BERLÍN / Elegante montaje de Christof Loy de ‘Fedora’

Berlín. Deutsche Oper. 29.XI.2025. Vida Mikneviciuté, Jonathan Tetelman, Julia Muzychenko, Navasard Hakobyan, Artur Garbas, Tobias Kehrer, Chris Reynolds, François Bader. Dirección musical: John Fiore. Dirección de escena: Christof Loy. Umberto Giordano: Fedora.
Es bien sabido que el campo en el que mejor se mueve el director de escena Christof Loy es el repertorio menos habitual, en especial el de las óperas poco conocidas de principios del siglo XX. En la Deutsche Oper de Berlín ha montado con gran éxito Das Wunder der Heliane de Korngold, Francesca da Rimini de Zandonai y La Fiamma de Respighi. A estas les ha seguido Fedora de Giordano, una producción que viene de Fráncfort. La obra es un thriller ambientado en San Petersburgo, París y un pueblo de los Alpes suizos cuya trama gira en torno a la venganza, el amor y la muerte. La protagonista, Fedora Romazoff, quiere vengar el asesinato de su prometido, el conde Wladimiro Andrjewitsch. El sospechoso es el conde Loris Ipanov, que huye a París. Fedora sigue sus pasos disfrazada de espía, pero se enamora del hombre, que le revela el motivo del crimen: Andrejewitsch tenía una aventura con su mujer. Tras unas semanas de felicidad en Suiza, Loris se entera por unas cartas de la muerte de su hermano y su madre, como consecuencia de una carta de Fedora a la policía rusa en la que acusaba a Loris y a su hermano. Loris la reconoce como la autora y la acusa, tras lo cual ella decide suicidarse.

La escenografía de Herbert Murauer recuerda en su estética a la de Johannes Leiacker para Francesca da Rimini. Una sala con papel pintado ornamentado, mobiliario escaso y una suntuosa lámpara de araña sirve como decorado único (lo que no tiene en cuenta los tres lugares diferentes en los que se desarrolla la acción). Al fondo se ve un marco dorado en el que se proyectan vídeos producidos por Velourfilm AB que muestran lo que ocurre en el escenario, pero también capturan lo que sucede entre bastidores. Entre el segundo y el tercer acto hay incluso un momento privado (y prescindible) en el que se filma a la cantante del papel protagonista entre bastidores mientras se refresca con agua mineral. El tableau vivant del segundo acto es muy refinado, con una sala de música en la que el pianista polaco Boleslau Lazinski (Chris Reynolds) entretiene a los invitados con su interpretación al piano. En el tercer acto, el marco se convierte incluso en un escenario cuando se abre en él un idílico paisaje rural con bosques y arroyos, donde la pareja disfruta de su engañosa felicidad. La transición del marco elevado al escenario normal se realiza mediante palés de muebles estropeados, el único detalle discordante en un conjunto por lo demás elegante. Los trajes historicistas son magníficos, sobre todo en la recepción de Fedora en París. La protagonista luce atractivos vestidos de tafetán y encaje, rojos en el primer acto y negros en el segundo, complementados con un abrigo y una capa de piel.

En el papel protagonista, la lituana Vida Mikneviciuté ha sido todo un acontecimiento. Con su apariencia de fría elegancia, la soprano traduce de forma creíble la transformación de una mujer sedienta de venganza en una mujer enamorada y conmueve profundamente en la escena de su muerte. Tras sus éxitos en el repertorio wagneriano, ahora también ha hecho suyo este papel del verismo italiano, mostrando las ricas facetas de su voz, capaz de alcanzar sin esfuerzo los agudos más expuestos, con explosiones metálicas y brillantes, pero también de suavizarse hasta los tonos líricos más delicados. Por su parte, el tenor Jonathan Tetelman es un atractivo Loris Ipanov, poseedor de una voz de color baritonal de enorme riqueza y potencia. Pese a que resultó algo comedido en la famosa aria «Amor ti vieta», fue creciendo en intensidad hasta alcanzar un énfasis apasionado y un éxtasis vocal en el gran dúo de amor con Fedora al final del segundo acto («Vedi, io piango»). Su voz no destaca por su dulzura y sus matices líricos, sino que las bazas de Tetelman son el volumen y la potencia.
Los papeles secundarios también estuvieron servidos a un alto nivel. La soprano rusa Julia Muzychenko cautivó como la caprichosa Olga con su timbre diáfano y su actuación vivaz, lo mismo que el barítono armenio Navasard Hakobyan como el diplomático de Siriex, de voz rotunda, especialmente en su solo «La donna russa». También hay que mencionar al barítono Artur Garbas como el cochero Cirillo y al bajo Tobias Kehrer como el oficial de policía Gretch en episodios destacados.
En el foso, el director John Fiore supo diferenciar de forma óptima las diferentes atmósferas de cada uno de los actos. El suntuoso melos de la partitura de Giordano se hizo presente ya desde la obertura, y volvió a aparecer repetidamente, sobre todo en los bellos interludios orquestales. En ocasiones, Fiore llevó las dinámicas al límite, pero los protagonistas superaron el reto con maestría.
Bernd Hoppe


