BERLÍN / Korngold en la Deutsche Oper: caos emocional en espiral

Berlín. Deutsche Oper. 25. 1. 2026. Laura Wilde, Ólafur Sigurdarson, Mihails Culpajevs. Director de orquesta: Donald Runnicles. Director de escena: David Hermann. Korngold: Violanta.
Al parecer, Christof Loy no pudo o no quiso participar en este proyecto, cuando habría sido el director ideal para una nueva puesta en escena de la ópera en un acto Violanta, compuesta por Erich Wolfgang Korngold en 1916. Loy ya ha demostrado en numerosas ocasiones su especial sensibilidad para los temas relacionados con el psicoanálisis. La noble veneciana Violanta es también una mujer atrapada en las cadenas de un matrimonio del que quiere escapar y liberarse eróticamente. Desde el suicidio de su hermana Nerina, seducida y luego abandonada por el príncipe Alfonso, se ha encerrado en sí misma y se niega a cumplir su deber marital con su esposo Simone. Los intentos de este por avivar su pasión fracasan, ya que ella solo busca vengarse del seductor.
El director de escena David Hermann antecede la breve ópera con dos piezas instrumentales, la primera de las cuales, la tonada para laúd A fancy de John Dowland, tiene sentido, ya que la acción se desarrolla en la Venecia renacentista y, además, Simone quiere ofrecer a su esposa una entretenida pieza musical durante el carnaval. De ahí que el instrumentista Pedro Alcàcer, ataviado con traje de época, también toque en escena, aunque, por supuesto, sin apenas posibilidades de hacerse oír. Muy diferente es la pieza siguiente, el Preludio de las Tres piezas orquestales op. 6 de Alban Berg, que, con su marcada agresividad, contrasta bruscamente con la primera pieza, si bien tampoco guarda relación con la trama. Estéticamente, la representación está dominada por una construcción futurista que recuerda a un gigantesco museo. El escenario es al principio un disco inclinado sobre el que flota un segmento que recuerda a Saturno. Más tarde se eleva en forma de espiral y deja al descubierto en la parte inferior una multitud de habitaciones con espejos, por las que deambula Violanta y donde se encuentra con varias figuras enmascaradas, como su hermana muerta o una estatua de la Virgen con seis pechos. También aparecen las figuras del carnaval veneciano, que al principio lucían largos sombreros puntiagudos y trajes que recordaban vagamente al Triadisches Ballett de Oskar Schlemmer, ahora desaliñadas y deformadas. Los trajes de Sybille Wallums, predominantemente en tonos violeta y malva, contribuyen de manera decisiva a la estética surrealista de la representación, al igual que los movimientos marionetísticos de los personajes.

Resulta sorprendente la caracterización de Alfonso, que se supone que debe poseer un aura irresistible (Violanta se ha dado cuenta de que ama a este hombre y que solo la muerte puede vencer su deseo). El tenor letón Mihails Culpajevs, caracterizado como un hombre calvo con gafas y traje gris de ejecutivo, no encajaba en ningún momento con el personaje, obligado a moverse con rigidez y sin empatía alguna. La voz del cantante, con muchos agudos forzados y un sonido chirriante, también dejó mucho que desear. Aún más problemático resultó el papel titular, encarnado por la soprano estadounidense Laura Wilde, de voz áspera y vibrante que sonaba irritantemente chillona en los agudos. En el papel del marido, el barítono islandés Ólafur Sigurdarson, caracterizado por la dirección escénica como un hombre de edad avanzada, ofreció la interpretación vocal más convincente con una voz madura y distintiva. La solución final ideada por el director resultó asimismo desconcertante: cuando Simone quiere disparar a Violanta desde el piso superior, ella detiene la bala y se hunde con su amante en el piso inferior, mientras Simone se queda solo arriba.
Donald Runnicles, que se despide como director musical del teatro con esta producción, tuvo dificultades al principio para encontrar el equilibrio entre el escenario y el foso, hasta el punto de que las voces de las criadas y los soldados se oían ahogadas en la escena inicial. Sin embargo, poco a poco fue dando el espacio que corresponde al éxtasis sensual de la música, a su melos tan cercano al de Richard Strauss, pero también a los pasajes más vanguardistas. El público que asistió al estreno el 25 de enero de 2026 ovacionó con euforia a todo el equipo.
Bernd Hoppe


