BERLÍN / ‘Jesucristo Superstar‘: otro mesías en el aeropuerto berlinés

Berlín. Komische Oper (Aeropuerto Tempelhof). 19.IX.2025. John Arthur Greene, Sasha Di Capri, Ilay Bal Arslan, Kevin(a) Taylor, Daniel Dodd-Ellis, Michael Nigro, Jörn-Felix Alt. Director de orquesta: Koen Schoots. Director de escena: Andreas Homoki Andrew Lloyd Webber: Jesus Christ Superstar
La pasada temporada, en el marco de sus producciones en salas alternativas, la Komische Oper representó el oratorio El Mesías de Haendel en el hangar 4 del aeropuerto Tempelhof como un gigantesco espectáculo que reunía a varios cientos de coristas. La nueva producción de este año ha sido la ópera rock de Andrew Lloyd Webber Jesus Christ Superstar, que ha superado considerablemente las cifras anteriores, reuniendo a 500 cantantes, bailarines y figurantes en el escenario. Andreas Homoki, director artístico del teatro durante muchos años, regresó a Berlín para poner en pie esta obra, estrenada en Nueva York en 1971, como un acontecimiento tan multitudinario como abrumador. Para la escenografía eligió a Philipp Stölzl, conocido por sus espectaculares puestas en escena, pero cuyo escueto y modesto decorado resultó desconcertante. Nada más que una plataforma elevada en el centro, desde la que una pasarela conduce a una escalera que también puede dividirse. Al comienzo y al final, una cruz iluminada flota sobre el estrado. Por lo demás, se prescinde del cáliz de la Última Cena, de la corona de espinas o de las monedas de plata. Todo el espectáculo evoca más bien un concierto pop o recuerda la forma del oratorio, que también caracteriza a la obra de Lloyd Weber.

La orquesta de la Komische Oper de Berlín, dirigida por Koen Schoots, se complementa con una banda de rock cuyos miembros tocan aderezados con llamativas pelucas de colores chillones. El sonido instrumental es potente, casi ensordecedor, pero los cantantes no tienen ningún problema en sobrepasarlo gracias a sus micrófonos. Algunos de ellos son estrellas de Broadway de renombre y están a la altura de su reputación tanto en lo vocal como en lo puramente actoral. John Arthur Greene fue un carismático Jesucristo, vestido al principio de blanco por Frank Wilde. Su interpretación vocal fue de todo punto espectacular, con un enorme potencial en los agudos e impresionantes pirotecnias vocales. En Sasha Di Capri encontró un adversario a su altura en el papel de Judas, aunque, lamentablemente, vestido por el figurinista como una estrella de revista, con adornos verdes brillantes en su torso desnudo. A lo largo del espectáculo hay más excesos de este tipo, e incluso más drásticos. Algunos trajes se asemejan a los que se ven en los clubs de travestis o en los bares gay. Así, los sumos sacerdotes Caifás (Daniel Dodd-Ellis) y Anás (Michael Nigro), al igual que el Consejo Judío, aparecen ataviados con prendas de cuero y látex negro, con estrambóticas máscaras fetichistas, como adictos de las perversiones sexuales. Una de las actuaciones más notables es la exagerada y exultante recreación de Herodes por parte de Jörn-Felix Alt, quien, con su gigantesca capa morada y sus exagerados ademanes, parecía la viva imagen de Freddie Mercury. Con un uniforme dorado brillante, el no binario Kevin(a) Taylor interpreta a un Poncio Pilato que es más un reclamo visual que un personaje. Ilay Bal Arslan, como una María Magdalena calva envuelta en un traje rojo brillante, aportó los momentos más suaves y conmovedores con sus canciones, especialmente la nana y la escena íntima con Jesús.

Con las primeras notas de música, el pueblo invade el escenario ataviado con trajes históricos. Se trata de los solistas corales de la Komische Oper, dirigidos por David Cavelius, que interpretan diversas canciones (como el jubiloso «Hosanna, heysanna») con impresionante prestación vocal. La multitud se acaba de formar con el coro al completo y diversos grupos de baile y bailarines, que actúan con una sincronía admirable en la coreografía de Sommer Ulrickson. Por supuesto, también hay excentricidades coreográficas o escénicas, como las coristas que aparecen con túnicas plisadas blancas en la crucifixión de Jesús, o el propio Jesús con una amplia capa roja y pelo color salmón, en una referencia a Oberammergau. En el tramo final del espectáculo se utilizan también -cómo no- efectos pirotécnicos, que rematan la ya de por sí agobiante iluminación diseñada por Olaf Freese y Florian Schmidt, con focos que giran sin descanso. Y de los cañones salen chorros de confeti dorado, como si se tratara de una gran gala televisiva. El público respondió con rítmica euforia.
Bernd Hoppe


