BERLÍN / Sensacional ‘Lady Macbeth del distrito de Mtsensk’ por Kosky y Gaffigan en la Komische Oper

Berlín. Komische Oper. 31. 1. 2026. Ambur Braid, Dmitry Ulyanov, Elmar Gilbertsson, Sean Panikkar, Susan Zarrabi. Dirección musical: James Gaffigan. Dirección escénica: Barrie Kosky. Shostakovich. Lady Macbeth del distrito de Mtsensk.
Los tres teatros de ópera de Berlín han presentado nuevas producciones en el primer mes del nuevo año. La Komische Oper ha cerrado la ronda de estrenos con Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, de Shostakóvich, y sin duda se ha llevado la victoria. Barrie Kosky escenifica la obra en un decorado de Rufus Didwiszus que presenta un espacio gris y vacío, impregnado de una triste desolación en el que solo hay unos cuantos matorrales secos en el suelo y unos pocos accesorios: sillas, una mesa y una cama de matrimonio con dos almohadas estampadas con flores. Al fondo, un techo con tubos de neón se cierne amenazadoramente sobre la escena. El vestuario de Victoria Behr es atemporal y no está vinculado a ningún lugar concreto; solo el magnífico vestido de novia blanco con velo de Katarina remite a la tradición rusa.
En su puesta en escena, Kosky se ciñe en gran medida al libreto de Alexander Preis, basado en el relato de Nikolái Leskov, y a menudo consigue crear una tensión y un dramatismo sobrecogedores. No obstante, la crudeza despiadada de algunas escenas roza los límites de lo soportable y seguramente no habrá sido del agrado de todos los espectadores. No nos referimos a las escenas sexuales que son parte de la obra, que se representan con toda claridad y que en ocasiones adquieren un tono grotesco, como cuando Katerina y Sergei mantienen relaciones sexuales debajo de la cama, cuyo colchón se eleva y se hunde con las embestidas rítmicas del hombre. Lo realmente repugnante es la escena en la que el miserable abusa sexualmente del cadáver del asesinado Sinovi, que ha descubierto, mientras lanza a su alrededor una orgía de granos de maíz que saca de sacos rajados. Es de agradecer que Sinovi, el marido malquerido de Katarina, no sea una caricatura, algo que sí ocurre con el borracho, que aparece en ropa interior con una botella de aguardiente y que ya no puede ayudar a Boris, que agoniza de forma atroz y salvaje. En la escena final, Kosky altera el original: Katarina y su provocativa rival Sonjetka (Susan Zarrabi) no mueren en el lago. El anciano ciego esclavizado que canta no puede ver cómo Katarina estrangula a Sonjetka con una media y luego se suicida de un disparo. Que ella esté en posesión de una pistola en el campo de concentración resulta, sin duda, extraño. También la dirección de los solistas del coro de la Komische Oper, que se precipitan caóticamente de un lado a otro como trabajadores forzados, se antoja bastante injustificada. No obstante, esos mismos solistas habían proporcionado minutos antes un momento verdaderamente conmovedor con el canto lastimero de los prisioneros.

Sencillamente sensacional el reparto, encabezado por la soprano Ambur Braid en el papel protagonista, que ofreció una excepcional interpretación con su voz voluminosa, redonda, brillante y cálida incluso en los momentos más intensos. Jamás había escuchado cantar tan bien este papel. Además, la cantante canadiense supo transmitir de forma más que convincente el deseo físico de Katarina y también su ternura. El bajo Dmitry Ulyanov, en el papel de su suegro Boris Ismailov, impresionó con su timbre rústico y su emisión caudalosa, y también convenció en su difícil interpretación de la brutal violencia con la que golpea a Sergei hasta dejarlo medio muerto y la agresividad abusiva hacia Katarina. Sean Panikkar, en el papel de Sergei, el amante de Katarina, se benefició de su fuerte aura erótica y de su potente y sensual voz de tenor. También Elmar Gilbertsson, en el papel del malquerido y brutalmente asesinado Sionovi, supo rayar a gran altura.
Al frente de la orquesta de la Komische Oper, James Gaffigan interpretó sin concesiones la radical composición de Shostakóvich, llegando en algunos momentos al límite acústico con excesos de fortissimo atronadores y retumbantes. Pero también supo ofrecer delicadeza en los pasajes más vibrantes y oníricos. El estreno culminó con el aplauso del público para todos los participantes.
Bernd Hoppe


