BERLÍN / Gigantesco arranque de temporada de la Deutsche Oper con ‘Mittwoch aus Licht’, de Stockhausen

Berlín. Deutsche Oper. 20.9.2026. Jeremy Bines, Robin Adams. Dirección escénica: Susanne Kennedy, Markus Selg. Dirección musical: Maxime Pascal. Stockhausen: Mittwoch aus Licht
La Deutsche Oper de Berlín ha inaugurado de manera espectacular su primera temporada bajo la dirección de su nuevo intendente, Aviel Cahn, con Mittwoch aus Licht, de Karlheinz Stockhausen, tercera entrega del monumental ciclo Licht. Hasta ahora, las restantes óperas del ciclo se habían presentado de forma independiente en La Scala de Milán y en los teatros de ópera de Leipzig y Colonia. Mittwoch, en cambio, únicamente había conocido una representación completa a cargo de la Birmingham Opera Company, en 2012. Esta producción berlinesa supone, por tanto, su estreno en Alemania.
Stockhausen somete en esta obra a los intérpretes a exigencias extraordinarias, una de las razones por las que, como las restantes óperas de Licht, apenas se representa. Su ejecución requiere instrumentistas de primer nivel, grandes masas corales, cantantes, bailarines, performers y una complejísima realización sonora, aquí a cargo de Florent Derex. Susanne Kennedy y Markus Selg han desplegado todos los medios necesarios para afrontar semejante empresa. Pero el principal obstáculo es la propia ópera: un coloso enigmático y monótono, por momentos ensordecedor y de una duración extenuante.

Todo comienza con el «Welt-Parlament» («Parlamento mundial»). Markus Selg instala en el escenario una gigantesca escultura de aspecto arcaico, semejante a un altar, desde la que actúa el presidente. El papel corresponde a Jeremy Bines, director del Coro de la Deutsche Oper de Berlín. Los miembros de la formación se sitúan sobre el foso cubierto, a ambos lados del escenario y detrás de atriles amarillos. Vestidos por Andra Dumitrascu con largas túnicas claras que les confieren cierto aire monacal, cantan textos en su mayor parte incomprensibles, entonados de manera uniforme y salpicados ocasionalmente de murmullos y gorgoteos.
Todo adquiere el carácter de un ritual monstruoso, sobre el que Warja Rybakova y Markus Selg proyectan un incesante flujo de imágenes. Arena que cae, fuego, paisajes montañosos, bosques, lagos, grupos humanos en fuga, arquitecturas religiosas de resonancias gaudinianas y, ya en la segunda parte, bandadas de pájaros, cabras y elefantes se suceden hasta desembocar, al final, en la visión del interior de un intestino. Una sucesión arbitraria de imágenes, sin que se advierta entre ellas el menor hilo dramatúrgico.
En la segunda escena, «Orchester-Finalisten» («Finalistas de orquesta»), los músicos de Le Balcon, bajo la dirección de Maxime Pascal y enfundados en estrafalarios atuendos, se suceden inicialmente en una serie de intervenciones solistas. Poco a poco, las distintas voces instrumentales se superponen hasta diluirse en una masa sonora confusa e indistinta.

El pretendido punto culminante llega en la tercera escena con el célebre Helikopter-quartett, en el que cada uno de los cuatro instrumentistas toca a bordo de un helicóptero diferente. La escena, de veinticinco minutos de duración, se antoja interminable por la reiteración de los sonidos de las cuerdas, mezclados con el estruendo de los motores. Filmada antes del estreno en el aeropuerto de Schönhagen, la acción se ofrece durante la función repartida en cuatro grandes pantallas situadas al fondo del escenario.
La cuarta y última escena lleva por título «Michaelion» y reúne al coro, los performers —Marie Groothof, Tarren Johnson, Ixchel Mendoza Hernández, Dominic Santia y Laurie Young, presentes en las cuatro partes— y a un operador provisto de un receptor de onda corta, interpretado por Robin Adams.
El «Parlamento mundial» debe elegir un nuevo presidente, y el candidato con mayores posibilidades resulta ser un camello. La aparición de un animal de peluche que bailotea por el escenario mientras va dejando caer bolas de colores a modo de excrementos constituye el último de los absurdos escénicos antes de que la obra concluya con un sexteto vocal. Los cantantes lo interpretan desde el patio de butacas mediante susurros, cacareos y sonidos sibilantes.
Al término de la representación estalló una ovación atronadora que celebraba la función como una gran hazaña de la Deutsche Oper.
Bernd Hoppe


