BETANZOS / Un cúmulo de bellezas

Betanzos. Iglesia de San Francisco. 2-V-2026. Qvinta Essençia. Obras de Francisco Guerrero, Alonso Lobo, Alonso de Tejada, Antonio Cebrián, Juan Vásquez y Juan de Esquivel de Barahona.
Iglesia de Santa Maria do Azogue. 3-V-2026. Johanna Rose y Sara Ruiz, violas da gamba. Obras de Hume, Locke, Marais, Schenck, Simpson, Schaffrath y Sainte-Colombe.
Como este crítico no disfruta del don de la ubicuidad, no pudo asistir al primero de los conciertos de la presente edición, ya la séptima, de Música Antigua en Betanzos, que se celebró el pasado fin de semana en la bella ciudad “de los caballeros” a cargo de la soprano María Espada con Manuel Minguillón al archilaúd. Según fuentes de toda confianza, fue una preciosa sesión coronada, además, por un éxito rotundo.
El ciclo de este año proseguiría el sábado 2 con Qvinta Essençia que presentó un programa con músicas dedicadas a María Magdalena por autores cuya sola nómina explica ya la belleza de lo propuesto y con composiciones a cuatro, cinco y seis voces, aunque fueran las primeras las que predominaron. Las versiones estuvieron a la altura de la propuesta, con un par de momentos muy especiales: Lágrimas de mi consuelo de Antonio Cebrián, con la delicadísima entrada sucesiva de cada una de las voces, a las que se añadieron las campañas de la iglesia de San Francisco cumpliendo su función horaria sin perturbación alguna, y en el Credo de la Misa María Magdalena de Alonso Lobo la conclusión del Crucifixus y el arranque del Resurrexit.
El domingo 3 cerraban la cita betanceira las violagambistas Johanna Rose y Sara Ruiz, igualmente centradas en un programa de nuevo plagado de hermosuras. Nadie duda a estas alturas de la competencia de ambas intérpretes pero, a pesar del inmejorable pretexto, el discurrir del concierto se hizo algo aflictivo y por más que surgieran aquí y allá esos rasgos que definen a tan buenas tañedoras no hubo esos chispazos de emoción o de fantasía técnica a que estas músicas pueden conducir. Se echó de menos, además, eso que es tan importante cuando los públicos pueden no dominar la materia y más aún cuando no hay notas al programa: una explicación breve y clara del repertorio, de lo que se va a escuchar, de las características de los instrumentos…, lo que hubiera hecho la sesión un poco más cálida. La falta de comunicación hizo que Rose tuviera en un momento dado que dudar si sabíamos en qué parte del programa —interrumpido frecuentemente por las necesidades de afinación de Ruiz— nos encontrábamos. Lo mejor del mismo llegó al final, en una preciosa versión de Las folías de España de Marais.
Luis Suñén


