XIII Kuan Han Chin y fue un encargo del director de escena Bernard Sobel. Le Cyclope (1986), también estrenada en Aviñón, pone música al texto de Eurípides con una plantilla instrumental deliberadamente insólita: dos saxofones tenores, tres trombones, guitarra eléctrica, bajo y percusión. Finalmente, Schliemann (1982-1993), ópera en tres actos con libreto escrito junto a Bruno Bayen, se estrenó el 3 de mayo de 1995 en la Ópera de Lyon bajo la dirección de Kent Nagano y con puesta en escena de Alain Françon. La propia Jolas explicó así el sentido de esta obra: «En los años cincuenta se repetía constantemente que ya no era posible escribir ópera. Yo quería demostrar, precisamente, que sí lo era».
Un centenario y una obra en marcha
A sus cien años, Betsy Jolas continúa componiendo. A Little Summer Suite (2015), encargo de la Filarmónica de Berlín, estaba dedicada a Simon Rattle; ahora trabaja en una nueva partitura que parte de nuevo de un encargo del ilustre director británico. Latest (2021) recoge ecos de un viaje a Bali, referencias al jazz y a la voz humana, y constituye más un punto de llegada que una despedida.
En los últimos años su catálogo se ha enriquecido asimismo con una sucesión de breves partituras-homenaje: Signets — Hommage à Ravel (1987), Ravery — pour Pierre en ce jour pour les quatre-vingt-dix ans de Boulez (2015), Un post-it pour Henri, dedicada a Henri Dutilleux (2015/2022), Toi x3 para Nicolas Hodges (2018) o Postlude — Hommage à Claude Helffer. En 1982 recibió el Gran Premio de la SACEM, que obtuvo nuevamente en 2025. Ha sido galardonada también con el Premio Internacional Maurice Ravel (1992), el de la American Academy of Arts (1973) y el de la Fundación Koussevitzky (1974).
Simon Rattle resumía este mismo año la consideración de que goza hoy entre sus colegas: «Betsy Jolas es una de las compositoras vivas más extraordinarias que existen. Ha atravesado todas las épocas. Es divertida, sabia, imaginativa, ligeramente excéntrica… y su música se le parece». Una figura plenamente viva y una obra que lo está aún más.
El año 2026 habrá supuesto para Betsy Jolas una discreta avalancha de homenajes. El Festival [aspects] de Caen le dedicó en marzo ocho conciertos, clases magistrales y una exposición, con la presencia de la propia compositora. El sello Bastille Musique publicó un álbum doble, interpretado por Nicolas Hodges y Anssi Karttunen, que reúne veintitrés obras para piano y violonchelo compuestas a lo largo de medio siglo (1972-2022). Ludovic Morlot registró en Barcelona cuatro de sus partituras sinfónicas más recientes. Varias instituciones han declarado 2026 «Año Betsy Jolas». Ella misma se refería a este centenario con la franqueza que la caracteriza, en una entrevista concedida en marzo a Concertclassic: «Sigo trabajando, lo cual no me sorprende en absoluto. Necesito recordarme con cierta frecuencia que el centenario que estoy viviendo es el mío. Mi trayectoria como compositora ha sido toda mi vida. Componer es para mí una necesidad vital; también es una costumbre».
Pierre-Jean Tribot
(publicado con la gentil autorización de Crescendo Magazine)
Referencias discográficas
La obra fundacional
• Quatuor II, Mady Mesplé (soprano), Trio à cordes français. EMI CDC7 49904 2.
El centenario en disco
• Letters from Bachville; A Little Summer Suite; Latest; B-Day for Symphony Orchestra. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña, Ludovic Morlot. L’Auditori LA-OBC-012 (2024).
Otros hitos
• Musique de jour, en L’Orgue contemporain 1. Bernard Foccroulle. Ricercare RIC 072051 (1990).
• Études aperçues. Thierry Miroglio (percusión). Salabert / MFA SCD9411 (1992).
• Épisode quatrième, en The Solitary Saxophone. Claude Delangle. BIS-CD-640 (1994).
Foto de cabecera: © Jean-Christophe Marmara.


