BERLÍN / Excelente reparto para un montaje histórico de ‘Giulio Cesare in Egitto’

Berlín. Deutsche Oper. 1.V.2026. Christophe Dumaux, Elena Tsallagova, Cameron Shabazi, Stephanie Wake-Edwards, Martina Baroni, Edu Rojas, Michael Sumuel. Dirección musical: Alessandro Quarta. Dirección de escena: David McVicar. Haendel: Giulio Cesare in Egitto.
La puesta en escena de David McVicar de Giulio Cesare in Egitto, de Haendel, tiene ya más de veinte años: se estrenó en 2005 en el Festival de Ópera de Glyndebourne. Ahora ha llegado a la Deutsche Oper y el público berlinés ha podido degustar un opulento festín. Garante de ello fue un exquisito reparto de cantantes, encabezado por el contratenor Christophe Dumaux en el papel titular. Su voz posee un rico espectro de colores y sorprende por su extraordinario virtuosismo. Ya desde su entrada con «Presti omai l’egizia terra», ataviado con un abrigo militar rojo, impresionó por su garra y sus enérgicos ataques, y sus páginas solistas causaron sensación una y otra vez por su vehemencia dramática. En contraste, se mostró delicado en el segundo acto, en especial en la encantadora «Se in fiorito ameno prato», con sus ingeniosas imitaciones de cantos de pájaros. Un momento particularmente mágico se produjo con «Aure, deh, per pietà» en el tercer acto, cuyas notas parecían flotar de forma embriagadora.

La aparición de Elena Tsallagova en el papel de Cleopatra fue impactante, ya que el director, en colaboración con el coreógrafo Andrew George, había ideado una secuencia de movimientos de danza para los intérpretes que la cantante ejecutó de forma magistral. Además, hizo gala de una bella voz de soprano lírica con la flexibilidad debida, que llamó la atención desde el primer momento en la coqueta «Non disperar», cosechando las primeras ovaciones en la seductora «V´adoro, pupille». En las emocionantes arias de los actos segundo y tercero («Se pietà» y «Piangerò»), la voz se transformó y adquirió una dimensión trágica que transmitió con gran plasticidad la desesperación y el miedo del personaje. El contratenor persa-canadiense Cameron Shabazi, en el papel de Tolomeo, fascinó tanto vocalmente, con su sensual vibrato y sus matices decadentes, como interpretativamente, con su aura deslumbrante y enigmática. La mezzo Stephanie Wake-Edwards, en el papel de Cornelia, también convenció gracias a su voz noble y oscura, de magnífica profundidad y potentes agudos. Con una presencia majestuosa en sus elegantes vestidos victorianos, conmovió profundamente en sus demostraciones de dolor por el asesinato de su esposo, ofreciendo uno de los momentos musicales más destacados de la noche en el dúo con su hijo Sesto («Son nata a lagrimar»), interpretado por la joven debutante Martina Baroni, quien demostró un talento más que notable. Las arias «Svegliatevi nel core» y «Langue offeso» las solventó con energía y determinación, y su entrega también cautivó desde el punto de vista interpretativo. El contratenor Edu Rojas fue un Nireno maravillosamente afeminado, de voz suave, agudos prístinos y porte exaltado, mientras que Michael Sumuel, en el papel de Achilla, aportó los tonos graves con su voluminosa y retumbante voz de bajo barítono.
Si bien solo caben elogios hacia el reparto, se podría reprochar al director musical Alessandro Quarta una cierta falta de imaginación y temperamento. Debería haber sacado más partido a las emociones contenidas en la música y presentado la obra con un enfoque más enérgico. La orquesta de la Deutsche Oper Berlin tocó con refinamiento y delicadeza, pero todo sonaba demasiado suave, demasiado romántico.
A esta opulenta velada contribuyó, en gran medida, la magnífica y elegante puesta en escena. Después de tantos montajes visualmente deprimentes, se agradeció la evocadora escenografía barroca de Robert Jones, con columnas laterales y olas resplandecientes al fondo. Las cortinas de colores vivos y relucientes, confeccionadas con tejidos preciosos, acentuaban el aire de revista, lo que garantizó una velada entretenida, de gran atractivo visual y con episodios ciertamente divertidos. Así, al final, los muertos, Tolomeo y Achilla, volvieron a la vida para sumarse al coro final «Ritorni omai nel nostro core». El público reaccionó al final de la velada de casi cinco horas con ovaciones eufóricas que parecían no tener fin.
Bernd Hoppe


