BERLÍN / ‘Las excursiones del señor Brouček’ de Robert Carsen, con Simon Rattle

Berlín. Staatsoper Unter den Linden. 3-IV-2025. Peter Hoare, Ales Briscein, Lucy Crowe, Gyula Orendt. Direccción musical: Simon Rattle. Dirección de escena: Robert Carsen. Janáček, Las excursiones del señor Brouček
Cuando Simon Rattle dirige una ópera de Leoš Janáček, la fidelidad a la compleja y rica textura de la música del compositor checo está prácticamente garantizada. Así ocurrió en la Staatsoper de Berlín con Las excursiones del señor Brouček, ópera en dos partes estrenada en 1920 en el Teatro Nacional de Praga. Lo que Rattle logró junto a la Staatskapelle Berlin fue una verdadera revelación: la partitura, de estilo cercano al recitativo, floreció con hermosos momentos melódicos que surgieron aquí y allá contrastando con su carácter irónico. La lectura orquestal fue clara e incisiva, subrayando con astucia los pasajes satíricos, sin que por ello las voces quedaran eclipsadas.
El excepcional elenco estuvo liderado por el tenor británico Peter Hoare, que encarnó al protagonista con un despliegue vocal y escénico sensacional. La exigente partitura no pareció mermar su energía en ningún momento, sosteniendo su papel con admirable soltura hasta el final. El señor Brouček, pequeño burgués sin mayores aspiraciones, frecuenta la taberna para entregarse al placer de las salchichas y la cerveza. En un delirio etílico, se imagina primero en la Luna, habitada por seres que se alimentan de perfumes florales. Luego, su viaje onírico lo traslada a la Praga de 1420, en plena guerra husita. Despierta finalmente de nuevo en la taberna, jactándose de hazañas heroicas que pide al tabernero no revelar.

Robert Carsen firmó una puesta en escena cargada de imaginación, con escenografía de Radu Boruzescu y diseño de vestuario de Annemarie Woods. Las proyecciones en vídeo creadas por Dominik Zizka sumaron una capa visual igual de inventiva, evocando momentos históricos que enriquecieron la dramaturgia. La acción se traslada a los años 1968 y 1969, lo que abre la puerta a numerosas referencias. Así, la misión del Apolo 11 sirve de marco para que Brouček viaje a la Luna en una cápsula espacial construida a partir de uno de los enormes barriles del bar. Allí se encuentra con seres saltarines y danzantes, así como con una multitud festiva adornada con collares de flores: es la contracultura hippie en pleno festival “Moonstock”, eco evidente del festival Woodstock de 1968.
Este despliegue colorido y lúdico contrasta radicalmente con la sombría y solemne segunda parte. Se evocan aquí momentos dolorosos como la Primavera de Praga, sofocada por la entrada de las tropas soviéticas, y el gesto del estudiante Jan Palach, que se inmoló en la Plaza de San Wenceslao en protesta. También se recuerda la histórica victoria del equipo checo de hockey sobre hielo frente a la Unión Soviética en el mundial de 1969, que la coreógrafa Rebecca Howell ha transformado en un singular ballet. Aunque algunas escenas tienen tintes de comedia, el desenlace sorprende con una imagen perturbadora —y quizá algo forzada—: un tanque ruso irrumpe en la taberna abarrotada, dejando al público con un nudo en el estómago.

La quinta función de esta producción, estrenada el 16 de marzo, terminó con una prolongada ovación. Al éxito contribuyó no solo el protagonista, sino también un reparto de gran nivel. Destacaron la pareja joven formada por Mazal y Málinka, que aparecen en la Luna como Blankytný y Etherea, y en el episodio histórico como Petrik y Kunka. El tenor checo Aleš Briscein, de gran experiencia en el repertorio de Janáček, ofreció una interpretación sólida y segura, mientras que la soprano británica Lucy Crowe, reconocida intérprete de Haendel, aportó una expresividad vocal de gran refinamiento. Del cuerpo estable de la casa sobresalió el barítono Gyula Orendt en múltiples roles: el sacristán, el padre de Etherea, Lunobor y Domsik von der Glocke. El Coro de la Staatsoper destacó tanto en lo musical como en lo escénico. Para la próxima temporada, la Staatsoper anuncia La zorrita astuta, también bajo la batuta de Simon Rattle, una noticia que entusiasma aún más después de esta inolvidable velada.
(fotos: Arno Declair)


