BERLÍN / La Deutsche Oper y Simon Rattle culminan su ciclo Janácek con una ‘Zorrita astuta’ sin bosque

Berlín. Deutsche Oper. 3-III-2026. Vera-Lotte Boecker. Magdalena Kozená, Svatopluk Sem, Florian Hoffmann, David Ostrek, Natalia Skrycka, Carles Pachon. Dirección musical: Simon Rattle. Dirección escénica: Ted Huffman. Leos Janácek: La zorrita astuta.
Con la puesta en escena de Ted Huffman de La zorrita astuta, la Deutsche Oper de Berlín ha completado el ciclo Janácek que comenzó en 2011 con De la casa de los muertos. Las seis óperas del autor moravo han sido dirigidas musicalmente por Simon Rattle, quien una vez más ha brindado un verdadero festín musical al frente de la Staatskapelle Berlin, logrando que la soberbia música brille y florezca sin oscurecer ni enmascarar sus asperezas y angulosidades. Desde los primeros compases del preludio, el público se ve arrastrado por una música embriagadora que brota, fluye y palpita, y que además captura a la perfección los ritmos y melodías del idioma checo.
Nombrado recientemente nuevo director artístico del Festival de Aix-en-Provence, Huffman realizaba su debut en la ópera berlinesa con un montaje cuyo verde telón era el único elemento escénico que recuerda a un bosque. El regista acompaña la música inicial con un grupo de niños vestidos como animales del bosque con coloridos leotardos, que realizan acrobacias, volteretas y saltos mortales, ocupándose al mismo tiempo de animar la caja blanca, de un efecto tan sobrio como estéril, concebida por la escenógrafa Nadja Sofie Eller como único decorado. El bosque queda descrito únicamente con un alto montículo de tierra sobre el que se encuentra el guardabosques con su rifle, en cuyo salón hay al menos varios relojes de pared y algunos muebles estilo Biedermeier. La posada aparece al principio completamente desprovista de adornos; más tarde, la pared se adorna con la famosa acuarela de Durero de una liebre. El gallinero resulta lucido con sus altas escaleras de mano, en las que sus habitantes de plumas blancas y medias rojas retozan antes de ser masacrados por el zorro. El idilio entre la zorrita y el zorro, que tiene lugar sobre una plataforma de troncos blancos en medio de tocones desnudos, resulta del todo decepcionante. Al menos, las coloridas hojas otoñales que caen y la luz del sol que entra por la ventana aportan a la escena final una atmósfera evocadora.

El director de escena conecta los dos mundos, el animal y el humano, mediante transiciones fluidas y, junto con la figurinista Astrid Klein, prescinde de los trajes y máscaras naturalistas de los animales, limitándose a insinuar sus patrones de movimiento. En contraste con los animales —el caracol con su caparazón, la pareja de libélulas con sus alas transparentes, las ranas con sus leotardos verdes, la liebre con sus largas orejas, el oso con su espeso pelaje—, la zorrita y el zorro incluso visten trajes humanos: ella, zapatos de tacón y una delicada falda de tul; él, un elegante traje pantalón rojo zorro. El casting para ambos es perfecto. La soprano Vera-Lotte Boecker, quien ya había sido aclamada en este teatro en el papel de la Daphne straussiana, debutaba en el papel protagonista y de nuevo impresionó con una maravillosa prestación actoral y una voz cálida y luminosa. Su mejor momento estuvo en la frase «¿Soy realmente tan hermosa?», en la que sus cualidades líricas brillaron y resplandecieron de forma maravillosa.

La mezzo Magdalena Kozená sonó más madura y algo más severa en el papel de zorro. En el dúo de amor entre ambos personajes, que interpretan después de haberse zampado a la liebre, con los hocicos aún manchados de sangre —el único efecto naturalista de la representación—, las dos cantantes supieron enhebrar una deliciosa melodiosidad e insuflar una fuerte intensidad emocional. El barítono checo Svatopluk Sem también destacó en el estupendo reparto, transmitiendo de forma más que convincente, con voz resonante y distintiva, la soledad y el anhelo de afecto humano del guardabosques.
El maestro de escuela y el pastor tienen anhelos similares: Florian Hoffmann y David Ostrek destacaron en sus papeles con concisos estudios de carácter, al igual que Natalia Skrycka como la esposa del guardabosques y el búho, y Carles Pachon como el cazador furtivo Harasta. El Coro de la Ópera Estatal y el Coro Infantil de la Ópera Estatal aportaron sugestivas sonoridades desde fuera del escenario.
El final pertenece al guardabosques, quien, tras la muerte de la zorrita a manos del cazador furtivo, se ve abrumado por la manada de cachorros de zorro y canta al ciclo eterno de la naturaleza, que Janácek reviste de apoteósicas sonoridades. La representación culminó con los vítores entusiastas del público asistente.
Bernd Hoppe


