BERLÍN / ‘Werther’, un clímax concertante para cerrar la temporada de la Deutsche Oper

Berlín. Deutsche Oper. 25-VII-2025. Jonathan Tetelman, Aigul Akhmetshina, Dean Murphy, Lilit Davtyan. Dirección musical: Enrique Mazzola. Massenet: Werther (versión de concierto)
Las versiones en concierto se han consolidado como una tradición muy apreciada por el público de la Deutsche Oper Berlin. Este formato, cada vez más popular, permite redescubrir títulos poco habituales en escena y, sobre todo, disfrutar de grandes voces del panorama internacional. El pasado 25 de julio, en la segunda función de Werther tras el estreno de dos días antes, los asistentes pudieron respirar tranquilos: no había riesgo alguno de caer en los excesos del Regietheater. Y no es casualidad que estas representaciones, desprovistas de escenografía, sumen cada vez más adeptos.
Que durante las casi tres horas de función no se echara en falta la escena se debió, en buena parte, al magnetismo de los dos protagonistas: el tenor estadounidense Jonathan Tetelman y la mezzosoprano rusa Aigul Akhmetshina. Ambos ofrecieron interpretaciones de una expresividad tan vívida, tanto en lo gestual como en lo facial, que el espectador permaneció absorto, incapaz de apartar la vista. Por la opulencia de sus timbres, el dramatismo de su fraseo y la pasión de su entrega, ambos parecen destinados a brillar próximamente en Samson et Dalila. Es cierto que la velada no ofreció una lectura ejemplar en lo que respecta al estilo o la dicción del francés. Pero fue, sin duda, una celebración del canto en estado puro, un festín vocal que el público —con el teatro a rebosar— ovacionó con un entusiasmo sostenido.
Tetelman causó una fuerte impresión con sus agudos amplios, sostenidos y proyectados con una seguridad casi intimidante. Tal vez uno pueda imaginar un Werther más introspectivo, más soñador y contenido. Pero sería injusto reducir su interpretación a un simple derroche de potencia vocal: supo también hallar momentos de recogimiento, con pianos y mezza voce de gran delicadeza, como quedó patente en un conmovedor “Pourquoi me réveiller”.

Por su parte, Aigul Akhmetshina estuvo absolutamente a la altura como Charlotte y, para quien firma esta crítica, fue la figura más memorable de la noche. Su timbre, impregnado de sensualidad y fuego, sugirió un temperamento más seductor que recatado, y su presencia vocal resultó profundamente sugestiva. En sus dos grandes momentos solistas —“Werther! Ces lettres!” y “Va! Laisse couler mes larmes”— alcanzó una plenitud expresiva casi mágica. Lo mismo cabe decir del dúo final con Werther (“À cette heure suprême”), que ambos interpretaron sumidos en un trance de embriaguez emocional.
El nivel del reparto secundario fue igualmente destacable. El barítono estadounidense Dean Murphy, miembro del elenco estable del teatro, convenció con un Albert viril y sonoro. Y la soprano Lilit Davtyan, becada por el círculo de apoyo de la Deutsche Oper, encantó con una Sophie deliciosamente luminosa, especialmente en su intervención “Du gai soleil”.
A la batuta, Enrique Mazzola —primer director invitado del teatro desde hace años— dirigió con elegancia y sensibilidad, demostrando una notable intuición para los matices de la partitura. Ya desde el Prélude desplegó una paleta sonora rica en aromas y melancolía, y a lo largo de la noche supo preservar siempre la transparencia, el detalle y un lirismo voluptuoso.
La velada sirvió también como brillante colofón a la era de Dietmar Schwarz, quien se despide de la dirección artística del teatro tras trece años al frente. Durante el intermedio, fue homenajeado por el alcalde de Berlín, Kai Wegner, en un gesto de merecido reconocimiento.
Bernd Hoppe


