BERLÍN / ‘Macbeth’, la música brilla donde falla la escena

Berlín. Deutsche Oper. 23-XI-2024. Roman Burdenko, Felicia Moore, Marko Mimica, Attilio Glaser, Thomas Cilluffo. Dirección musical: Enrique Mazzola. Dirección de escena: Marie-Ève Signeyrole. Verdi: Macbeth
En su nueva producción para la Deutsche Oper Berlin, la directora francesa Marie-Ève Signeyrole presenta una enigmática y surrealista lectura del Macbeth de Verdi, cuya noche de estreno estuvo marcada por un aluvión de vehementes protestas por parte del público. La producción presenta la segunda versión de la ópera, estrenada en París en 1865, que incluye la música de ballet —un elemento característico del gusto parisino— y el desgarrador monólogo final de Macbeth, recuperado de la versión florentina de 1847. Esta combinación prolonga la duración de la representación hasta las cuatro horas, un desafío agravado por las cuestionables decisiones escénicas. Entre ellas destacan los efectos sonoros pregrabados —como el murmullo de las olas y el aullido del viento— y las proyecciones de Artis Dzerve, que acompañan el argumento, dividido en cinco secciones, con un incesante vaivén de olas.
La decisión de contextualizar la trama en un conflicto ficticio entre Escocia y Noruega por las últimas reservas de petróleo resulta superflua y poco convincente. Además, se introduce en el reparto un personaje que ejerce como líder de las brujas (Dana Marie Esch), vestida de negro con un gorro plateado (diseño de vestuario: Yashi). Este personaje aparece como una presentadora de televisión al inicio y antes del tercer acto, lanzando reflexiones sobre el control que ejerce la IA sobre la humanidad, para luego transformarse en una prostituta que comparte el lecho del rey Duncan (Hagen Henning) durante una noche. Las brujas, ataviadas con blusas blancas y grandes sombreros negros, refuerzan el tono artificial de la producción con movimientos rígidos y sincronizados que evocan el control de un ordenador. Este exceso visual se intensifica con el uso de una cámara en vivo, operada por Kathrin Krottenthaler, que proyecta imágenes en escena y distrae de la interpretación vocal de los cantantes.

La escenografía de Fabien Teigné despliega un sistema de espacios móviles que se adaptan como dormitorios, oficinas y un salón de banquete, aunque carecen de coherencia histórica. Por su parte, la figura del “hombre-ciervo” (Pierre Emö) introduce un elemento surrealista, deambulando desnudo al inicio, y posteriormente vestido, pero siempre coronado por una imponente cornamenta, símbolo de poder y virilidad.
Una cornamenta de ciervo también adorna la pared del dormitorio de los Macbeth en un intento de estimular al protagonista frente a su evidente impotencia. Le vemos incluso en plena masturbación, mientras un médico introduce su esperma en el cuerpo de Lady Macbeth, que yace recostada en una silla ginecológica. Ni siquiera este intento logra ayudar a la pareja a concebir. Tras un aborto espontáneo, Lady Macbeth aparece tambaleándose por el escenario, con el camisón ensangrentado y el feto en brazos.
Este fue el preámbulo adecuado para la escena del sonambulismo de Lady Macbeth, en la que Felicia Moore, sustituyendo a la indispuesta Anastasia Bartoli, ofreció una interpretación magistral. Su voz, amplia y contundente, brilló con riqueza tímbrica y exuberante profundidad. Moore repitió la cabaletta de su primera escena, interpretó el brindis con precisión y coronó Una macchia è qui tuttora! con un impecable Re bemol agudo. El Macbeth de Roman Burdenko no fue menos deslumbrante. El barítono ruso encarnó al protagonista con una voz poderosa y penetrante, sin límite aparente. Todas sus intervenciones, desde el intenso Pietà, rispetto, amore hasta el vacilante Mal per me del final, brillaron satisfactoriamente. Sin embargo, la dirección escénica omitió la aparición del bosque de Birnam, desperdiciando así la oportunidad de crear una impactante escena.

Cuando las interpretaciones de Banquo y Macduff alcanzan el nivel de calidad que se apreció en esta producción, se lamenta que Verdi les haya dedicado tan solo una aria a cada uno. El bajo Marko Mimica dio vida a un Banquo impresionante, con una voz amplia y fluida, aunque la escena de su asesinato quedó deslucida al ambientarse en una fiesta de cumpleaños infantil, donde los amigos de Fleance (Emil Pyhrr) también portaron cornamentas de ciervo. Por su parte, Attilio Glaser (Macduff) interpretó la aria Ah, la paterna mano pleno de energía y fluidez. En el dúo con Malcolm, contó con el sólido apoyo de Thomas Cilluffo.
El coro de la Deutsche Oper Berlin, bajo la dirección de Jeremy Bines, volvió a ser un pilar fundamental en la producción, destacando en momentos clave como el sobrecogedor final tras el asesinato de Duncan, la escena del banquete y el desgarrador Patria oppressa. Enrique Mazzola, al frente de la orquesta, coronó el apartado musical con una dirección precisa, rica en matices y colores.
Bernd Hoppe
(fotos: Eike Walkenhorst)


