BERLÍN / Sorprendente montaje de ‘Salomé’, con una sensacional Nicole Chevalier en el papel protagonista

Berlín. Komische Oper. 22.11.2025. Nicole Chevalier, Günter Papendell, Matthias Wohlbrecht. Karolina Gumos, Agustín Gómez, Susan Zarrabi, Dirección musical: James Gaffigan. Dirección de escena: Evgeny Titov. Richard Strauss: Salome
Imborrable en el recuerdo permanece la puesta en escena de Salome firmada por Harry Kupfer en 1979 en la Ópera Estatal de Berlín, con la incomparable Josephine Barstow en el papel titular. Casi medio siglo después, la Komische Oper acaba de presentar una nueva producción de la ópera de Richard Strauss en el Schillertheater con una intérprete igualmente fascinante, cuya versatilidad no deja de sorprender. La soprano estadounidense Nicole Chevalier se ha enfrentado por primera vez al papel de la princesa de Judea y el resultado ha sido un triunfo en toda regla.
La puesta en escena del director ruso Evgeny Titov se ciñe en líneas generales a la trama de la obra de Oscar Wilde, si bien presenta algunas diferencias, sobre todo en su tramo final. El decorado de Rufus Didwiszus resulta impresionante: un recinto metálico en oro mate brillante que transmite una opresiva sensación de encierro, sobre un suelo ascendente e irregular. Por encima, la luna llena en un blanco frío, que más tarde se convierte en una lámpara esférica.

Desconcierta, después del suicidio de Narraboth, el repentino cambio de iluminación y la aparición de innumerables monitores con cabezas cortadas en las paredes. ¿A cuento de qué esta imagen del horror? También es discutible el vestuario diseñado por Esther Bialas, especialmente en lo que concierne a la protagonista, que aparece con un vestido plateado de aspecto recatado, pero que porta durante toda la representación una capucha blanca que le cubre toda la cabeza, cual luchadora de esgrima.
Este enmascaramiento impide a la cantante expresar cualquier tipo gestualidad facial, volviendo incomprensibles algunos pasajes del texto, como por ejemplo: «No quiero que tus ojos se posen en mí» o «¿Por qué me miras así?». Preguntas similares suscita el propio aspecto físico de Jochanaan, que sale de la cisterna con su cuerpo desnudo cubierto únicamente por un taparrabos, pero con la cabeza calva, de modo que la frase de Salomé: «Estoy enamorada de tu cabello» resulta cuando menos enigmática. Herodías luce un extravagante vestido acolchado de tonos metálicos, que se asemeja a una monstruosa malla de armadura, mientras que Herodes viste un traje de seda brillante de color verde rana, que subraya su carácter afeminado. Por su parte, el decadente séquito del tetrarca, compuesto por representantes de todos los géneros en ligueros y corsés con mucha piel al descubierto, se entrega con fruición a todo tipo de prácticas sexuales.

Así y todo, la piedra de toque de cualquier montaje de Salome es la famosa Danza de los siete velos, que la coreógrafa Martina Borroni decide confiar a una docena de dobles de la princesa con trajes idénticos, sin que uno llegue a encontrar una explicación plausible para esta multiplicación. Por último, la conclusión resulta del todo desconcertante cuando el verdugo semidesnudo presenta a Salomé el cuerpo destripado de Jochanaan, que más tarde se eleva hacia el cielo sobre la lámpara esférica. A estas alturas, el público ya esperaba que Salomé se desvelara; si bien la capucha podía servir como protección y separación de su perverso entorno, resultaba prescindible tras la experiencia física con su objeto de deseo. Como último gesto, la princesa se pinta las cuencas de los ojos y la boca con la sangre de Jochanaan, lo que probablemente indica su propio final, ya que la orden de muerte de Herodes no se lleva a cabo.

Exhibiendo una admirable resistencia física, Nicole Chevalier interpretó el agotador papel protagonista sin renunciar en absoluto a los estridentes pasajes en canto hablado, pero su brillante voz de soprano cautivó con deslumbrantes agudos y un rico espectro expresivo en el que se combinaban la curiosidad, el anhelo, el deseo y la pasión. La interpretación de Günter Papendell del rol de Jochanaan resultó convincente tanto en lo vocal como en lo estrictamente dramático. Con su potente y característica voz baritonal, el cantante supo perfilar de forma muy eficaz el ciego fanatismo del profeta. La interpretación de Matthias Wohlbrecht como Herodes fue de todo punto sensacional. Con un timbre penetrante de expresión lasciva y afilada dicción, el tenor realizó un retrato deslumbrante del tetrarca. Menos llamativa resultó Herodías, a quien Karolina Gumos no le confirió la fuerza necesaria en las situaciones más destacadas. El punto débil absoluto del reparto lo marcó Agustín Gómez como Narraboth, que se movía extasiado al son de los cantos de Jochanaan, pero cuya voz de tenor lírico carecía de brillo y resistencia. Por último, la mezzo Susan Zarrabi interpretó sólidamente el pequeño papel del paje de Herodías con una voz gutural y andrógina.
Bajo la batuta de su director musical, James Gaffigan, la orquesta de la Komische Oper sirvió en todo su esplendor la música de Strauss, con opulencia, misterio y sin renunciar, cuando la partitura lo demanda, a las estridentes disonancias. El estreno, que tuvo lugar el 22 de noviembre, terminó con la aclamación general por parte del público e hizo olvidar rápidamente la anterior producción de la casa en 2011.
Bernd Hoppe
Foto: Jan Windszus


